Hijos del Zodiaco

Capítulo XII

Adam Strongwood ♑︎

La mayoría había ocupado los sillones o las sillas alrededor de la mesa. La sala común era demasiado amplia para unos simples apartamentos: el comedor ocupaba el centro y la cocina abierta se extendía a un costado, todavía con los platos y las tazas del desayuno sin recoger. Una barra separaba apenas ambos espacios. Todo estaba dispuesto para que varias personas convivieran sin estorbarse.

Quizá por eso me molestaba.

Todo seguía funcionando como si quienes habían vivido allí fueran a regresar en cualquier momento.

Preferí quedarme de pie, junto a la chimenea. Pensaba mejor así.

Acuario había elegido la ventana, apartado del resto. Corría apenas la cortina con dos dedos mientras observaba el patio central, como si esperara que algo ocurriera.

Todos parecían concentrados en la pelea.

Yo no.

Las peleas eran simples.

La gente se enfadaba. Alguien decía algo estúpido. Otro respondía.

Fin de la historia.

Pero lo que me preocupaba era todo lo demás.

La forma en que nos habían mirado.

La ausencia de miedo.

La seguridad con la que se habían acercado.

Nadie actúa así frente a algo que considera peligroso. Las personas temen aquello que puede destruirlas. Era una regla demasiado simple como para ignorarla.

Sin embargo, desde que pusimos un pie en este lugar, nadie parecía impresionado por nosotros.

Ni la mujer de la tienda.

Ni el alcalde.

Ni aquellos idiotas del café.

Y cuanto más pensaba en ello, menos me gustaba.

Porque si nadie nos temía, entonces alguien más ocupaba el lugar de poder en Exilion.

—Lo mejor que podemos hacer es seguir actuando con normalidad —dijo Escorpio desde uno de los sillones que rodeaban la mesa baja del centro —. Si nos mostramos afectados o a la defensiva, lo van a notar. Y eso nos vuelve predecibles.

¿Predecibles para quién?

Aries soltó una risa breve y dejó caer la espalda contra la silla, que crujió levemente bajo su peso.

—¿Actuar normal? ¿No fue eso lo que hicimos hasta ahora? Porque yo diría que nos está funcionando de maravilla.

—No creo que haya sido casualidad —intervino Piscis—. ¿Cómo sabían que uno de nosotros iba a perder el control?

Varias miradas se volvieron hacia ella.

—Dijeron "así empiezan todos". Como si esto ya hubiera pasado antes. Como si estuvieran esperando exactamente esa reacción.

—Estamos haciendo demasiadas suposiciones —dijo Naomi—. También existe la posibilidad de que solo fueran unos bravucones sin nada mejor que hacer.

Se encogió de hombros.

—No hace falta una conspiración para explicar que alguien sea un imbécil.

—Hablando de conspiraciones... —comenzó Géminis.

—Ahora no, Elio —lo cortó Aron antes de que pudiera continuar.

Géminis arqueó una ceja.

—Ni siquiera sabes lo que iba a decir.

—No es el momento.

Géminis sostuvo su mirada durante unos segundos.

—Qué considerado de tu parte decidir por todos nosotros.

—Y qué irresponsable sería sacar conclusiones sin información suficiente —replicó el virginiano sin alterar el tono.

—A mí me preocupa más por qué actúan como si no fuéramos los buenos —dijo Acuario, pensativo.

Seguía junto a la ventana, apartando apenas la cortina para observar la calle.

—¿Lo somos? —preguntó Géminis, recorriendo la mesa con la mirada, deteniéndose apenas en cada rostro, con ese rastro burlón que nunca abandonaba del todo su expresión.

—Un problema a la vez —dijo Aron con tono tajante.

Esos dos traían algo entre manos.

—Quizá formamos parte del problema —añadió el geminiano tras una breve pausa, dejando que el silencio se asentara entre nosotros—. Porque, si somos sinceros... ¿qué sabemos realmente los unos de los otros? Nuestros perfiles son demasiado impecables para pertenecer a personas reales.

¿A dónde quería llegar con ese comentario?

—Sabemos lo suficiente —dijo Aries, inclinándose hacia adelante y apoyando los antebrazos sobre la mesa—. Después de todo, tenemos el mismo propósito.

Géminis esbozó una media sonrisa, casi amable.

—¿Lo tenemos?

—¿Quieres ir al grano? —protesté, cansado de verlo intentar hacerse el misterioso—. Ya cansa que hables en círculos.

—Nos conocemos desde hace cuánto... ¿un día? —respondió sin perder la calma—. Sería ingenuo pensar que nadie tiene intereses propios en esta expedición. Incluso quienes nos enviaron aquí.

Aron suspiró y se masajeó el puente de la nariz.

Claramente estaba haciendo un esfuerzo por no discutir con él.

—Antes de que intentes sembrar desconfianza en el grupo —dijo el escorpiano en voz baja, clavando los ojos sobre Géminis—, no olvides que estamos en el mismo barco.

—No sé cómo te las arreglas para que todo suene como una amenaza —comentó el geminiano con una sonrisa ladeada.

—Porque lo es.

La sonrisa de Géminis vaciló apenas un segundo.

—Al grano, Elio —insistí.

—Está bien, está bien. Solo digo que quizá deberíamos empezar a preguntarnos por qué terminamos aquí. Pero quizá no todos estén listos para esta conversación.

—Sospechamos que el cierre del portal no fue casualidad —lo interrumpió Aron.

El silencio cayó sobre la sala.

Géminis giró la cabeza hacia él, claramente irritado.

—¿En serio?

El virginiano continuó como si no lo hubiera escuchado.

—Los regentes ya habían decidido enviarnos. Y, por supuesto, no pensaban decírnoslo.

Varias miradas se alzaron de inmediato.

Géminis dejó caer la cabeza contra el respaldo de la silla.

—Gracias por arrancarle todo el dramatismo.

—De nada.

—¿De qué están hablando? —pregunté, rompiendo por fin el silencio que se había instalado alrededor de la mesa.

—Que el cierre del portal pudo no haber sido tan accidental como nos hicieron creer —explicó Géminis ante las expresiones de desconcierto—. Escuchamos a algunos regentes hablando la noche anterior. Y, créanme, algunos parecían encontrar bastante divertida la idea de que este fuera un viaje solo de ida.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.