Hilos de cristal

Parte 1

Episodio 1: El eco de un nombre
Conocí a Sara en la sala de espera de una clínica que olía a desinfectante y a esperanzas muertas. Ella jugueteaba con un hilo suelto de su suéter rojo, mientras yo intentaba recordar si mis manos eran mías o si solo eran guantes de piel rellenos de aire. Me miró y sonrió, una sonrisa que no encajaba en un lugar tan gris. Me dijo su nombre y por un segundo, mi despersonalización se detuvo; me sentí sólido. El problema es que Sara no buscaba a un chico, buscaba un ancla en medio de su tormenta, y yo ni siquiera podía sentir el suelo bajo mis pies.
Episodio 2: La primera grieta
Nuestra primera cita fue en un parque abandonado. Ella hablaba de un futuro juntos, de casas con jardines y mañanas sin pastillas. Mientras ella planeaba, yo veía cómo los árboles se distorsionaban, volviéndose figuras delgadas que nos vigilaban. Intenté tomar su mano, pero sentí que tocaba estática, una interferencia eléctrica que me dio escalofríos. "¿Estás bien, Mateo?", preguntó ella. Quise decirle que no estaba ahí realmente, que era un fantasma intentando amar a una persona viva, pero solo pude asentir. Ella me abrazó tan fuerte que por un momento temí que me rompiera, o peor, que se fundiera conmigo.
Episodio 3: La sombra compartida
Algo aterrador ocurrió anoche. Estábamos en su habitación y Sara empezó a describir a la "mujer de negro" que la acecha en sus pesadillas. Al segundo siguiente, yo la vi. Estaba en el rincón de su cuarto, alta y sin rostro. Mi enfermedad suele ser solitaria, pero ahora mis delirios estaban alimentando los suyos. El terror psicológico no es ver un monstruo, es darte cuenta de que la persona que amas está empezando a ver la misma oscuridad que tú. Nos tomamos de la mano, temblando, dándonos cuenta de que nuestra unión no nos estaba curando, nos estaba hundiendo en el mismo pozo.
Episodio 4: El peso de la salvación
Sara dejó de ir a terapia. Dice que solo yo la entiendo, que mi presencia es su única medicina. Esa responsabilidad se siente como si me pusieran piedras en los pulmones. Cada vez que ella llora, mi mente se desconecta más del mundo real para evitar el dolor; me vuelvo un maniquí de plástico que solo sabe decir "todo estará bien". Ella se aferra a mi brazo con las uñas, dejando marcas reales, pero yo solo siento que está arañando un traje vacío. Estamos atrapados: ella me necesita para estar cuerda, y su necesidad es lo que me está volviendo loco.
Episodio 5: La realidad de cristal
Hoy intentamos hablar de separarnos por un tiempo, por salud. Sara se rompió. No fue un llanto normal, fue un ataque de pánico que hizo que las paredes de mi apartamento empezaran a sangrar tinta negra. Me gritó que si me iba, ella dejaría de existir, y lo peor es que le creí. Miré el espejo del pasillo y vi nuestras siluetas mezcladas en una sola mancha deforme. No somos dos personas amándose; somos dos naufragos ahogándose mientras intentan usar al otro como flotador. La cruda realidad nos golpeó en ese silencio: estamos condenados a destruirnos porque nuestro amor depende de nuestras heridas.




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