Episodio 6: La casa que se encoge
El apartamento de Sara ha empezado a cambiar. Cada vez que discutimos por sus celos o por mi falta de presencia, el pasillo se hace un poco más estrecho. Hoy tuve que caminar de lado para llegar a la cocina. Ella no parece notarlo; está demasiado ocupada revisando mi teléfono con ojos inyectados en sangre. "¿Con quién hablas cuando no estás conmigo?", pregunta, mientras el techo desciende unos centímetros más. El amor de Sara me está asfixiando, literalmente. Siento que si nos quedamos aquí una noche más, las paredes nos aplastarán hasta que no quede aire entre nosotros.
Episodio 7: El eco de los traumas
Anoche, mientras Sara dormía, escuché a su padre gritar. El problema es que su padre murió hace cinco años. El sonido no venía del exterior, venía de la propia garganta de Sara, aunque sus labios no se movían. Mis problemas de despersonalización están alcanzando un nivel crítico: ahora puedo "ver" los recuerdos traumáticos de ella flotando en la habitación como proyecciones de cine desgarradas. Vi el momento en que la abandonaron, vi su miedo a la soledad. Es insoportable. Amar a alguien no debería significar heredar sus fantasmas, pero mis manos están empezando a oler al mismo miedo que ella transpira.
Episodio 8: El juego de las máscaras
Fuimos a una cena con mis padres. Fue un desastre silencioso. Para ellos, éramos una pareja normal comiendo pasta, pero bajo la mesa, Sara me clavaba los dedos en la rodilla cada vez que yo miraba hacia otro lado. En mi mente, los rostros de mis padres se borraron, convirtiéndose en superficies lisas de mármol. No podía escuchar lo que decían, solo oía el latido acelerado del corazón de Sara. Ella sonreía a la cámara mientras me susurraba al oído: "Si los miras a ellos, significa que ya no me amas". La realidad se fragmentó; el restaurante desapareció y por un segundo solo estuvimos ella y yo en un vacío blanco, unidos por una cadena de carne.
Episodio 9: La náusea de la verdad
Me encerré en el baño para escapar de su mirada. Al mirarme en el espejo, no vi mi cara, vi la de ella. Mi identidad se está disolviendo en la suya. La cruda realidad es que Sara no me ama a mí, ama la idea de alguien que nunca la deje, y yo me estoy convirtiendo en ese "alguien" a costa de borrarme a mí mismo. Vomité, pero lo que salió de mi boca no fue comida, fueron pedazos de papel con poemas que ella me había escrito. Estamos tan enfermos que nuestras funciones biológicas se están mezclando con nuestras obsesiones.
Episodio 10: El pacto del abismo
Sara me encontró en el suelo del baño. No se asustó. Se sentó a mi lado y me rodeó con sus brazos, un gesto que debería ser tierno pero que se sintió como una soga apretándose. "Ya casi estamos listos, Mateo. Ya casi somos uno solo", me dijo. Miré hacia la puerta y vi que ya no había salida; donde antes estaba el marco de la puerta, ahora solo hay una pared de piel que respira. El terror psicológico alcanzó su punto máximo: no podemos estar juntos porque nuestras patologías se alimentan entre sí, pero ahora estamos tan fusionados que separarnos significaría morir desangrados.