Hilos de cristal

Parte 3

Episodio 11: El peso en el vientre

Sara ya no camina, se arrastra por la casa como si cargara un planeta de plomo. Su vientre no es una curva suave; tiene ángulos extraños, y a veces juraría que veo formas geométricas presionando desde adentro contra su piel. Ella ha dejado de hablarme. Ahora solo le susurra a su estómago en un lenguaje que suena a interferencia de radio. Yo me quedo en la esquina de la habitación, sintiendo que mis extremidades se vuelven de cristal. El aire huele a ozono, como si un rayo estuviera a punto de caer dentro de la sala.

Episodio 12: El nido de sombras

Empecé a preparar la habitación del bebé, pero mis manos no obedecen. En lugar de pintar las paredes de azul o blanco, mis dedos empezaron a dibujar espirales negras de forma compulsiva. Sara entró y, en lugar de horrorizarse, empezó a lamer la tinta de las paredes. "Sabe a recuerdos", dijo con los ojos en blanco. La cruda realidad es que no estamos decorando un cuarto, estamos construyendo una celda. Las sombras de la casa se han mudado a esa habitación, esperando pacientemente a que el nuevo huésped llegue para alimentarse de él.

Episodio 13: El tacto de la estática

Anoche intenté abrazar a Sara para sentir al bebé. En cuanto mi mano tocó su piel, una descarga eléctrica me recorrió el brazo, dejándolo entumecido por horas. No fue electricidad normal; fue un choque de irrealidad. Pude ver, por un segundo, el futuro del ser que estaba ahí dentro: lo vi sentado solo en un cuarto, hablando con dibujos de papel. Me aparté horrorizado, pero Sara me tomó del cuello con una fuerza que no era suya. "No lo rechaces, Mateo. Él es lo único que nos mantendrá unidos para siempre".

Episodio 14: La clínica del olvido

El parto no ocurrió en un hospital brillante. Ocurrió en una clínica clandestina de paredes descascaradas, donde el médico tenía las manos temblorosas y no hacía preguntas. Mientras Sara gritaba, las luces del techo estallaban una a una. Yo no podía ayudarla; estaba ocupado intentando no desaparecer, sintiendo cómo mi propio rostro se borraba en el reflejo de las bandejas de metal. El primer llanto del bebé no fue un sonido humano, fue el crujido de un espejo rompiéndose.

Episodio 15: La marca en la cuna

Trajimos al niño a casa, pero la casa lo rechazó de inmediato. Las tuberías empezaron a soltar agua con olor a cloro y las ventanas se empañaron con una neblina que nunca se va. Sara lo mira con una mezcla de adoración y pánico; sabe que ha traído al mundo a alguien que heredó nuestra incapacidad de ver lo que es real. El niño no mira los juguetes, mira fijamente a las esquinas vacías del techo y sonríe. He visto una mancha de tinta negra en la palma de su mano pequeña. Es nuestra marca. Es nuestra condena.




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