Hilos de espinas

Capítulo 6

Habían pasado varios días desde aquel encuentro junto a la valla después del entrenamiento. Días en los que intenté convencerme de que todo estaba bien, de que mi vida seguía su curso normal junto a Caleb. Pero la verdad era que Ethan Blackwell se había colado en mis pensamientos como una sombra que no conseguía sacudirme de encima.

Era miércoles y el comedor estaba lleno como siempre. El aire olía a patatas fritas recalentadas, a salsa de tomate industrial, a hamburguesas grasientas y al leve aroma dulce de los refrescos derramados en las mesas. Las voces rebotaban contra las paredes altas, creando un bullicio constante que normalmente me resultaba reconfortante. Yo estaba sentada en nuestra mesa de siempre, al fondo cerca de las ventanas, con Caleb a mi derecha, su brazo rozando el mío de forma casual y protectora. Lauren y Megan charlaban animadamente al otro lado, Jake y Tyler discutían sobre el último partido de la NBA, y Brandon comía en silencio como siempre.

Al otro lado del comedor, ocupando las mesas grandes junto a las ventanas que daban al campo, estaban los jugadores del equipo de lacrosse al completo con las animadoras. El ambiente allí era más ruidoso, más eléctrico, lleno de risas fuertes y palmadas en la espalda.

Yo pinchaba mi ensalada sin mucho apetito, riendo de algo que acababa de decir Caleb, cuando las puertas del comedor se abrieron de golpe.

Ethan entró.

Y todo el bullicio pareció bajar un tono, como si alguien hubiera bajado el volumen del mundo. Venía con Madison pegada a su costado, el brazo de ella enlazado al de él de esa forma posesiva que ya le conocía. Ethan vestía vaqueros oscuros y una camiseta negra ajustada que marcaba cada línea de su torso atlético. Su pelo rubio trigo estaba revuelto, como si acabara de bajarse de la moto, y sus ojos grises escanearon el comedor con esa arrogancia natural que hacía que la gente se girara.

Saludó con un gesto de cabeza a los del equipo de lacrosse. Algunos levantaron la mano, otros gritaron su nombre. Pero no se detuvo allí.

Siguió caminando directamente hacia nuestra mesa.

Sentí que el corazón se me subía a la garganta. Un calor intenso me subió por el cuello y las mejillas. Mis dedos se apretaron alrededor del tenedor hasta que los nudillos se me pusieron blancos. Cada paso que daba Ethan hacia nosotros parecía ralentizarse, como si el tiempo se estirara. Podía oír el leve sonido de sus zapatillas sobre el suelo linóleo, el tintineo de la cadena que llevaba al cuello, el murmullo bajo de Madison diciendo algo que no llegué a entender. Mi respiración se volvió más superficial. Un cosquilleo nervioso me recorrió la nuca y bajó por la espalda. ¿Por qué venía hacia aquí? ¿Qué quería? El olor de su colonia llegó antes que él: madera oscura, especias y algo peligrosamente masculino que se mezcló con el olor de la comida y me mareó ligeramente.

Me sentía expuesta. Vulnerable. Excitada de una forma que me avergonzaba. El estómago se me contrajo en un nudo apretado y, al mismo tiempo, algo caliente y líquido se extendió por mi vientre. Caleb estaba a mi lado, cálido y seguro, pero en ese momento parecía estar a kilómetros de distancia.

Ethan se detuvo justo frente a nuestra mesa.

-Hayes -saludó a Caleb con esa voz grave y ronca, sin apartar del todo la mirada de mí. Sus ojos grises me miraban de reojo, intensos, estudiándome como si pudiera leer cada pensamiento que cruzaba por mi cabeza.

Caleb respondió algo, una frase casual sobre el entrenamiento o el próximo partido, no lo sé. Sus voces me llegaban distorsionadas, como si estuviera bajo el agua. Solo podía concentrarme en Ethan. En cómo su presencia parecía absorber todo el oxígeno del espacio que nos rodeaba. En cómo su mirada, aunque dirigida parcialmente a Caleb, seguía volviendo a mí una y otra vez, deteniéndose un segundo más de lo necesario en mi rostro, en mi boca, en el escote discreto de mi blusa del uniforme. Sentía las piernas débiles aunque estuviera sentada. El corazón me latía tan fuerte que estaba segura de que todos en la mesa podían oírlo.

Madison se removió incómoda a su lado, claramente molesta por la parada inesperada.

Ethan y Caleb intercambiaron unas cuantas frases más. Yo no escuché ni una palabra. Todo mi mundo se había reducido a esos ojos grises tormentosos y a la forma en que me miraban, como si supiera exactamente el efecto que causaba en mí.

Finalmente, después de lo que me pareció una eternidad, Ethan dio un paso atrás.

-Nos vemos -dijo, y esta vez su mirada se clavó directamente en la mía durante un segundo largo, intenso, antes de girarse.

Se marchó con Madison, que le susurró algo al oído mientras se alejaban. Solo cuando desaparecieron entre las mesas conseguí respirar con normalidad. Solté el aire lentamente, temblando. Tenía las palmas de las manos sudorosas y un nudo en la garganta que no conseguía tragar.

-¿Estás bien? -me preguntó Caleb, preocupado, rozándome el brazo.

-Sí... solo un poco de calor -mentí, forzando una sonrisa.

El resto del almuerzo pasó en una nebulosa. Yo sonreía y asentía, pero mi mente estaba muy lejos.

Esa noche, ya en casa, después de cenar y fingir que todo estaba normal con mis padres y la abuela, me encerré en mi habitación. La luz de la lampara de la mesita era tenue y cálida. Me tumbé en la cama con el teléfono en la mano y, sin poder evitarlo, abrí Instagram. Busqué su perfil. Ethan Blackwell. La cuenta era privada, pero tenía varias publicaciones públicas en highlights y algunas stories recientes.

Empecé a pasar las fotos. Ethan en la moto, Ethan sin camiseta en el lago con los músculos marcados y el agua brillando en su piel, Ethan con mirada seria mirando a la cámara. Cada imagen me aceleraba más el pulso.

Sin darme cuenta, mientras ampliaba una foto donde salía mirando directamente a la cámara con esa intensidad suya, mi dedo resbaló y le di "me gusta".

-¡Mierda! -susurré, quitándolo inmediatamente con el corazón en la boca.




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