Hilos Rotos

Informe 02: Intervención no autorizada

El día amaneció con una claridad casi insultante, el cielo limpio con una brisa ligera. Era el tipo de mañana que los noticieros describen como perfecta para creer en algo.

La plaza central estaba acordonada desde temprano con pantallas gigantes que flotaban sobre estructuras metálicas, las cámaras giraban como insectos atentos sobre la multitud que se agrupaba detrás de vallas con banderas, carteles y camisetas con el símbolo plateado de Moonlight.

En lo alto del edificio frente al escenario principal, una figura naranja observaba.

Hinata estaba sentado en el borde, con una pierna colgando y la otra flexionada. El viento jugaba con su cabello mientras a su lado, un pequeño dispositivo parpadeaba en azul.

Abajo, sobre la tarima blanca impecable, Moonlight levantó la mano.

Los plausos no tardaron en resonar por todo el lugar

La capa clara cayó perfecta sobre sus hombros causando un contraste perfecto con su traje azul marino e incluso la luz del sol parecía diseñada para él.

—Hoy quiero hablarles —empezó, con esa voz entrenada para atravesar multitudes— sobre igualdad y sobre las oportunidades reales para todos los dones…

En un edificio lateral, tres pisos más abajo, Atsumu sonrió frente a una pantalla llena de códigos corriendo.

—Ahora —murmuró.

El mundo parpadeó.

Las pantallas gigantes chisporrotearon como si la señal hubiera tosido, la imagen de la sonrisa perfecta de Moonlight se congeló, hasta que desapareció.

En su lugar apareció un archivo.

Un expediente.
Nombre: Tadashi yamaguchi
Don: Voz animal
Es capaz de comunicarse con los animales
Estado: Rechazado.

Luego apareció otro y otro.

Videos cortos comenzaron a reproducirse, algunas entrevistas truncadas con los evaluadores hablando entre ellos creyendo que nadie grababa.

—No es rentable.
—No es práctico.
—No encaja con la imagen que buscamos.

Un murmullo recorrió la plaza como una ola que empieza suave y termina rompiendo.

Moonlight giró apenas el rostro hacia una de las pantallas laterales. La confusión cruzó su expresión durante una fracción de segundo antes de que su disciplina la ocultara pero no pudo ocultar el silencio.

El discurso murió en su garganta mientras a su alrededor varios agentes vestidos de negro buscaban la forma de detener las imágenes.

En el techo, Hinata activó su comunicador.

—Mantengan la transmisión —ordenó, tranquilo.

La siguiente imagen no fue un expediente fue el vídeo de una sala pequeña.

Un joven de cabello naranja hablando frente a cinco personas.

—No eres débil —decía en la grabación—. Eres incómodo para ellos.

La multitud comenzó a reconocerlo.

Los Susurros se hicieron menos disimulados, algunos señalaban el vídeo.

—Es él.
—El de las charlas clandestinas.
—El que llaman…SunGod

Moonlight alzó la vista Solo para verlo sentado en el borde del edificio, recortado contra el cielo.

Hinata no estaba oculto, tampoco es como si lo intentará porque no estaba huyendo.

Solo estaba esperando.

Durante unos segundos que se estiraron como hilos tensos, el ruido de la plaza pareció desvanecerse.

Sus miradas se encontraron.

En los ojos de Hinata había algo peligroso pero no era odio ni de cerca.

Era diversión contenida como una chispa brillante, como si estuviera disfrutando desmontar pieza por pieza el escenario.

En los ojos de Tobio había rabia y tal vez algo más.
Culpa, tal vez.

El recuerdo le golpeó sin permiso, una calle universitaria, varios libros esparcidos y un consejo dicho con franqueza automática.

Si no te aceptaron antes, no lo harán ahora.

Tobio apretó la mandíbula.

Siempre había creído que esa conversación fue irrelevante, un encuentro menor en un día cualquiera pero cuando, unos meses después, Hinata desapareció de los intentos de admisión… cuando su nombre comenzó a circular en foros clandestinos… cuando los sabotajes iniciaron con precisión…

La memoria volvió junto con la culpa,tal vez si le hubiera dicho otra cosa, tal vez si hubiera insistido en probarlo.
Tal vez si, en lugar de aconsejarle que se rindiera, le hubiera ofrecido entrenar juntos.

La pantalla mostró otro video.

Hinata flotando con un control perfecto, alterando la trayectoria de escombros durante una evacuación no autorizada logrando salvar a civiles antes de que llegaran los héroes oficiales.

La multitud ya no murmuraba, todos observaban.

Tobio volvió a alzar la vista hacia el techo.

Hinata inclinó ligeramente la cabeza.

Un gesto casi amable.

Casi.

Luego se puso de pie.

El aire a su alrededor pareció tensarse cuando activó su don, no flotó de inmediato más bien caminó un paso más hacia el borde.

El viento levantó polvo del concreto.

Tobio dio un paso al frente del escenario, olvidando por un instante las cámaras.

—Hinata —murmuró, aunque nadie más pudo escucharlo.

El nombre se sintió distinto en su boca con una pesades que no sabía de dónde provenía, era algo más humano que el título que los medios le habían dado.

Hinata sonrió.

Y entonces se dejó caer.

La multitud gritó pero no cayó.

El mundo pareció inclinarse bajo sus pies mientras la gravedad obedecía su voluntad. Descendió con control absoluto, flotando en un arco amplio que lo llevó a aterrizar sobre una estructura metálica frente a la plaza.

No planeaba huir solo se estaba presentando.

Las pantallas mostraron su rostro en primer plano.

Sin máscara.

Sin sombra.

Solo él.

—Buenos días —dijo, su voz amplificada por el sistema que Atsumu había secuestrado.

Silencio absoluto.

—Mientras les hablan de igualdad, estas son las cifras que no ven.

Más datos aparecieron.

Más grabaciones.

Tobio lo miraba sin apartar la vista.

Con rabia contenida pero también algo que le apretaba el pecho porque no podía negar que algunas imágenes eran reales.




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