XARA
Los radicales me atraparon. Me quitaron la bolsa negra de tela sobre mi cabeza cuando me llevaron en lo que estaba segura era su campamento.
Mi vista tardó un poco en ajustarse, en pocos segundos identifiqué mi entorno: una gran mesa de metal, varias sillas alrededor, una tienda de campaña sobre mi cabeza y yo en el suelo con las manos atadas a mi espalda.
Frente a mí estaban los tres radicales que me habían atrapado. Se jactaban que esa cacería que acababan de hacer había sido más emocionante que cazar a un Zaragaz.
Apreté mis dientes con fuerza y sentí la sangre brotar en mi boca, se estaban refiriendo a mí como un animal. Para mí ellos eran las bestias.
Se quitaron las máscaras e intenté reconocer alguna cara conocida, ¿estaba preparada para ver algún compañero de trabajo entre ellos? No lo sabía, y nunca lo sabría porque jamás había visto esos hombres en mi vida.
⎯¿Cuándo llega Rick? Quiero mostrarle a la presa que cenaremos más tarde ⎯dijo el hombre de barba, los otros se rieron incómodos.
⎯Cuando termine lo que está haciendo en el otro campamento vendrá para acá enseguida⎯ dijo el de ojos azules.
El tercero que finalmente identifiqué era menor, agregó:
⎯Shhh. Es auditiva tengan cuidado con lo que dicen.
El radical de barba espesa, se agachó frente a mí.
⎯Tienes razón. Pero no debe ser de un nivel muy alto, ya que no nos escuchó llegar.
⎯Coloquémosle los aislantes de ruido ⎯dijo el segundo⎯. Con ellos puesto no nos escuchará nada.
Me colocaron entonces los aislantes portátiles. Los vi hablar entre ellos riendo de vez en cuando burlándose de mí. Más pronto que tarde se cansaron de no observar alguna respuesta enervante de mi parte y me dejaron sola en la tienda.
Todo lo que habían hecho estaba bien, como estaban cerca de la Rama Gubernamental del Ruido, asumieron que yo era auditiva. Era difícil, no podía negarlo, pero si me esforzaba tal como lo había practicado en el bosque, podía exponenciar mi audición superando las capas aislantes del equipo en las orejas, por lo que lograba captar retazos de sus conversaciones fuera de la tienda.
⎯¿Qué tan efectivo hemos sido?
La voz que habló era la del barbudo, el pequeño le respondió:
⎯Hombre, habíamos creído que lo suficiente, pero no hemos visto transporte ir ni venir. ¿A estas alturas no deberían estar llegando la ayuda exterior o ellos intentando regresar a la ciudad?
⎯No, a menos que sepan que la ciudad fue atacada, entonces evitarían ir hacia allá ⎯respondió el de barba.
Desde donde estaba ahogué un grito. Esos tres radicales habían confirmado mi mayor temor. La ciudad sí había sido atacada.
⎯Si los auditivos no regresan ¿entonces qué haremos? ⎯preguntó el más joven.
⎯Seguir con el plan ⎯respondió el de ojos claros.
Los tres hombres se alejaron de la tienda. Al final escuché murmullos ininteligibles hasta que, debido al cansancio, me quedé dormida.
Desperté sobresaltada. Uno de los radicales estaba agachado a mi lado, tomaba mi hombro y me decía:
⎯Calma, calma. Te traje agua.
Lo miré entrecerrando los ojos alternando la mirada entre el vaso que estaba frente a mí y su cara.
⎯No hay nada sospechoso en ella. El viejo es gustativo, no nos atreveríamos a traer algún veneno en caso de errores.
Había confirmado una fatal información, distintas facciones de radicales sensitivos estaban trabajando juntos, no se trataba solamente radicales auditivos queriendo evitar una alianza entre los gobiernos.
Con muchas dudas me acerqué al pitillo que había dispuesto en dirección a mi boca y di un pequeño sorbo. Mi acto de confianza le había agradado y estaba sonriendo. Esquivé su mirada y miré el suelo.
Masaje de mis muñecas heridas detrás de mi espalda, las esposas me estaban lastimando. Mi movimiento hizo un ruido metálico que llamó la atención del radical que estaba frente a mí.
⎯Oh, lo lamento por eso. Estoy a punto de convencerlos de que podemos quitarte las esposas, después de todo, eres una simple mujer. Sé paciente. ⎯Acto seguido el más joven de los radicales me dejó sola otra vez.
Me sorprendí cuando me di cuenta que los equipos que me había dado Wallace seguían conmigo. El spray anulador de olores aún lo sentía pesado en el bolsillo de mi vestido, al igual que el paralizante de los vistativos, y las capsulas contra los gustativos.
Si era paciente y actuaba inteligente, podría salir de aquel embrollo en el que estaba. Ya había determinado que uno de ellos era gustativo, sabía a ciencia cierta que los otros dos no eran auditivos, solo me faltaba identificar a qué facción pertenecían.
Poco después, entró otra vez el radical más joven con un plato humeante en mano. Se agachó a mi lado e hizo ademán de intentar alimentarme. Me negué rotundamente y dije:
⎯¿Tienes algún fetiche con alimentar o dar de beber a una mujer esposada?
Mi pregunta lo había dejado inmóvil, vi como la sangre se había escapado de su rostro, ¿quizás había sido demasiado frontal? Temía que ese pequeño tonto me dejara y no volviera, los otros dos radicales ciertamente se veían más peligrosos. El joven se rascó la cabeza y sonrío nerviosamente.
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Editado: 04.03.2026