XARA
De forma inmediata el cuerpo me comenzó a fallar. Mis piernas perdieron completamente la energía a la vez que el temblaba como si estuviera desnuda en el invierno. El mundo comenzó a dar vueltas, la respiración se me entrecortó y las lágrimas no dejaban de salir. Nick había muerto.
Ana entendió de inmediato mi reacción. Yo me abalancé sobre el cuerpo de mi primo llorando desconsoladamente. Estaba frío.
¿Que se supone le iba a decir a Kyara? ¿Cómo le iba a decir a Kyara? Los recuerdos de ellos dos juntos me atacaban como una avalancha. El día que se conocieron, su boda, el anuncio de su embarazo… el niño que no conocería a su padre.
Llegué tarde. Ese era mi único pensamiento. Imaginaba que Nick había sobrevivido a las primeras explosiones y su muerte se debía a algún accidente posterior. Un evento que yo pude haber evitado si hubiese llegado a tiempo.
Por largos minutos lloré. Ana me dejó ser, me dejó sentir. No pude explicarle que Nick no era mi pareja, sino mi primo y el esposo de mi mejor amiga. Neira también le dejo estar.
Los paramédicos se dirigían cargando cuerpos inertes esquivándome. Ofreciendo ellos también largos minutos de silencio en honor a los fallecidos.
De un momento a otro, Neira se me acercó y me pidió con una ternura que me provocó más dolor que me alejara del lugar. Yo estaba agitando a las demás personas, a los que estaban sanos, heridos y a los que habían perdido a alguien.
Yo estaba provocándoles angustia. Inevitablemente estaban viendo el cuerpo sin vida que abrazaba y fijándose en los otros cuerpos detrás de la lona negra. Si los motivaba suficiente, las personas podrían acercarse para intentar buscar a sus seres queridos, cuando aún la ciudad no era segura. Cuando aún había mucho trabajo en las manos.
Los paramédicos de reconocimiento estaban haciendo su trabajo. La paciencia era una necesidad que yo no podía romper en ese momento. La parte científica y lógica en mí me recordaba los protocolos.
Le di a Nick un último abrazo por Kyara y su bebé. Con mucha, demasiada, reticencia me alejé de él.
Miré la cantidad de cuerpos que comenzaban a acumularse en el área destinada para los fallecidos. Todos ellos eran alguien importante, irremplazable para alguien, todos ellos era un “Nick” para un ser querido… para un ser…
Tenía un ataque de pánico. ¿Y si Allan estaba entre esos cuerpos? El corazón golpeó mi esternón dolorosamente desde el interior.
No. Me negaba. Ni si quiera iba a acercarme a los cuerpos para revisar cada uno de ellos. Corrí lejos antes que pudieran detenerme. Me dirigí a mi completo de departamentos.
Los paramédicos me gritaron desde la distancia. Intentaron detenerme.
La ciudad parecía unas cordilleras de montañas rocosas. Las estructuras de los edificios derrumbados crearon colinas que tenía que subir y luego bajar. Algunas señalizaciones se alzaban entre los escombros, gracias a ellos logré orientarme.
Debido a que muchos edificios tenían pisos subterráneos, había grandes depreciaciones en varios puntos de la ciudad. Muchos edificios se hundieron hasta 5 pisos bajo tierra. Mi determinación flanqueaba cuando veía eso.
Las personas gritaban desconsoladas mientras sus manos sangraban cuando intentaban quitar los escombros. ¿Cómo quitabas escombros de 16 pisos? ¿Cómo…?
Pese a la desesperanza, mi corazón se llenaba de alivio cuando veía a los intercambistas. Un gustativo ayudando a un vistativo que había perdido sus lentes a encontrar la salida de aquella destrucción. Un olfativo ayudando a limpiar la piel de un táctico. Un vistativo aplicando un gel tranquilizante para un gustativo.
Los intercambistas habían prestado sus servicios cuando la ciudad se encontraba en perfectas condiciones, un intercambio mercantil inusual pero necesario para los Sensitivos. Ahora no había intercambio mercantil, sino, apoyo desinteresado. ¿Tal vez Allan había recibido esa ayuda?
Me faltaba poco. Logré ver el anuncio de la tienda a granel donde Allan y yo solíamos comprar nuestros alimentos. Si no hubiera escombros hubiese llegado hace minutos. Estaba subiendo una colina, la más grande que había visto en mi pequeño recorrido en la ciudad.
La ansiedad me traicionaba, resbale un par de veces. El sonido de mi corazón ocupó todo mi sentido. Protegida con los audífonos que me había dado el cuerpo de rescate lo único que podía escuchar era mi respiración.
Llegué a la cima. Desearía nunca haber llegado a la cima.
Un gran cráter se encontraba en mi complejo de departamentos. Una depreciación descomunal que no podía ser accidental. Yo era la asistente de Wallace. ¿Era posible que hubiesen puesto más explosivos donde yo vivía?
Bajé al cráter. Caí y me golpeé. Me levanté. Me pare en medio del cráter. Escombros por doquier. Escombros de mi corazón y de sueños que no llegue a materializar porque creí que tenía tiempo.
Me quité los audífonos. Mi sentido estaba regresando habiendo reconocido que yo estaba en alerta y necesitaba mis oídos
Los ecos de gritos y llanto llegaron enseguida. Así como el crepitar de las llamas y el crujir de cimientos debilitándose minuto a minuto. El agua correr de tuberías rotas.
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Editado: 04.03.2026