Hiperestesia

CAPÍTULO 14

WALLACE

Los trabajadores de la RG.R. estamos hacinados en las instalaciones de seguridad. Una vez que el personal médico pudo estabilizar los casos de mayor gravedad, me he podido concentrar en identificar posibles radicales en las inmediaciones.

Lamentablemente, no puedo distinguir ruidos naturales de infiltrados. Los radicales han puesto bocinas que emulan los sonidos del bosque, eso tiene mi sentido confundido. Narcila me ha aconsejado tomar un descanso, entre ella y el personal de seguridad aseguran poder mantener en orden el lugar.

Le he prestado atención y al mismo tiempo no. Estoy acostado en una camisa con unos auriculares de gel, mientras mantengo un oído en el exterior. No puedo imaginar como estará Xara en el viaje que ha emprendido. Debí detenerla.

Afuera todo parece seguir igual. Los drones siguen encontrando y destruyendo cámaras espías, pero no cuentan con la capacidad para neutralizar las bocinas. Estoy a punto de salir yo mismo para destruirlas, me están volviendo loco.

Lo que más me frustra es la interferencia que producen las bocinas a mi sentido. Esos gruñidos y chillidos son molestos, estúpidos y… ¿Qué es eso?

Me levanto y voy directo a la sala de seguridad central.

—Estatus —exijo.

El personal que estaba atento a las pantallas se estremecieron por mi interrupción. el jefe de seguridad me asegura que continúan las labores de vigilancia, creen que hay radicales perfectamente escondidos, otros radicales auditivos, los únicos capaces de no hacer ningún tipo de ruido a la espera que salgamos de nuestro escondite.

—¿Nada más? ¿Seguro? —manipulo un dron. Estoy seguro que escuché algo distinto. Un radical tiene que haber perdido la paciencia y se está acercando a las R.G.R.

Luego de un minuto, lo consigo. La mancha térmica de un cuerpo corriendo por el bosque en dirección a las instalaciones. Estoy enfurecido, no podía creer tal desfachatez ¿A quien se le ocurre tal acercamiento frontal, delatando la posición? A nadie que tuviese entrenamiento militar… Esa persona no era un radical.

—¿Xara? —Corrí a la salida, forcé con mi código de autorización la apertura de la puerta de seguridad.

A mi espalda, el personal corría intentando atraparme, con una mirada severa les dije que se prepararan para el rescate.

Salimos en formación, los guardias de mayor alcance auditivo con auriculares especiales de protección y atención, otro invento que había hecho exclusivamente para el lugar donde trabajaba. Con seguridad esos auriculares acortarían el tiempo de su vida de su sentido, pero todos y cada uno de ellos aceptaron las consecuencias.

Nos montamos en los vehículos ligeros todo terreno. Tenía que llegar a la R.G.R antes que algún radical se topara con Xara. Algo había sucedido y la habían hecho regresar, esperaba que se encontra bien.

Zara llegó antes que yo. La escuché cuando sus pies pasaron la grava del estacionamiento. Parecía nerviosa, con un caminar tenso, lo cual era raro. Xara sabía que todo el personal había abandonado la central del ruido, pero al mismo tiempo, no tenía sentido que un radical se dirigirse a las instalaciones.

—Rápido. Estén atentos. Hay un civil —dije con convicción pero tenía demasiadas dudas—. En las instalaciones, debemos asegurar su resguardo.

Quería creer que era Xara, hasta que escuché decenas de pasos dirigirse a dónde estaba ella. Los radicales comenzaron a movilizarse.

—¡Rápido!

Estaban peleando. “Xara” gritó y se lanzó contra un radical. ¿Pero por qué grito? ¿No tenía el silbato? ¿Había perdido los equipos que le dí?

Faltaba poco para que llegara al R.G.R. Los guardias hablaban por los intercomunicadores, se desplegaron en la formación “C”; con el encuentro en las instalaciones, muchos radicales habían delatado su posición, los drones los identificaban y el resto de guardias se movían a los puntos para atraparlos.

El perímetro de seguridad que me resguardaba, disparaba dardos tranquilizantes a los radicales.

Los ví, a los que luchaban ennfrente de la R.G.R. cuarto radicales contra un civil.

El hombre civil no tenía entrenamiento militar, contaba con una determinación que encontraba las fallas en la formación de los radicales y las debilidades de sus sentidos. Tenía los brazos cubiertosny el cuello también. El civil no era auditivo… era tactivo.

Los guardias sometieron a los radicales. Yo me pare frente al civil. Él me miró con desconfianza, y luego se le iluminó el semblante.

—¿Wallace? ¿Dónde está Xara?

Sentí un golpe directo a mi mente. ¿Quien era ese hombre que me conocía y a Xara? ¿Por qué llegó a la R.G.R?




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