Historia #1: Estrellas

2 Implosión

PARTE 2: Implosión.
Se cree que los primeros casos aparecieron a principios de la pasada década. Los científicos creen que se debe a que finalmente la humanidad había empezado un nuevo ciclo de evolución.
Otros grupos creen que es un regalo divino, pero la verdad es que nadie está seguro de cuál fue el gatillo que hizo que aparecieran.
Lo que pueden asegurar es que no son para siempre, ni aparecen en todas las personas. De un millón de personas, tal vez una nazca con un talento o la posibilidad de desarrollar uno, todo depende.
¿Depende de qué?
De cuánto de su potencial cerebral puedan usar.
Se cree que el ser humano solo usa el veinte por ciento del total de su cerebro, pero este pequeño porcentaje de personas no está limitado a eso, y es por esa razón que manifiestan estos "talentos‟.
Pueden aparecer a cualquier edad, pero al llegar a los veinte años estos "talentos‟ desaparecen.
Pero eso no quiere decir que su capacidad cerebral vaya a bajar, al menos logran conservar eso.
Todo este tema causó un gran revuelto en la sociedad, las pocas personas con estas cualidades eran internadas y se hacían investigaciones con sus cuerpos.
Muertos, todos muertos.
Los primeros cinco años fueron un infierno para estas personas, eran perseguidos, secuestrados, vendidos y paremos de contar todas las atrocidades a las que fueron sometidos.
Después de eso se logró que encajaran en la sociedad, o más que encajarlos a ellos, hacer que la sociedad pensara que aquello era normal. Se les prestaba ayuda y trabajo a estas personas de acuerdo a la utilidad de su talento.
Como ese joven que está pegado a las ventanas de un rascacielos para limpiarlas, no necesita arnés de seguridad ni mucho más, su talento era poder adherirse a cualquier superficie.
Como Spider-Man, pero sin telarañas ni un traje ajustado.
Algo simple.
Pero no todos se prestaban para ese juego.
Básicamente porque todos los adolescentes pasan por una fase de narcisismo y egocentrismo alguna vez en sus vidas, creen que el mundo gira a su alrededor.
Gente problema. Se creen especiales y miran a las demás personas como seres inferiores.
Creen que van a cambiar al mundo con sus talentos únicos.
Usando sus habilidades para cometer crímenes.
Para evitar esto, o más bien, para prevenirlo, se construyeron en todas las ciudades un edificio de cierta empresa que se dedicaba a eliminar los talentos o a prevenir que se desarrollaran.
Habían casos en que las personas solo querían identificar su talento, posiblemente para saber si era algo útil o no. Ellos también ayudaban con eso.
Al ser una empresa del gobierno en un país tan aislado como este, se puede presumir que tal vez son los únicos en el mundo que pueden tratar ese tema y por ende era un secreto para el resto del planeta el cómo eran capaces de lograr tal hazaña.
Un secreto incluso para los locales.
Por cierto, en la ciudad en la que estoy, la sede de esa empresa estaba justo al dar la vuelta de mi apartamento.
La empresa se llama Casiopea.
La gente en este país tiene un serio problema nombrando todas las cosas con relación al espacio.
Aun así creo que es un lugar muy seguro, quiero decir, hay cámaras en todos los cruces, avenidas, pasos peatonales, edificios.
No podías hacer nada de lo que ellos no se enteraran, es por eso que este país era tan seguro.
Vigilancia extrema las veinticuatro horas del día.
Así eran las cosas.
Habiendo explicado todo esto, ahora podemos pasar a explicar mi caso en particular.
Hasta donde sé, nadie ha identificado cuál es mi "talento‟ y solo yo sé que puedo hacer.
Conozco mis límites.
Aunque más que un talento, es un dolor de cabeza—literalmente.
Cada vez que uso este "talento", dependiendo del caso, puede ser un ligero dolor de cabeza, uno bastante molesto, o al punto de causar una hemorragia nasal, incluso aún peor.
Lo que puedo hacer es desintegrar todo lo que toco a nivel molecular de adentro hacia afuera y luego puedo volver hacer que aparezca en un rango de treinta segundos.
Eso me incluye a mí.
Desde un punto de vista externo, puede parecer muy conveniente desaparecer y aparecer en otro sitio a voluntad propia.
Pero no es conveniente, por lo menos no para mí, porque al desintegrarme de esa forma de adentro hacia afuera es como si literalmente explotara, mis huesos se pulverizan hasta el polvo, luego mis músculos, tejidos y órganos, hasta que ya no queda nada.
Hasta desaparecer.
Un dolor indescriptible, de principio a fin.
Se podría decir que en ese momento en el que dejo de existir también estoy muerto.
¿Bastante loco, eh?
En el momento en que aprieto el gatillo, el cual es mi voluntad, digamos, ir de este lugar a este otro, debe ser un lugar que yo conozca, y al parecer esa voluntad permanece aún después de que dejo de existir para llevar a cabo su propósito de moverme de lugar.
Ahí es cuando empiezo a reaparecer, o más bien, a ensamblarme. Ni siquiera sé cómo llamarlo.
Usemos una analogía, si una explosión es una reacción que se expande hacia afuera, entonces en el momento en que llego a mi destino, sucede lo contrario, a la inversa, una implosión.
Y aun así el dolor permanece por unos minutos, un dolor como si te hubiese atropellado un camión a alta velocidad y luego de caer al suelo, los demás carros siguieran pasándote por encima.
Muy bonito todo.
Así es como pude escaparme de la librería y moverme a otro lugar.
A mi apartamento. Mi morada.
Tan pronto como aparecí allí, me desplomé en el suelo como un árbol. No sería raro si los vecinos del piso de abajo vinieran a ver qué pasó.
Mala mía vecinos.
Pasaron unos diez minutos hasta que el dolor finalmente se detuvo y pude ponerme de pie para ver que en donde había puesto la cara habían gotas de sangre.
Qué bien que no tengo alfombras. Un coletazo y listo. Como nuevo, reluciente.
Fui al baño y en el espejo puede ver que mi rostro estaba ensangrentado, llamarlo una hemorragia ahora me parecía un término muy bonito, aquello parecía más bien un derrame.
Incluso mis ojos y orejas habían sangrado.
Bastante desagradable.
Luego de lavarme, regresé a mi habitación. Una habitación modesta, A la derecha, una litera (aunque vivo solo), a la izquierda un escritorio para estudiar, en el centro algunos sillones pequeños y en la pared del fondo un televisor.
Modesto.
Ahora que mi escape había sido un éxito, podía relajarme—o tal vez no.
Ella sabía mi nombre y supuestamente mis intenciones al venir a este país.
Cosas que ni siquiera yo sé, o que sí sé pero no recuerdo.
Pensar en eso solo me iba a poner inquieto.
A lo hecho pecho.
Ahora solo quería acostarme y descansar un rato. Luego me levantaría y pondría en el microondas un envase de fideos instantáneos para la cena para finalmente dorm—
¡Toc Toc Toc!
Alguien empezó a tocar a mi puerta.
¿Quién osa interrumpir mis pensamientos improductivos para planear mi futuro inmediato?
Lo única posibilidad que se me ocurre justo ahora es que han venido a cobrar por adelantado la renta, me han venido a echar del apartamento o se han equivocado de puerta.
No es que tengan motivos para echarme, siempre pago puntual, no hago ruido y no molesto a los vecinos.
Soy un ciudadano ejemplar, sí señor.
¡Toc Toc Toc!

No me sienta bien hacer que la otra persona siga de pie tocando la puerta…
Aunque no tenga problema en que otros vayan de pie en el metro…
Me dirigí a la puerta y luego de girar el pomo y abrir—
Hey, Whats’up homie.
¡Slam!
Cerré la puerta con tanta fuerza que incluso empiezo a cuestionar si en realidad me importaba la paz de mis vecinos.
Cerré la puerta tan pronto escuché esas palabras y vi quien estaba del otro lado de la puerta.
¿Quién saluda de esa forma a un extraño en todo caso?
Era ella.
La del metro, la que cruzó la esquina cuando estaba en la cafetería, la que me siguió hasta la librería.
Ella.
Nombre (sin confirmar): Rigel. 18 años. Tomboy.
¿¿¿¡¡Cómo demonios supo donde vivo!!???




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