Parte 7:
Sábado.
Finalmente de camino a mi departamento después de estar en el hospital durante una semana.
Lo único que quería era llegar y meterme a la bañera hasta perder la noción del tiempo, pero lamentablemente no iba a ser posible ya que había alguien esperándome en el departamento para sostener una charla sobre algo importante bajo la excusa de una celebración.
Y así llegue a la puerta del lugar en cuestión y luego de abrirla vi que efectivamente ya estaban allí mi compañera de cuarto(?) Rigel, y el jefe de la pastelería.
"¡Nolan!" Rigel se levató del sofá y corrió hasta donde yo estaba en lo que parecía la dispocisión de darme un brazo hasta que por algún motivo se frenó muy cerca y levantó su mano derecha.
Tardé un poco en entender qué era aquello, pero rápidamente caí en cuenta, o más bien esperaba que fuese lo que yo creía que era.
Imitando su moviento, terminamos chocando las manos y cerramos con un puño, o en términos que usaría Rigel, un brofist.
Luego de eso, llevó sus brazos detrás de su espalda.
"Bienvenido," dijo ella con una sonrisa a la cual yo tambien respondí con una.
Esa frase junto a su sonrisa honesta provocaron que mi corazón se saltase un latido y que por algún motivo me sintiese feliz de que alguien me recibiera por primera vez de esa manera.
"Me alegra que estés de vuelta Nolan, me alegra que pronto estarás de vuelta en el trabajo diligentemente ayudando a aumentar mis arcas y poniendo en marcha la economia de esta prefectura."
Mis pensamientos fueron interrumpidos por el peculiar recibimiento del viejo, quien permaneció sentado en uno de los sofás.
Vaya manera de matar la atmósfera. Aunque a mi parecer el viejo había empezado a hacer ese tipo de cosas desde antes.
"He traído algo para celebrar," luego de decir esto, el jefe sacó una botella de una bolsa a su lado en el suelo, y un juego de tazas que usualmente se usaban para beber—espera...
"¿Qué hay en esa botella?" tenía que hacer esta pregunta.
"Oh, de camino se me ha ocurrido comprar una botella de sake y un juego para beber que ayudara a acomodar la atmósfera."
Si la cerveza que todos conocemos era el resultado final de un proceso de fermentar cebada, entonces el sake era el resultado del arroz fermentado.
En otras palabras, alcohol o licor.
Rigel tenía un rostro que mostraba algo de desconcierto.
"No has olvidado que la edad legal para beber en este país es apartir de los veintiuno, ¿cierto?"
"Pero todos aquí somos extrangeros y confío en que esto quedara entre nosotros, además solo planeaba darles una taza para brindar y el resto me lo llevaré a casa."
"Incluso a mí se me ha escapado esto, vaya que estás lleno de sorpresas, ¿eh?" respondió Rigel a la declaración del viejo.
"Y las que vienen en camino..." replicó el jefe de la pastelería cuyas actuales acciones podían meterlo en problemas legales...
A esto ultimo Rigel borró su sonrisa y cambió su rostro a uno más serio, lo cual me hizo pensar que ella ya sabía cuales eran esas sorpresas y que fuese lo que fuesen no eran tema de risa.
Luego de repartir el sake para los tres, brindamos y luego comimos algunos snacks que había traído Rigel.
El viejo miraba con cuidado todo el departamento, pero normalmente fijaba mucho más su mirada en la cama litera.
"Ahem," aclarando mi voz con el objetivo de que el viejo volviera su mirada hacía acá, fuí directo al tema, "Entonces... ¿qué es eso tan importante de lo que hay que hablar?"
Rigel me miró por un momento y luego al viejo.
El jefe se volvió a servir sake y luego de tomarlo de un solo golpe, pusó su barbilla sobre sus manos cruzadas.
"Hay dos cosas de las que debemos hablar," luego de esto miró a Rigel por un momento y luego miró al frente, "al principio era solo una, pero... las circunstancias me llevan a hablar de la segunda, pero por ahora lo más importante."
El viejo explicó que tambien poseía un talento.
"¿Pero no se supone que desaparecen al alcanzar los veinte años?"
"Dime, Nolan, la mayoría de personas cree que porque en la tierra hay vida entonces en algún lugar del universo debe de haber vida también y lo creen porque lo dicen los cientificos, se les ha dicho sin ninguna prueba que así es y la gente elige creerlo, osea que se vuelve una creencía general y nadie cree que no sea así"
¿Cómo pueden unas personas asegurar que un fenómeno que apenas apareció hace 20 años afecta a las personas solo hasta cierta edad?
Las mismas personas que aún no desarrollan una cura para enfermedades mortales que fueron descubiertas mucho antes.
Han sido más inteligentes y se dieron a la tarea de convencer a la gente de que es así, y la gente al creerlo, se convencen de que al llegar a los veinte ya no pueden usar sus talentos.
Como cuando alguien se convence de que si no toma café en la mañana luego le dará una jaqueca o una migraña.
"Y el ladrón en el metro, como pudieron ver, tambien tenía un talento, yo tambien tengo uno y muchas otras personas aún los conservan y los usan en secreto."
Rigel y yo nos mantuvimos callados mientras él hablaba, aunque yo lo había estado pensando cuanto estuve en el hospital y probablemente Rigel tambien.
"¿Y tú qué puedes hacer viejo?" le pregunté.
"Alterar los recuerdos," respondió él
Lo siguiente que dijo fue que "alteró" los recuerdos del ladrón en el metro para que olvidara que siquiera tuvo un talento, tambien comentó que la gente usualmente le pagaba para que hiciese lo mismo.
"Ahora que expliqué esto, entremos en el verdadero tema," y recostandose en el sofá le hizo una seña a Rigel, quien parecía algo molesta.
Me era imposible saber qué la molestaba.
Aún así Rigel empezó a hablar mientras miraba a la mesa en frente de ella.
"El ladrón trabajaba bajo órdenes de otra persona y al parecer hay otros que tambien están "contratados". Parece ser que su empleador no es un cualquiera, es el dueño y fundador de una importante empresa y parece que tambien tiene un talento."
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Editado: 02.01.2026