Historia #1: Estrellas

12 ¡Pastel!

Luego de que la señora Larisa, experta en el arte de pasar desapercibida, se fuese y no regresase en todo el día, empecé a darle vueltas a algo en mi mente.

El padre de Rigel no sabía nada sobre el hecho de que su esposa estaba aquí, por consiguiente mucho menos su hija, todo bien hasta ahí.

El problema es que ahora yo lo sé, y estoy seguro de que en el momento en que lea mi mente se va a enterar.

Algunas veces, Rigel solía sacar a flote cosas como que su madre hacía esto y aquello otro, que cocinaba así y así, lo cuál me hacía creer que en verdad la admiraba.

Supongo que ni siquiera ella pudo preveer que su madre la seguiría hasta aquí para ver que se encontrase bien.

Sacudí mi cabeza para despejar esos pensamientos y luego me di cuenta de otro problema fundamental.

A esta hora ya me había decidido en acompañar a Rigel mañana para comprar el pastel para su cumpleaños.

¿Cuál era ese problema fundamental entonces?

Llevo dos meses vistiendo la típica bata que le ponen a los enfermos.

Básicamente no tenia nada que ponerme para salir al exterior.

Tengo que buscar mi ropa en el departamento...

Gracias a las palabras de Rigel y la señora Larisa, su madre, decidí que saldría de mi confinamiento y volvería al departamento, al trabajo y llevar, al menos en la medida de lo posible, una vida normal.

Estaba a punto de anochecer por lo que marqué mi salida del hospital rápidamente, no sin antes agradecer a los doctores y médicos que me atendieron.

Salí a la calle.

En bata.

Pregunté sí aún tenían mi ropa del día que ingresé y efectivamente la habían guardado exactamente como estaba hace dos meses...

Osea-

Rota y con manchas de sangre.

Tenía dos opciones: salir a la calle como alguien que había escapado de un hospital psiquiátrico, o ir con ropas que me hacían lucir como alguien que acaba de cometer un crimen atroz.

La primera era la mejor opción sin duda.

Pedí un taxi porque obviamente no iba a caminar en bata hasta el departamento.

Uno de los doctores se había apiadado de mí y ofreció pagar el taxi, le prometí que le devolvería el dinero en los próximos días.

Recuerden, soy un ciudadano ejemplar.

Al menos eso dice de mi el principio de la historia.

Cuando llegué ya había oscurecido.

Por algún motivo me sentía renuente a entrar al departamento. Rigel se estaba quedando en casa del viejo mientras tanto, ya saben, tiempo de padre e hija.

Pero la puerta emanaba un aire extraño, era una sensación que yo conocía en piel propia, era como cuando escuchaba las bromas y el pseudo-sadismo de Rigel.

Abrí la puerta y encendí las luces. Respiré profundamente, captando el aroma del polvo que se había acumulado.

Ahhh... extrañaba mi departamento, el sofá, la televisión al fondo y la cama de madera lo suficientemente grande para dos personas...

?

Un momento.

¿Cama de madera lo suficientemente grande para dos personas?

Corrí rápidamente hacía el nuevo mueble desconocido.

Madera de quién sabe qué árbol, un colchón blanco con sábanas, cobijas azules y dos almohadas, una color ultramarino y otra amarilla.

Ya veo.

...

Inhalé profundamente...

¿¡Qué mierda está!? ¿¡Qué le pasó a la cama litera que estaba aquí antes!?

¡¡Aaaaaaaahhhh!!

Alzando un puño al aire y mirando al techo grité a todo pulmón:

¡¡¡Rigeeeeel!!!

...

Cambio de escena.

Achiu~

En algún lugar una hija compartía la cena con su padre.

Luego de que la chica estornudara...

¡Hahahahaha!

...Soltó una risa malévola mientras su padre se quedaba asombrado ante el cambio repentino.

"¿Q-Qué ocurre, qué te resulta divertido, Rigel?"

La chica se contuvo y luego de calmarse, negó con la cabeza varias veces mientras se quitaba las lágrimas de tanto reir.

"Nada, nada. Simplemente sentí unas ganas repentinas de reirme, es todo."

"Eh... ¿O-Okey?"

Luego de reanudar la cena, el padre le preguntó:

"¿Estás segura de que Nolan no se va a molestar porqué sacaste la litera de allí, y compraste una cama nueva con su sueldo por adelantado?"

Ella hizo un gesto con la mano que decía "Estará bien, no pasa nada"

"...Sí tú lo dices..."

De vuelta en el departamento...

Llevo media hora tumbado en la nueva cama.

El olor a nuevo, la comodidad y esponjosidad del colchón habían calmado mí momentáneo arrebato y ahora me estaba absorbiendo en sus confortables cobijas.

Pero el olor a polvo acumulado me estaba sacando un poco de onda, por lo que me obligué a levantarme y como todo hombre respetable y espalda de madera, junté toda la suciedad con la escoba y la envíe al rincón del departamento.

Obviamente eso no fue lo que pasó, luego de tanto estar en el hospital, una manía por la limpieza y la higiene había despertado dentro de mi, por lo que no descansé hasta dejar todo como antes de que me ausentara.

Aunque iba a dormir en una cama diferente, finalmente podría hacerlo en la comodidad de mi departamento.

No pasaron ni un par de minutos cuando ya me había quedado dormido.

Woah... ¿Es este el poder de un colchón nuevo?

¡Debe ser obra de un stand enemigo!

Como sea, a la mañana siguiente a primera hora Rigel había venido y ahora estábamos sentados en el sofá, apoyé mi cabeza sobre mis manos entrecruzadas y traté de hablar tranquilamente.

"Muy bien, Rigel, vamos desde el principio, dime... ¿Qué hiciste con la litera?"

"La vendí por internet," respondió ella como si no fuese nada.

"... Entiendo, ¿y compraste una nueva cama?"

Rigel me miró con incredulidad como diciendo "Obvio, ¿no la estás viendo allí?"

"¿No te gusta la nueva cama?"

"No, si me gusta, pero no es eso. Quiero decir, no podrías comprar algo así solo con el dinero de la litera..."




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.