Una semana después.
Había ido temprano a la zona comercial, y ahora me regresaba al departamento después de comprar ingredientes.
Pedidos por Rigel.
Pagados con su dinero.
Ella había tomado un gusto por preparar pasteles y se lo había pasado toda la semana horneando pasteles de distintos sabores.
En cuanto a mí...
Salir a correr de vez en cuando se estaba convirtiendo en una posibilidad.
"Con el poder que me concedo yo misma, te nombro el degustador, el paladar oficial para mis pruebas, " eso dijo ella cuando se decidió a dedicarse a hornear pasteles.
Básicamente soy el conejillo de indias, atiborrandome de todo lo que ella preparaba, mezclas, cubiertas y el resultado final, los pasteles.
Hoy, como los días anteriores, abriría el menú con algo que llevara chocolate.
Llegué al lugar, y luego de abrir la puerta, noté que había visita.
"Ya estas de vuelta, genial," así saludó Rigel, quien corrió a quitarme las bolsas de las manos y comprobar su contenido.
"Lamento la intromisión, Rigel me ha invitado y me ha dado el honor de probar un poco de sus pasteles que en mi opinión, opacan cualquier otro pastel que haya probado."
La... elocuente visita era Deneb.
Miré a Rigel, quien alzó una ceja y luego se encogió de hombros.
"¿Por qué habla así?" susurré al oído de Rigel.
"Hmm, parece que tiene algunos conflictos internos, según ella al menos, y ésta es una especie de terapia para poder hablar normalmente contigo," respondió Rigel.
"¿Conmigo?"
"Le da vergüenza lo que trató de hacer en el hospital..."
Oh.
Oh...
"En cualquier caso voy a ponerme manos a la obra con lo que has traído hoy."
"Esta servidora debe retirarse," interrumpió Deneb "ya he cumplido mi encomienda y debo... atender otros asuntos."
"¿Ya te vas?" le preguntó Rigel.
"En efecto, así es. No quiero importunar los avances de su cortejo con su...consorte"
Parece una burócrata inglesa del siglo XVIII.
¿Consorte?
"No hay problema Deneb, no tienes que irte," decidí añadir una boca más a la degustación de hoy.
Mientras Rigel se dedicaba a lo suyo, yo me debatía en una charla con Deneb tratando de que se relajara un poco más y lograr que dejara su elocuente manera de hablar a un lado.
Afortunadamente, la vieja confiable del "Somos amigos, ¿no?" y un poco de "Son aguas pasadas" Lograron disuadirla y al rato estaba hablando normalmente de nuevo.
Debés en cuando le dirigía una mirada nerviosa a la cama y luego a Rigel y a mí, hasta que finalmente empezó a tratar de colar el tema.
"¿D-Duermen juntos?" fue la primera pregunta que salió de su boca, mientras trataba de ocultar el hecho de que sus orejas estaban rojas.
"Eh... sí."
"¿Dividen su territorio? en plan: derecho el tuyo y izquierdo el de Rigel."
"¿Territorio? no, no. No dividimos nada, solo lo usamos de manera normal supongo..."
"¿Duermen abrazados, de frente, cucharita?"
"Q–Qué..." miré a Rigel, quien probablemente estaba escuchando, tenía una sonrisa que implicaba que de hecho lo hacía, pero ignoró mi mirada y se dio la vuelta.
"No sé... ¿eso importa? quiero decir..."
¿Te importa? obviamente no iba a dar voz a esa parte.
"Oh no, solo... curiosidad."
"Hmm."
"¿Hace mucho ruido?" preguntó Deneb.
"¿Qué cosa?"
Desearía no haber preguntado, desearía no haberla alentado a darme una respuesta...
"La cama," dijo ella mientras miraba la cama y parecía pensar que la respuesta era obvia.
¡No es obvia! ¿¡Qué carajos preguntas!?
"Deneb."
"¿Si, Nolan?"
"Cuando dije que podíamos hablar abiertamente... no me refería a esto."
"Pero las enfermeras y doctores normalmente le dicen a sus pacientes que sean abiertos cuando hablan, y siempre preguntan sobre sus intimidades y esas cosas" respondió ella.
"¿Te dijeron que esas preguntas formaban parte de una conversación normal?"
"Algo así..."
"Dime quienes son, voy a hacer que pierdan su trabajo."
Unas horas más tarde, Deneb dijo que debía irse y salió del departamento.
...
Podía sentir como sí mi cabeza echara humo y mis orejas estuviesen a punto de estallar.
Mantener una conversación con Deneb fue agotador, parecía tener una curiosidad extrema por ciertos temas delicados de los que tenía que tratar de esquivar de la misma manera en que evitaría minas en un campo minado.
"¡Hahahahah!" Rigel explotó en una carcajada que había estado conteniendo desde hace mucho.
"¡Debiste ver tu cara! Hahaha, te la pasaste todo el rato rojo como un tomate."
¡Ahhhh! ¿Se habían unido para torturarme?
"Es bueno ver que dejó de hablar de esa manera," dijo ella.
"Creo que prefiero que vuelva a hablar así..."
Rigel terminó el pastel y lo dejó para que enfriara.
"Cada vez son mejores, en comparación con el primero..."
"Hmpf, obviamente," sacando el pecho, sonrió orgullosamente para si misma, "¡Y seguirán mejorando! así que puedes elogiarme un poco más por adelantado."
No había de otra cuando se ponía así, por lo que seguí elogiandola como me lo pidió.
Por algún motivo me gustaba ver como se inflaba de orgullo cada vez más, por lo que yo seguía lanzando elogios de la misma forma en que alguien arrojaba un leño a una fogata ardiente.
Noté que el sabor del chocolate era más fuerte que el de ayer...
"Estoy... experimentando," aclaró Rigel, "me intriga el efecto que causa el chocolate en algunas personas."
"¿Qué has descubierto?"
"Hmm... no mucho, parece que el efecto es diferente dependiendo de la persona, las emociones, el lugar... nunca es igual."
"Parece que estás metida en ello de cabeza."
"Sí... probablemente no me bastará mi propio conocimiento, y el de internet se repite demasiado."
"Sería irónico que abrieramos una tienda de fideos sabiendo que por algún motivo nunca nos salen bien, ¿no te parece, Nolan?"
"¿Quieres abrir una pastelería entonces?"
Ella miró distante hacia algún lugar fuera de la ventana, donde la luz del sol ya menguaba.
"Sea lo que sea que estés planeando a futuro, cuentas con mi apoyo," decidí sincerarme sobre eso, quiero apoyarla también, quiero... quiero estar junto a ella de la misma forma que ella lo ha estado junto a mi.
Me devolvió una sonrisa y luego de levantar su pulgar arriba hacia mi, dijo:
"¡Pues empieza a pensar en un buen nombre para la pastelería, socio!"
Nos echamos a reír después de eso.
Luego, como cada día después de que Rigel empezó a hornear, decidimos con piedra, papel o tijeras, quién iría al otro día a comprar ingredientes.
Rigel tiene un espíritu competitivo que al parecer la obliga a decidir casi todo con algún juego.
Yo... tengo un espíritu que se resignó a preveer a qué tiendas iría mañana.
Ya sabía el resultado, pero... qué más da.
Ocultando nuestras manos tras las espaldas, cantamos al unísono el "¡Piedra, papel o tijeras!", para luego revelar nuestras manos y el resultado del juego.
Rigel, con está iban ocho victorias consecutivas.
Sacó tijeras.
Yo... papel.
Palmeando mi espalda a modo de consolación, trató de darme esperanzas.
"¡Quizá mañana puedas ganar! ¡Quizá!"
Digo palmear, pero era más como si fueran golpes con su mano abierta.
Tiene la mano pesada...
Siguió oscureciendo, hicimos algunas notas sobre el sabor y la textura del pastel de hoy y las dejamos a un lado.
Rigel había estado comprando una cantidad absurda de libros, novelas ligeras, manga y estaba empezando a creer que quizá necesitaríamos una librería.
Comparte sus libros conmigo y se empeña en tratar de hacer que me ponga al día con sus lecturas y así poder hablar sobre las siguientes ediciones... y también para contener sus ganas de lanzar spoilers.
Al principio pude ponerme al día con algunos de los libros más cortos que tenían en promedio doscientas páginas. El problema era que eran series de 17 libros o más, y aún así iba con paso firme.
Pero los libros de mil doscientas páginas...
Oh boy.
Hoy parecía estar más activa de lo usual, lo cual es como si se superponiese su usual estado de actividad con otro más.
Demasiada azúcar, quiero creer.
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Editado: 02.01.2026