El edificio estaba sumido en la oscuridad.
Un silencio inquietante en la atmósfera.
Un contraste total con el soleado día y el bullicioso estrepito de la gente allí afuera.
Entonces, ¿Por qué estaba abandonado aquel edificio que hasta hace un mes atrás estaba abarrotado de gente?
Casiopea.
Mi orgullo.
Pisoteado por las manos de un gobierno egoista, codicioso y los motivos igualmente egoístas y codiciosos de los extranjeros.
¿Por qué? ¿Por qué? ¿¡Por qué!?
Hace años descubrí que tenía un talento.
El talento de curar a las personas que no deseaban sus dones, sus talentos.
No.
El talento de robarlos.
Y durante ese tiempo he ido acumulando uno tras otro y como una represa a punto de colapsar, ahora necesitaba de una regeneración constante para no morir.
Mi sangre hierve, mis músculos palpitan, mi mente se pierde de vez en cuando.
Me da miedo.
Pero aún hay gente que me necesita. Que necesita la fachada de Casiopea.
Nadie sabe como esta empresa es capaz de curar a la gente.
Bueno, ahora lo saben, yo soy la razón.
Hammer Asellus Kaitos.
Pero ahora estamos acorralados, presionados, con un puñal en el cuello por nuestra propia gente.
Han ofrecido perdonar la deuda nacional e inclusive pagar mucho más para poder apropiarse de este sitio.
De un misero edificio.
¡Ja! Qué irónico.
Piensan que el secreto está escrito en un papel o que es una vacuna milagrosa, pero resulta que soy yo.
Un par de gotas mancharon el documento que estaba mirando.
No eran gotas de lluvia, pues estamos bajo techo.
Eran lágrimas, mis lágrimas.
Todo este tiempo cargando con este peso, este dolor, para que ahora nieguen el propósito por el cual vivo.
Si tan solo ellos hubiesen conseguido el dinero...
Sus planes eran perfectos, un cambiacaras robando en el metro, un secuestro que casi cuesta la vida de—
No.
No puedo culparlos a ellos.
Todo salió mal debido a las manos que intervinieron... ¡No lo entienden! ¡No entienden este noble propósito!
Pero hoy no.
Hoy no voy a dejar que nadie lo arruine.
Esta vez voy a hacerlo con mis propias manos.
"Jefe, todo listo."
Alcé la mirada hacia la voz.
Allí estaban de pie seis hombres vestidos de negro de pies a cabeza—literalmente—y armados hasta las narices.
"Estado del objetivo, "mientras me disponía a escuchar, desplegué un mapa sobre la mesa.
"Si señor, tal como hemos previsto, no hay mucha gente en el lugar, las bóvedas están en sus límites. Las demás prefecturas han informado de situaciones similares, el único inconveniente sigue siendo la falta de personal... en los demás sitios solo son una fuerza de asalto de seis hombres, no lo tienen a usted, señor."
"Hmm, ya nos las apañaremos, es todo o nada," la falta de personal ha sido un problema que tenemos desde hace semanas atrás... no hay dinero para pagarles.
Vivimos en un país extremadamente seguro y altamente vigilado, pero aveces las personas se confían demasiado de esto y empiezan a bajar la guardia; los bancos contratan menos guardias, las patrullas no se acercan mucho a los cajeros, y eso es un punto clave.
Una falta que exploraremos hoy, asaltando un banco.
El plan es vacíar la bóveda, evitar muertes, regresar acá y esperar que los demás hayan tenido éxito en sus prefecturas. Con suficiente dinero, sobornar a algún mayor no será muy díficil, movernos allí y trabajar desde las sombras...
Aún hay gente allí afuera que tiene miedo de lo que pueden hacer, ellos me necesitan, puedo librarlos.
Poniéndome de pie, miré una última vez el documento que ha causado que tome estas medidas desesperadas.
«Estás desesperado, no lo puedes negar, no te queda nada y pronto tendrás que doblegarte y entregar la empresa y la patente de la cura»
Agarré el trozo de papel y lo hice añicos, luego cubrí mi cara de la misma manera que los otros seis hombres que seguían esperando y caminé silenciosamente entre ellos.
"Denme quince minutos y habré vaciado la bóveda, luego volveremos de la misma manera en que vamos a ir."
"Ahora, en marcha."
Actuando como centro entre los seis hombres, una espiral giratoria deformó el lugar y el escenario cambió de una oscura y silenciosa empresa, a una bien iluminada y totalmente blanquecina edificación.
El banco.
El teletransporte se ha convertido en uno de mis talentos preferidos, sigo sin entender por qué alguien querría deshacerse de algo así.
Ahora un convoy de hombres encapuchados y armados había aparecido en la mitad del sitio, donde personas en largas filas y con rostros asombrados esperaban a ser atendidas.
"¡Todos al suelo!"
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Editado: 02.01.2026