Historia #1: Estrellas

15 Femme Fatale

Rigel

El fin del año fiscal se aproxima.
La pastelería debía pagar el último mes de impuestos, cosa que a mi padre no le agrada hacer.
Bueno, en realidad no le agrada nada que suponga gastar dinero de su bolsillo.
Para aliviar un poco su estrés y molestia que conllevaba ser un ciudadano correcto, decidí acompañarlo el día de hoy al banco.
"Ugh..." quejándose mientras miraba una y otra vez los recibos del local, mi padre parecía cada vez más reacio a acercarse a que lo atendieran.
"Llevas la tacañería a otro nivel, ¿sabes?"
"Nadie se hace rico despilfarrando dinero, hija."
"Es la ley, se debe cumplir, lo sabes."
Esta vez la respuesta fue un simple gruñido.
"Tienes un aspecto horrible, con el ceño fruncido, gruñendo y chasqueando la lengua a cada momento ¿Es así cada vez que vienes? Sí es así, compadezco a las personas que te atienden."
Parecía que en cualquier momento podría empezar a echar humo por las orejas.
"Gah, todo esto es una desgracia," dijo él con un tono de resignación," ten, voy a salpicarme el rostro con agua fría."
La fila no estaba muy larga, es más, había pocas personas, lo cual era extraño ya que al igual que mi padre, muchos otros deberían estar pagando sus...
Bueno, que más da, el caso es que ya casi están por atendernos. Solo un par de personas más y-
¿Qué es...?
Hubo un cambio repentino en el ambiente, un silencio ensordecedor, la atmósfera pesada, y las personas mirando de un lado a otro con la piel erizada como un pollo.
De pronto, en el centro del lugar, el espacio se distorcionó, girando en una espiral hacía dentro y de allí, siete siluetas oscuras empezaron a surgir.
En el siguiente instante, el espacio volvió a la normalidad, y ahora había siete hombres armados y vestidos de negro donde antes había estado la espiral.
Alguien trató de gritar, pero-
"¡Todos al suelo!"

Uno de los hombres gritó a la vez que alzaba el arma mientras los otros seis apuntaban a las personas.
Había uno entre ellos que era más alto y fornido que los demás.
Ese hombre desapareció de repente, dejando a los otros seis en el lugar.
Todo el mundo, incluyéndome, nos arrojamos al suelo.
Unos segundos después, las luces se apagaron y dejaron a oscuras el lugar, haciendo que los seis hombres de pie se convirtieran en siluetas negruzcas que apuntaban a las personas con sus armas.
Una lástima, porque ya los había visto a los ojos.
«Por un demonio, en esta oscuridad va a ser más difícil vigilar a la gente.»
«Solo un par de minutos, el jefe entra, saquea, regresa y nos saca. Sí puedo hacerlo.»
«¡El arma pesa un montón! Estar forrado de negro me esta matando de calor...»
Los pensamientos de los asaltantes empezaron a fluir en mi mente, acompañado de un dolor de cabeza, dos de ellos parecían tener algún talento y al parecer al tercero no me había dado tiempo de observarlo ya que no me llegaba nada de él.
Se separaron, sin saber cuál era cual en la oscuridad, parece que ahora seguían el plan que traían en mente, cinco de ellos se dispersaron entre las personas en el suelo, uno de ellos estaba a un par de metros de mi, también habían enviado a uno para vigilar la entrada.
«Aún no me acostumbro al teletransporte del jefe, sigo mareandome cuando me muevo..."
Jefe.
Llamaban así al hombre que había desaparecido al principio, y según parece ahora debe de estar en las bóvedas sacando el dinero de la misma manera en que llegaron.
Es él, no cabe duda.
La cabeza detrás del incidente del metro, el secuestro de Deneb y ahora... esto.
Está haciendo el trabajo sucio él mismo, está desesperado.
Una de las siluetas desprendía un aura ominosa, yo había aprendido a interpretar eso como la señal de que alguien estaba usando su talento, aunque parece que los demás no pueden captarlo.
Visión nocturna, uno de ellos estaba de pie allí observando cuidadosamente y con la misma claridad que sí estuviese a la luz del sol. Informa a los demás por susurros a su comunicador sobre la cantidad de personas.
El siguiente, el hombre a unos metros de mi, empezó a soltar un aura que hizo que todos mis nervios saltaran, seguido por unas punzantes corrientes heladas recorriendo mi espalda y haciendo temblar mi cuerpo.
Infundir terror a los que tiene a su alrededor, ese era su talento, infundir miedo, pánico, temor.
Un terror paralizante.
Alguien pareció sucumbir a la presión y trató de soltar un grito, pero fue callado cuando uno de los hombres presionó el cañón de su arma contra la cabeza de la persona.
Me di cuenta que estaba temblando con una respiración agitada y el corazón golpeando el suelo tan rápido que lo podía escuchar retumbar en mi mente.
«Tengo miedo.»

«Alguien que me ayude.»

«Ayuda.Ayuda.Ayuda.Ayuda.»
Un dolor de cabeza punzante vino acompañado de los pensamientos de las personas que estaban tumbadas en el suelo.
Pierdo el control, como... aquella vez.
Apreté la mandíbula y cerré los ojos con fuerza.
Entonces, recordé.
Recordé la primera vez que había usado mi talento.
Fue hace unos 10 años atrás, en un gran centro comercial.
Me había perdido, había soltado la mano de mi madre y en unos pocos instantes me entró el pánico de estar rodeada de tantos desconocidos, mirándome, observándome.
"¡Mama!" grité una vez que el miedo se apoderó de mí.
Mirando en todas direcciones finalmente la desesperación de encontrarme sola hizo que lo que esperaba a ser despertado despertace.
«Jajaja. »

«Oh, que chula está esa camiseta.»

«Ugh... ese precio... ¿y si le cambio la etiqueta?»

«Que calor...»

«Bla bla bla bla bla bla bla.»
Un centenar de voces empezaron a hablar a mi mente, todas al mismo tiempo, con una voz tan nítida que incluso podía sentir la emoción tras las palabras.
¡Demasiadas voces! ¿Quienes son? No conozco esas voces ¿Qué quieren?
"Ayuda..." mis palabras fueron ahogadas en medio de la multitud.




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