Historia #1: Estrellas

16 Rapsodia del Fin [I]

★★★

Un día antes.

—¿Está segura de eso, señorita?

La voz del oficial al otro lado de la linea del teléfono transmitía perfectamente la tensión y el pánico que sentía.

—Sí, estoy segura de eso.—respondí.

—Los bancos de varias prefecturas...—retomó el policia.—Eso es algo enorme, es una suerte que haya decidido hablar con nosotros, haremos lo que esté a nuestro alcance para ayudar. Y después de solucionar el problema, tendremos que tomarle una declaración.

—Prefiero seguir siendo anónima, ya es suficiente con que haya decidido delatar a mi propio padre.

Pero lo hice.

Porque es lo justo.

★★★

Una vez más, estoy en el hospital.

Pero a diferencia de otras veces, hoy estoy para pagar una deuda.

Caminé hacia la recepción, donde estaban reunidos varios doctores y enfermeras, todos charlando y riendo entre si.

Oi... ¿no se supone que deberían estar... no sé, cuidando a los pacientes o algo? Bah, que más da.

— Nolan, hijo, veo que ya estás mejor, — uno de los doctores me saludó muy entusiasmado.

— Si, así es, gracias a todos ustedes, —respondí a la vez que hacía una reverencia.

— ¿Qué te trae por aquí? — preguntó.

Ante la pregunta del doc, saqué un pequeño sobre de papel y se lo entregué. El doctor pareció confundido y preguntó:

—¿Qué es?

— Es el dinero que me prestó el otro día, vine a devolverlo.

Finalmente comprendiendo a lo que me refería, asintió y se rascó la cabeza incómodamente.

— Una vez más, muchas gracias.

— Vale, vale, no lo menciones.

Los demás se unieron y empezaron a hablar entre todos una vez más, esta vez, incluyéndome.

Todos excepto una enfermera que estaba sentada un poco alejada de los demás.

★★★

— ¡Malditos impuestos!

Mi voz resonó por todo el baño, ahora estaba lavando mis manos y estaba a punto de salir.

Antes de salir, revisé una vez más los recibos que debía cancelar: luz, agua, gas, internet el celular, el salario de esos tres, las inversiones, las perdidas...

Menudo dolor de cabeza.

En el momento que fuí a girar el pomo de la puerta me di cuenta que algo iba mal, podía sentirlo en el ambiente. Abrí solo un poco para echar un vistazo hacia afuera...

Todos estaban en el suelo a excepción de cinco hombres armados y vestidos de negro.

Rigel... está ahí también...

Es peligroso sin duda, debo hacer algo, debo sacarla de aquí...

Vrrrn Vrrrrn Vrrrrn

El celular empezó a vibrar de repente, lo que hizo que me saltara un latido.

Número desconocido.

— Te apuesto a que quisieses tener un amigo dentro del banco para poder minimizar tus cuentas como lo hacías en casa, ¿cierto? — La voz del otro lado del celular era de una mujer, cálida, segura. Una voz que yo conozco demasiado bien.

— Es un mal momento, mujer —respondí.

— Siempre es un mal momento cuando se trata de tí.

El número es de aquí... quiere decir que... ¿acaso ella viajó hasta acá también?

— Esta vez es en realidad un mal momento, estamos en problemas.

— ¿Estamos? ¿Ella está contigo ahora? ¿Mi estrellita? ¿puedes pasármela?

— Puedo, pero creo que ella no va a poder responder.

— Hmm.

Oir su voz me tranquiliza, pero diablos, el tiempo sigue pasando y tengo que ir allí...

— Sabes... están pasando algo interesante en la televisión, — su respuesta volvió a interrumpir mi tren de pensamientos.

— Verás, — continuó ella — parece que han frustrado varios intentos de robo en numerosos bancos en diferentes prefecturas.

¿Q-Qué? ¿No sólo aquí? Quiere decir...

Era él.

El sujeto que ha estado contratando mercenarios para reunir dinero... era el responsable de esto también...

— Gracias por la información.

— Oh, no hay de que, pero, ¿puedes con ello? parece peligroso.

— Como soplar y hacer botellas.

— Entiendo, en todo caso, creo que te puedo enviar un refuerzo, — la voz, apesar de la situación, era juguetona.

— ¿Refuerzo?

— Tú has lo que puedas allí, yo haré lo que pueda aquí con el chico, suerte.

¿El chico?

— Gracias, Larisa.

— Si, si, querido, ahora ve y has lo tuyo.

El otro lado colgó.

Ufff... vaya mujer.

Muy bien, abrí la puerta de golpe y lo que ví fue la escena que menos me esperaba.

Los cinco hombres estaban recibiendo una paliza.

Y la persona que estaba dándoles esa paliza era una chica que estaba girando de cabeza en una mezcla de breakdance y capoeira.

¿Donde aprendió eso?

En cualquier caso, debo ir también.

Y así, fui corriendo al lugar y terminé noqueando a uno de esos imbéciles.

★★★

La enfermera que estaba sentada había estado hablando por teléfono desde hace un rato, pero desde acá no podía oir, y también estaba ocupado prestando atención a lo que los demás me decían.

Luego de unos minutos, la misma enfermera se colocó de pie y camino hasta una mesa cercana, tomó un control y encendió la televisión.

El repentino sonido de la TV hizo que todos se volvieran a ver.

Diez segundos.

Diez segundos era el tiempo que llevaba el noticiero dando información de última hora.

Diez segundos en los que pasé entre mareo y náuseas, duda e inseguridad.

Miedo.

Era un asalto en masa a diferentes entidades bancarias en varias prefecturas.

No mencionan la nuestra... ¿Estarán bien? Deben estar bien.

El viejo y Rigel están en el banco justo ahora...

¿Q-Qué debo hacer?

Podía sentir el sudor bajar por mi espalda, mis manos temblaban pero mi cuerpo no se movía.

«Si tuvieras que usar tu talento, aquel que maldices y que quieres sellar encerrandote aquí, para salvarla de nuevo, ¿lo harías?»

La voz de cierta enfermera retumbó en mi cabeza con una pregunta que ya me había hecho una vez.

Dicha enfermera estaba de espaldas mirando la televisión mientras seguía hablando por teléfono.




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