★★★
Esto es basura, ¿me oyen? ¡Basura! se supone que nos pagarán por nuestro desempeño y de la nada ha salido una chiquilla y nos ha pateado el trasero.
¡Ha sido humillante!
El jefe ha tenido que venir a sacarnos del apuro y ahora le hemos dado la vuelta a la situación.
Ya verás chiquilla, cuando el jefe dé la orden, voy apretar el gatillo y te voy a dejar tiesa como un tronco.
Por ahora solo me puedo contentar con empujar el frío y pesado cañon del arma contra su cabeza.
El jefe se está dando su tiempo con el viejo que ha salido de la nada.
Una breve ráfaga de aire vino desde afuera, pero no era una ráfaga común y corriente, eran de esas que te ponen la piel de gallina, lo cuál hizo que volteara en esa dirección.
Había un chico de pie en la entrada.
¿Quién es ese? ¿De dónde ha salido?
—Heh —la chiquilla que estaba en el suelo soltó una risa narcisista.
Un momento... ¿por qué no ha caído al suelo aún?
Empecé a notar que el arma pesaba cada vez menos.
¿Hm?
Al darle un vistazo, ví que estaba desapareciendo como si estuviera hecha de arena.
Lo siguiente fue...
Dolor.
★★★
—¡AAAGHHHHH!
Un grito de dolor espantoso llegó del grupo de hombres que había contratado.
Hice a un lado al hombre que tenía agarrado por el cuello para mirar el origen del grito.
El hombre que estaba amenazando a la chica empezó a retorcerse de agonía, botando espuma por la boca y con los ojos en blanco mientras seguía de pie.
Al cabo de unos segundos desapareció tras una estela de polvo.
En la entrada había un chico.
¿Por qué no se ve afectado por el peso de la gravedad?
Traté de enfocar mi atención en él y... nada.
¿Qué sucede?
La chica que estaba en el suelo rodó a un lado, alejándose de los demás, cuando se suponía que estaba siendo aplastada por un peso invisible.
—¡Ja! no me sueltes aún grandulon —la burla proveniente del hombre que tenía agarrado por el cuello me hizo caer en cuenta de algo.
Lo arrojé a un lado lo más rápido que pude.
Noté que la presión de mis músculos y el dolor de cabeza había disminuído, incluso la sensación de mi sangre quemandose cayó.
Volví a mirar al grupo que había contratado. Faltaban dos.
Los otros tres que quedaban gritaron al unísono a la vez que su cuerpo empezó a desaparecer, unos segundos más tarde ya no quedaba nadie.
— ¡Eh tú! — el chico recién llegado gritó en mi dirección—, ¿ya escuchaste las noticias? dicen que han frustrado los demás intentos de robo a bancos en las otras prefecturas.
Imposible.
La información que me acaba de golpear debía ser imposible.
¿Cierto?
Meses de planificación no se podían ir a la nada... ¿cierto?
Todo debía salir bien, tenía que haber tenido éxito, tenía que seguir curando a las personas, ellas me necesitan.
— ¿Q-Qué les sucedió a mis hombres? —tragué saliva temiendo la respuesta.
— Muertos todos, los mate al convertirlos en polvo.
La chica y el viejo que seguían en el suelo dispararon una mirada de asombro hacía el recién llegado.
— ¿Q-Qué dijiste? —a duras penas podía sacar las palabras de mi boca.
Esos hombres tenían familia... Dios... los traje a morir aquí...
— Bah, es broma, tranquilizate, —sacudió su mano como para enfatizar su declaración —, parece que casi te da un infarto allí mismo y tienes los ojos como platos, ¿te pasó algo bueno?
¿¡Cómo puede siquiera bromear con eso!?
— Los envié a todos a la comisaría,—continuó —, aunque debió haberles dolido bastante.
Su atención se centró en mí.
Sabía lo que significaba eso.
El viejo ha hecho algo para negar algunos de mis talentos... no lo entiendo, pero debo salir de aquí.
Tiene que seguir ahí, traté de ubicar lo que necesitaba justo ahora.
Lo encontré.
Pude sentir un leve hormigueo en mi mano derecha.
¡No hay tiempo!
El espacio se distorsionó alrededor de mí y al siguiente instante estaba de nuevo en un lugar conocido.
Mi lugar en la empresa.
Miré mi mano derecha y noté que faltaba algo de piel en uno de mis dedos.
Estuvo cerca...
Pero todo fue un fracaso a la final.
Fallaron todos.
Fallé yo también.
Me pasé quince minutos arrojando muebles y rompiendo todo lo que tenía a la vista.
Luego decidí ponerle fin a todo.
Si voy a caer, me llevaré todo conmigo. No va a quedar nada, solo escombros, es la única salida. Es la única manera en que puedo ganar este tira y afloja entre los que quieren forzarme a vender todo lo relacionado a esta empresa incluyendo la cura, y yo.
★★★
—Has sido un poco extremo, ¿no crees?—dijo la voz de la chica a quien vine a ayudar.
La voz que siempre me lleva la contraría.
La voz que suele reirse de mi y tambien suele reírse conmigo.
La voz de la Rigel.
La chica que de alguna manera le dió una paliza a los matones.
La chica que se encargó de los malos.
¿A que carajos vine yo?
En cualquier caso, la traje hacia mi con un abrazo, el cual ella no se esperaba, pero tampoco rechazó.
Su calidez, su respiración, los latidos de su corazón que me son transmitidos, la sensación de seguridad que me brinda todo eso es lo único que necesito.
—Habría sido un poco mejor que llegaras antes, ¿Sabes? Casi me matan allí atras.
El viejo, palpandose el cuello, llegó inmediatamente con su queja.
—No habrías tenido que pagar impuestos entonces, viejo.
—Espera... es cierto... ¡Por un demonio Nolan! ¡Es cierto! ¡Debí haberme dejado matar! Ahora deberé pagar de todas formas... ¡Es tu culpa, mocoso!
—Si, si, lo que digas, viejo.
Empiezo a creer que su avaricia y tacañería están en niveles cósmicos.
Me separé de Rigel y me dirigí a la entrada del banco.
—¿A dónde vas?—preguntaron ambos.
—A terminar el trabajo.
Aún hay trabajo que hacer.
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Editado: 02.01.2026