El Viernes de Dolores marca, para muchos sevillanos, el comienzo emocional de la Semana Santa. Aunque litúrgicamente la Semana Santa comienza con el Domingo de Ramos, esta jornada se ha convertido con el paso de los años en una auténtica antesala de la gran semana, especialmente por la celebración de los primeros cultos y por la presencia en las calles de diversas hermandades.
Sevilla comienza a cambiar su ritmo. Las iglesias intensifican sus cultos, los templos reciben a numerosos fieles y las calles empiezan a adquirir ese ambiente tan particular que anuncia la llegada de la Semana Santa. Los últimos preparativos de las cofradías se aceleran: pasos, insignias, flores, cera y demás elementos del cortejo quedan dispuestos para los días de mayor intensidad.
El Viernes de Dolores y las primeras cofradías
La evolución de la Semana Santa sevillana durante las últimas décadas ha hecho que el Viernes de Dolores adquiera una personalidad propia dentro del calendario cofrade. Algunas corporaciones realizan en esta jornada sus estaciones de penitencia, mientras otras celebran actos y cultos que sirven como preludio de sus salidas procesionales.
Entre las imágenes que recorren las calles sevillanas durante esta jornada se encuentran algunas de gran devoción popular. Sus cortejos, aunque alejados todavía de la concentración de público que caracteriza a los días centrales de la Semana Santa, permiten contemplar una Sevilla que comienza a recuperar plenamente su fisonomía cofrade.
El ambiente resulta especialmente significativo al caer la tarde. Las puertas de los templos se abren, los nazarenos comienzan a ocupar sus puestos y las primeras bandas hacen sonar sus instrumentos. El sonido de las cornetas y tambores, de las agrupaciones musicales y de las bandas de música empieza a formar parte del paisaje sonoro de la ciudad.
Una jornada de transición
El Viernes de Dolores puede entenderse como una jornada de transición entre la preparación y la Semana Santa propiamente dicha. Para los hermanos de las corporaciones que procesionan, representa la culminación de meses de trabajo; para los sevillanos y visitantes, constituye la primera oportunidad de sumergirse plenamente en el ambiente de las cofradías.
También es un día especialmente apreciado por quienes desean contemplar la Semana Santa con mayor tranquilidad. Los recorridos suelen ofrecer momentos de gran belleza y permiten observar detalles del patrimonio, del cortejo y del acompañamiento musical que, en jornadas posteriores, pueden quedar ocultos entre las grandes aglomeraciones.
Con el Viernes de Dolores, Sevilla comienza a vivir de nuevo una de sus tradiciones más profundas. Las calles se preparan, los templos se llenan y la ciudad entera parece quedar suspendida durante unas horas a la espera de lo que está por llegar.
El Domingo de Ramos ya se aproxima.