Historia-La guerra del coronado

ᚨᚲᛏᛟ 1 ᛚᚨ ᚱᛖᛖᚾᚲᚨᚱᚾᚨᚲᛁÓᚾ Arco¹ DE LA REENCARNACIÓN CAPITULON1

El continente de Eryndor no siempre estuvo dividido por reyes.

Hace más de mil años, cuando el mundo era gobernado por bestias, dioses y criaturas imposibles de comprender, ocho grandes capitales se levantaron para proteger aquello que jamás debía caer en manos equivocadas.

Vaelthorion, la ciudad donde descansan los Siete Candados.

Morgathia, el reino nacido de las cenizas del dios Sul'Tharr y cuna de los Cinco Dragones.

Aiteris, la capital perdida, oculta incluso para los ojos de los reyes.

Thalassar, la Corona del Mar, donde el Abismo Azul espera el día en que se cumpla la Profecía de Ganath-Sai.

Skjaldheim, la Corona del Norte, guardiana del bosque de Skandringen y de la tumba del Primer Conquistador.

Y otras tres grandes capitales, cuyos nombres también eran pronunciados con respeto en cada rincón del continente.

Durante siglos existió un equilibrio.

Frágil...

Pero suficiente para evitar otra gran guerra.

Hasta que el rey murió.

La lluvia golpeaba los vitrales del Palacio de la Corona.

Cientos de nobles permanecían de pie, vestidos de negro.

En el centro del enorme salón descansaba un ataúd de piedra cubierto por el estandarte real.

Nadie lloraba.

El silencio pesaba más que cualquier lamento.

Un anciano dio un paso al frente y apoyó ambas manos sobre un bastón de madera oscura.

Su Majestad... ha muerto.

Nadie respondió.

El anciano respiró profundamente.

—Y no dejó un heredero.

Las miradas comenzaron a cruzarse.

Algunos bajaron la cabeza.

Otros sonrieron apenas unos segundos antes de ocultarlo.

Todos entendían lo mismo.

La Corona acababa de quedarse sin dueño.

Esa misma noche, decenas de cuervos abandonaron el palacio.

Cada uno llevaba un pergamino sellado con el emblema de la Corona.

Volaron hacia las ocho capitales.

Y con ellos...

Llegó el inicio de una nueva era.

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A cientos de kilómetros del palacio, una enorme fortaleza aparecía entre las montañas.

No era un castillo cualquiera.

Era la Academia de los Cinco Reyes.

Construida siglos atrás con enormes bloques de roca ancestral, sus murallas parecían imposibles de derribar. En su interior había patios de entrenamiento, establos repletos de caballos de guerra, bibliotecas antiguas, salones de estrategia y dormitorios capaces de albergar a miles de estudiantes.

No formaba soldados.

Formaba a quienes algún día dirigirían el

continente.

Frente a sus puertas se detuvo un carruaje.

Una joven descendió lentamente mientras sujetaba una pequeña maleta de cuero.

Cabello purpura.

Ojos color morados.

Una túnica azul oscuro con el escudo de su familia bordado sobre el pecho.

Lyra Valen.

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Levantó la mirada.

Las enormes torres de la academia parecían tocar las nubes.

Jamás había visto un lugar tan inmenso.

Respiró hondo.

—Así que... aquí empieza todo.

Sin saberlo...

Acababa de cruzar la misma puerta por la que, siglos atrás, caminaron héroes, reyes...

Y también los hombres que terminaron destruyendo imperios.

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