La Academia de los Cinco Reyes nunca estaba en silencio.
Caballos galopaban por los establos. Espadas de entrenamiento chocaban en los patios. Aprendices corrían de un salón a otro mientras decenas de carruajes seguían llegando desde todos los rincones del continente.
Lyra Valen caminaba con su maleta entre la multitud, observando cada rincón del enorme castillo.
—Es... mucho más grande de lo que imaginaba…
Un joven pasó corriendo a toda velocidad y chocó contra ella.
La maleta cayó al suelo.
—¡Lo siento! ¡Lo siento mucho!
Antes de que Lyra pudiera responder, el muchacho ya estaba recogiendo todas sus cosas.
—Soy Darius... Darius Blackwell. Me perdí tres veces antes de encontrar mi habitación.
Mientras tanto...
En el patio principal, un elegante carruaje negro se detuvo frente a la entrada.
Dos caballeros abrieron la puerta.
Un joven descendió sin mirar a nadie.
Vestía un uniforme impecable con el emblema de la Casa Ravenhart.
Los estudiantes comenzaron a murmurar.
—Es Kael Ravenhart…
—Dicen que nunca ha perdido una partida de estrategia.
—Mi padre dice que esa familia mueve guerras sin desenvainar una espada.
Kael pasó entre todos sin responder un solo saludo.
Ni siquiera levantó la vista.
En otro extremo de la academia...
Un enorme caballo blanco cruzó el portón.
Sobre él viajaba una joven de cabello plateado cubierta por un abrigo de piel.
Al bajar, un instructor se acercó.
—Los caballos deben quedarse en los establos.
—Él no.
Respondió Astrid Frostborn mientras acariciaba el cuello del animal.
El caballo soltó un resoplido que hizo retroceder al instructor.
Astrid siguió caminando como si nada hubiera ocurrido.
En el comedor...
Un estudiante intentaba cargar una bandeja llena de comida.
Tropezó.
Antes de tocar el suelo, una mano sostuvo la bandeja.
—Ten más cuidado.
Era Ronan.
Le devolvió la comida al muchacho y continuó caminando.
No esperaba un agradecimiento.
Simplemente siguió su camino.
En una esquina del patio...
Un chico de ropa sencilla observaba todo en silencio.
No llevaba el escudo de ninguna casa noble.
Solo una mochila vieja y unas botas llenas de polvo.
Eryk.
Nadie le dirigía la palabra.
Y él tampoco parecía interesado en hacerlo.
Mientras tanto...
Una joven de largo cabello negro observaba desde uno de los balcones.
.Selene Nightveil
No hablaba.
Solo miraba.
Como si estuviera intentando memorizar el rostro de cada estudiante que llegaba.
El sonido de una campana interrumpió toda la academia.
Un hombre de cabello canoso apareció sobre las escaleras principales.
—Bienvenidos.
Su voz resonó por todo el castillo.
—Desde hoy dejan de representar únicamente a sus familias.
Ahora representan el futuro del continente.
Algunos de ustedes serán héroes.
Otros...
Jamás volverán a casa.
El silencio se apoderó del patio.
Nadie sabía si aquello era una bienvenida...
O una advertencia.
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Editado: 15.07.2026