La enorme campana resonó tres veces.
Todos los alumnos caminaron detrás de un profesor de barba gris hasta una sala inmensa.
Las paredes estaban cubiertas por espadas antiguas, armaduras rotas, estandartes de guerras olvidadas y reliquias imposibles de encontrar en cualquier otro lugar del continente.
En el centro...
Descansaba el gigantesco cráneo de un dragón.
Sus colmillos eran más largos que una espada.
—...¿Eso sí era un dragón? —preguntó Darius con la boca abierta.
—No. Es un conejo con dientes grandes. —respondió Kael sin siquiera mirarlo.
Darius se quedó callado unos segundos.
—...Creo que me está insultando.
Lyra soltó una pequeña risa.
—Sí te está insultando.
Astrid cruzó los brazos mientras observaba el cráneo.
—Era joven.
Todos voltearon a verla.
—¿Joven?
—Los dragones adultos tienen cráneos al menos tres veces más grandes.
El silencio volvió a llenar la sala.
—¿Cómo sabes eso? —preguntó Selene desde el fondo.
Astrid respondió sin apartar la vista del cráneo.
—Porque en Skjaldheim nos enseñan historia. No cuentos.
Selene sonrió.
—Interesante…
Kael dio un paso hacia el cráneo.
Notó unas enormes marcas de espada sobre el hueso.
—No murió por viejo...
Alguien lo mató.
En ese momento el profesor habló.
—Correcto.
Todos guardaron silencio.
—Este dragón murió hace más de seiscientos años durante la Última Guerra de las Llamas.
Su cuerpo nunca fue encontrado.
Solo regresó su cabeza.
Dicen que el guerrero que lo derrotó perdió a todo su ejército antes de dar el último golpe.
Nadie volvió a hablar.
Eryk permanecía al final del grupo, observando las cuencas vacías del dragón.
Por alguna razón...
Sentía que aquellos ojos lo estaban mirando a él.
—Oye.
Lyra le habló por primera vez.
—¿Tú también eres de primer año?
Eryk tardó unos segundos en responder.
—Sí.
—Soy Lyra.
—...Eryk.
—¿Nada más Eryk?
—Nada más.
Antes de que Lyra pudiera preguntar algo más...
La enorme puerta del salón se abrió de golpe.
Un caballero con la armadura de la Corona entró apresurado.
—¡Profesor!
Todos giraron la cabeza.
El rostro del caballero estaba completamente pálido.
—Han llegado noticias desde la capital...
El consejo ha rechazado a los primeros candidatos al trono.
Y... una de las capitales ya movilizó a su ejército.
El profesor cerró los ojos.
—Entonces...
Comenzó.
Ninguno de los estudiantes entendía lo que significaban esas palabras.
Pero años después...
Recordarían ese momento como el verdadero inicio de la guerra.
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Editado: 15.07.2026