Capítulo 4-El primer movimiento
salón quedó completamente en silencio.
—¿Qué significa que una capital movilizó su ejército? —preguntó Darius.
El profesor de barba gris no respondió.
Su mirada estaba fija en el caballero de la Corona.
Un día antes.
Una fortaleza se alzaba sobre un valle cubierto por estandartes negros.
Dentro del salón principal...
Decenas de nobles discutían alrededor de una enorme mesa de piedra.
—¡La Corona está vacía!
—¡No esperaremos a que otra capital reclame el trono!
—¡Si nos adelantamos, podremos controlar los pasos del continente!
Un anciano golpeó la mesa con el puño.
—¡Eso significaría otra guerra!
El silencio cayó por unos instantes.
Entonces...
Una voz habló desde el fondo del salón.
—La guerra comenzó el día que el rey murió.
Todos giraron la cabeza.
—Lord Comandante...
El hombre no respondió.
Simplemente observó el horizonte.
—Movilicen a todo el ejército.
Los nobles se quedaron inmóviles.
—¿Está seguro...?
El comandante giró apenas la cabeza.
—Quien llegue primero a la Corona...
Escribirá la historia.
Los cuernos de guerra resonaron.
Miles de soldados comenzaron a marchar.
Caballos.
Carretas.
Lanceros.
Arqueros.
El suelo temblaba bajo el peso del ejército.
Los estandartes ondeaban mientras el Lord Comandante avanzaba al frente sobre un enorme caballo negro.
Nadie conocía su identidad.
Pero todos obedecían cada una de sus órdenes.
—Profesor...
—Han movilizado un ejército.
El caballero de la Corona respiraba con dificultad.
El profesor de barba gris cerró los ojos.
—¿Ya ocurrió...?
—Sí.
—¿Qué capital fue?
El caballero negó lentamente.
—Solo recibimos la orden de avisar a la academia.
El profesor apretó los dientes.
—Entendido.
Se volvió hacia los estudiantes.
—Permanezcan aquí.
—¿Qué demonios está pasando...? —preguntó Darius.
—Nunca había visto a un profesor tan nervioso. —dijo Lyra.
Kael permanecía en silencio.
Astrid cruzó los brazos.
Selene observaba la puerta con una ligera sonrisa.
—Esto es interesante...
Ronan suspiró.
—Espero que no sea nada grave.
Eryk no dijo una sola palabra.
Se acercó lentamente a uno de los enormes ventanales del salón.
Miró hacia el horizonte.
Entonces...
Lo vio.
Una gigantesca columna de humo negro ascendía hacia el cielo.
Tan alta...
Que parecía dividir las nubes.
Eryk abrió ligeramente los ojos.
—...
Lyra se acercó.
—¿Qué estás viendo?
Eryk levantó lentamente la mano.
Señaló el horizonte.
Todos voltearon.
Y por primera vez...
El silencio no fue provocado por el miedo.
Fue provocado por la incertidumbre.
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Editado: 15.07.2026