Historia-La guerra del coronado

Capítulo 5 el aviso

Todos observan la cortina de humo.

Nadie habla.

Hasta que Darius rompe el silencio.

—¿Eso... siempre ha estado ahí?

Kael responde sin despegar la vista del horizonte.

—No.

—Entonces...

—Algo acaba de arder.

Astrid da un paso hacia el ventanal.

—No es un incendio común.

Lyra la mira.

—¿Cómo lo sabes?

—El humo es demasiado oscuro.

Eso pasa cuando arde roca encantada.

Todos la voltean a ver.

Ronan frunce el ceño.

—¿Qué ciudad usa roca encantada?

Astrid tarda unos segundos.

—Las capitales.

Silencio.

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El profesor de barba gris y el caballero llegan a una sala enorme.

Los seis maestros ya están esperando.

Maestro de espada.

Maestra de magia.

Maestro de historia.

Maestra de bestias.

Director.

Empiezan a discutir.

—¿Qué información tenemos?

—Muy poca.

—¿Quién marchó?

—No lo sabemos.

—¿Quién fue atacado?

—Tampoco.

Hasta que el caballero dice algo importante.

—Solo sabemos una cosa...

El ejército llevaba estandartes negros.

Todos se quedan congelados.

Uno de los maestros susurra.

—No puede ser…

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Empiezan a conocerse de verdad.

Darius:

—Bueno... ya que quizá vayamos a morir...

¿Alguien quiere presentarse?

Lyra se ríe.

Kael lo mira.

—Qué comentario tan estúpido.

—Pues funcionó, ya me respondiste.

Selene sonríe.

—Me agradas.

Kael.

—Eso es un problema.

Astrid se ríe por primera vez.

Una risa pequeña.

Eso sorprende a Lyra.

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Empiezan a hablar de las capitales.

Cada uno presume la suya.

Astrid.

—Ningún guerrero del continente soportaría un invierno en Skjaldheim.

Kael.

—Ni falta hace.

El frío no gana guerras.

La estrategia sí.

Selene.

—Las guerras las gana quien controla la información.

Ronan.

—Las guerras las pierden los inocentes.

Todos guardan silencio.

Eryk sigue mirando la columna de humo.

No participa.

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Las puertas del salón se abren.

Entra el profesor.

Ya no tiene la misma expresión.

—Escúchenme bien...

Desde este momento...

La Academia de los Cinco Reyes entra en estado de resguardo.

Nadie sale.

Nadie entra.

Hasta nuevo aviso.

Todos empiezan a murmurar.

Kael...

Solo sonríe.

No una sonrisa amable.

Una sonrisa como si acabara de empezar el juego que llevaba toda su vida esperando.

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Capítulo 4- Eco de cenizas




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