Las puertas del Salón de los Trofeos permanecían cerradas.
Nadie se movía.
El murmullo de los estudiantes llenaba la habitación.
—¿Estado de resguardo...? ¿Eso había pasado antes? —preguntó Lyra.
Ronan negó con la cabeza.
—Nunca.
Kael seguía sentado, apoyando el rostro sobre una mano.
La ligera sonrisa seguía dibujada en su rostro.
Selene lo observó.
—Parece que esto te divierte.
—No.
—¿Entonces por qué sonríes?
Kael levantó la mirada.
—Porque cuando todos entran en pánico...
es cuando más errores cometen.
Astrid cruzó los brazos.
—O hablas como un estratega...
o como alguien que disfruta las guerras.
—Las guerras existen aunque nadie las disfrute.
El silencio volvió a caer.
Eryk continuaba observando el humo por la ventana.
No apartaba la vista del horizonte.
Muy lejos de la Academia...
Más allá de los reinos verdes...
Más allá de las montañas negras...
Existía una tierra donde el fuego jamás terminaba de apagarse.
Morgathia.
Un hombre caminaba tambaleándose entre la ceniza.
Su armadura estaba destrozada.
Su espada apenas seguía colgando de su cinturón.
Cada paso dejaba un rastro de sangre sobre la roca volcánica.
Su nombre era Caelan Varg.
No pertenecía a ninguna gran casa.
Solo era un mercenario.
O al menos...
Eso decía la gente.
—Maldición...
No debí aceptar ese trabajo...
Caelan cayó de rodillas.
Levantó la vista.
No había árboles.
No había ríos.
Solo montañas negras.
Rocas agrietadas.
Y un cielo cubierto por humo.
Pensó que había muerto.
Que aquello era el infierno del que hablaban los sacerdotes.
Intentó levantarse una vez más.
Su cuerpo ya no respondió.
Cerró lentamente los ojos.
Entonces…
Un rugido.
Grave.
Antiguo.
Tan poderoso que hizo vibrar el suelo bajo su cuerpo.
Los ojos de Caelan se abrieron de golpe.
El sonido provenía de una enorme cueva oculta entre las montañas de obsidiana.
Dentro...
Dos enormes ojos comenzaron a brillar entre la oscuridad.
No eran humanos.
Ni bestias comunes.
Eran demasiado antiguos para pertenecer a ese mundo.
Caelan apenas pudo sonreír.
—Así que...
Las historias eran ciertas…
Academia de los Cinco Reyes.
Las campanas comenzaron a sonar una vez más.
Una.
Dos.
Tres.
El profesor de barba gris regresó al Salón de los Trofeos.
Esta vez...
No venía solo.....
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Editado: 15.07.2026