Las puertas del Salón de los Trofeos se abrieron lentamente.
Todos los estudiantes giraron la cabeza.
El profesor de barba gris entró primero.
Detrás de él...
Apareció un hombre cubierto por un largo abrigo de viaje.
Su capa estaba manchada de ceniza.
Su armadura tenía marcas recientes de combate.
Y una profunda cicatriz cruzaba parte de su rostro.
Nadie lo reconoció.
Excepto uno.
Astrid abrió ligeramente los ojos.
—¿Ese no es...?
El hombre levantó la mirada.
Sus ojos azules recorrieron la sala.
—Hace tiempo que no nos vemos, pequeña Frostborn.
El silencio explotó.
Lyra miró a Astrid.
—¿Lo conoces?
—Sí.
Astrid no apartó la vista del hombre.
—Es Hakon Frostborn.
Mi tío.
Darius silbó.
—¿Tu tío parece capaz de arrancarle la cabeza a un oso?
—Porque puede hacerlo.
—Ah.
Hakon ignoró la conversación.
Se acercó al enorme cráneo de dragón.
Observó los colmillos.
Después alzó la vista hacia todos los estudiantes.
—¿Estos son?
—Sí.
Respondió el profesor.
—La generación actual.
Hakon soltó una pequeña risa.
—Estamos jodidos entonces.
Todos comenzaron a protestar.
—¡Oiga!
—¿Y usted quién es?
—¡Ni nos conoce!
Kael permaneció sentado.
Observando.
Analizando.
Hakon lo notó.
Y por primera vez...
Su sonrisa desapareció.
—Tú.
Kael levantó una ceja.
—¿Yo?
—¿Cómo te llamas?
—Kael.
Kael Ravenhart.
Por un segundo.
Algo cambió en el rostro de Hakon.
Algo muy pequeño.
Pero Eryk lo notó.
—Interesante...
murmuró Hakon.
Mientras tanto...
A cientos de kilómetros.
En Morgathia.
Caelan Varg seguía tendido frente a la cueva.
El rugido volvió a resonar.
Más fuerte.
Más cerca.
La criatura avanzó un paso.
Solo uno.
Las escamas negras rozaron la piedra.
Las garras dejaron marcas sobre la roca volcánica.
Y entonces...
Caelan comprendió algo.
Aquello no era un dragón adulto.
Ni siquiera estaba completamente desarrollado.
Y aun así...
Era la criatura más aterradora que había visto en toda su vida.
Los ojos dorado-rojos permanecían clavados sobre él.
Observándolo.
Estudiándolo.
Juzgándolo.
Caelan tragó saliva.
—Bueno...
Si vas a comerme...
Hazlo de una vez.
Capítulo 7 — Las Primeras Fichas
aire caliente de Morgathia soplaba entre las rocas volcánicas.
Caelan Varg apenas podía mantenerse consciente.
Cada respiración dolía.
Cada movimiento quemaba.
Frente a él...
Los ojos dorado-rojos continuaban observándolo desde la oscuridad de la cueva.
—Bueno...
Caelan escupió sangre.
—Si vas a comerme...
Hazlo de una vez.
La criatura inclinó ligeramente la cabeza.
Como si estuviera intentando comprenderlo.
El mercenario soltó una risa.
—¿Qué?
—¿Nunca habías visto un humano?
El dragón avanzó un paso.
Luego otro.
Las enormes garras dejaron marcas profundas sobre la piedra.
Caelan ya ni siquiera intentó moverse.
Estaba acabado.
El dragón se acercó.
Lo olió.
Lo rodeó lentamente.
Caelan comenzó a sonreír.
—Ya veo...
No quieres comerme.
El dragón volvió a acercarse.
La criatura parecía curiosa.
Como un animal observando algo extraño.
Caelan soltó una carcajada.
—Por un momento pensé que estaba muerto.
El dragón abrió la boca.
Caelan siguió sonriendo.
Y en el siguiente instante...
Desapareció.
Ni una batalla.
Ni una despedida.
Ni una última hazaña.
Solo silencio.
El dragón cerró la mandíbula.
Y siguió observando el lugar donde había estado el hombre.
Como si ya se hubiera aburrido.
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Editado: 15.07.2026