Historia-La guerra del coronado

Cap 7-¿?

Academia de los Cinco Reyes.

El campo de entrenamiento estaba lleno de estudiantes.

Hakon Frostborn caminaba frente a ellos.

Las manos detrás de la espalda.

La cicatriz de su rostro parecía aún más intimidante bajo la luz del sol.

—¿Eso es todo?

Preguntó.

Nadie respondió.

—Esperaba más.

Darius levantó la mano.

—Yo esperaba desayunar primero.

Hakon lo observó.

—¿Nombre?

—Darius Ashcroft.

—Ashcroft...

Qué decepción.

—Oye.

—¿Sí?

—Todavía no empiezo.

Algunos estudiantes soltaron una carcajada.

Hakon también.

Por primera vez.

Una risa breve.

Pero real.

Kael observaba todo desde atrás.

Sin participar.

Sin hablar.

Simplemente mirando.

Astrid lo notó.

—¿Siempre eres así?

—¿Así cómo?

—Como si estuvieras calculando cuántas personas hay en la habitación.

—Setenta y tres.

Astrid parpadeó.

—...

—Setenta y cuatro si contamos al instructor del establo.

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Selene soltó una pequeña sonrisa.

—Empiezo a entender por qué todos hablan de ti.

Kael no respondió.

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Mientras tanto...

Muy lejos de allí.

En la Capital de la Corona.

La situación empeoraba.

—Los ejércitos continúan moviéndose.

—¿Cuántos?

—No lo sabemos.

—¿Cómo que no lo saben?

Un consejero golpeó la mesa.

El general respiró profundamente.

—Porque están ocultando sus estandartes.

El salón entero quedó en silencio.

Eso era una declaración de guerra.

—¿Y la identidad del Lord Comandante?

—Tampoco.

—Imposible.

—Nadie ha visto su rostro.

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Un anciano observó el enorme mapa del continente.

Las fichas comenzaban a moverse.

Y ninguna regresaría a su lugar.

De vuelta en la Academia.

Hakon se colocó frente a los estudiantes.

—Escuchen bien.

La guerra llegará.

No importa cuánto intenten evitarlo.

No importa quién se siente en el Trono de la Corona.

Llegará.

Nadie dijo nada.

—Y cuando llegue...

Los títulos no importarán.

Los apellidos no importarán.

Las riquezas no importarán.

Solo una cosa.

Hakon clavó la mirada en todos ellos.

—Sobrevivir.

El silencio se volvió pesado.

Incluso Darius dejó de bromear.

—Mañana empiezan los entrenamientos reales.

Y les prometo una cosa.

La mitad de ustedes querrá marcharse antes de que termine la semana.

La campana resonó en toda la academia.

Y por primera vez...

Nadie estaba sonriendo....




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