Historia-La guerra del coronado

Cap 9- El peso de una Corona

Capítulo 9 — El Peso de una Corona

El patio entero guardaba silencio.

Los tres finalistas permanecían frente a frente.

Astrid Frostborn.

Kael Ravenhart.

Aris Torres.

Hakon levantó la mano.

—Comiencen.

Astrid fue la primera en moverse.

Como un rayo.

Como una tormenta del norte.

Su espada de entrenamiento descendió contra Aris.

CLANG.

Aris bloqueó.

Fácil.

Demasiado fácil.

Kael lo notó.

Astrid también.

—Eres rápido.

Dijo Astrid.

Aris sonrió.

—Tú eres lenta.

Por primera vez.

Astrid se enfadó.

El combate se volvió más intenso.

Golpes.

Bloqueos.

Paso tras paso.

Pero algo era extraño.

Aris nunca atacaba.

Solo defendía.

Kael observaba.

Analizando.

Y entonces...

Lo entendió.

—No quiere ganar.

Murmuró.

Hakon escuchó aquellas palabras.

Y no respondió.

Porque él también lo había notado.

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Un minuto después.

Astrid logró conectar un golpe.

Aris cayó de rodillas.

Silencio.

—Ganadora.

Anunció Hakon.

Los estudiantes aplaudieron.

Pero Kael no.

Y Selene tampoco.

Porque ambos habían visto lo mismo.

Aris había podido evitar ese golpe.

Y simplemente...

No lo hizo.

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Final del torneo

Kael avanzó para la siguiente ronda.

Astrid lo observó.

—¿Vas a pelear?

Kael la miró.

—No.

—¿No?

—No me interesa un título.

El silencio explotó entre los alumnos.

—¿Qué demonios?

—¿Se está rindiendo?

—¿Está loco?

Kael giró sobre sus talones.

—La gente inteligente no juega juegos que no le interesan.

Hakon soltó una pequeña risa.

—Entonces la campeona es...

Astrid Frostborn.

Los estudiantes comenzaron a vitorearla.

Pero Astrid no parecía feliz.

Miraba a Kael.

Y luego a Aris.

Como si sintiera que había ganado algo incompleto.

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Esa noche

Academia de los Cinco Reyes.

Selene observaba las estrellas desde uno de los balcones.

Eryk estaba apoyado contra una columna.

Lyra llegó con dos tazas de té.

—¿Qué hacen aquí?

—Pensar.

Respondió Selene.

—Eso suena aburrido.

Dijo Lyra.

—No tanto.

Selene observó el patio vacío.

—Aris se dejó perder.

Lyra parpadeó.

—¿Qué?

—Pudo ganar.

Eryk permaneció en silencio.

—Tú también lo viste.

Dijo Selene.

Eryk asintió.

—Sí.

—¿Entonces por qué lo hizo?

Preguntó Lyra.

Selene sonrió.

—Porque alguien que busca poder pelea para ganar.

Miró hacia las sombras del patio.

—Y Aris no parece interesado en el poder.

Por primera vez...

Eryk pareció pensativo.

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Capital de la Corona

La reunión continuaba.

—Confirmen el informe.

—Tres aldeas.

Dos fortalezas.

Y una ciudad portuaria.

—¿Todos vieron lo mismo?

—Sí.

El anciano consejero cerró los ojos.

—Descríbanlo.

El mensajero tragó saliva.

—Enorme.

—¿Qué tan enorme?

—Más grande que cualquier torre de vigilancia.

Silencio.

Uno de los generales se puso de pie.

—Entonces no hablamos del mismo dragón.

Todos giraron hacia él.

—¿Qué quieres decir?

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El salón quedó congelado.

Porque los Cinco Primordiales no eran simples dragones.

Eran los primeros hijos de Sul'Tharr.

Los monstruos que habían cambiado el mundo.

Morgathia

La noche era silenciosa.

Las cenizas seguían cayendo del cielo.

Y entonces...

Una figura apareció entre las montañas negras.




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