Historia Oculta - El trazo de la sangre, tomo 1

Dos

Sueños.

El prado tan inmenso, que no tenia ni principio ni fin. El clima frio, fiel señal de que la primavera se estaba despidiendo y el pasto era tan alto que le llegaba a las rodillas, quizá a la cintura. Un valle interminable de césped como el oro; a lo lejos, las montañas, el gran Sasso d'Italia. Entonces se dio cuenta de que estaba parada en lo que eran las tierras de sus padres; su corazón dio un vuelco con el solo hecho de saber que había vuelto a casa.

No supo como, no recordaba nada. Solo que ahora estaba parada en el prado de su familia, cerca de su hogar. Kira sintió las lágrimas bajar por sus mejillas; había vuelto a casa y todo aquello había sido una pesadilla. Por fin había terminado. Este pensamiento la impulsó para comenzar la carrera a casa. Corrió y corrió por horas, pero el valle no se terminaba; no llegaba nunca a la muralla de árboles que separaban la propiedad de sus padres del resto. No encontraba el camino a casa por ningún lado, sin importar en que dirección se moviera.

Nunca pudo alejarse de la gran montaña; seguía en el mismo lugar.

“Nicolai”, pensó.

Entonces se detuvo por un tiempo, después de calmar los latidos de su corazón, comenzó su camino hacia otro lado. Pero, no importaba a dónde se dirigiera, ella no se movía de su lugar. El miedo y la desesperación comenzaron a apoderarse de ella. Podía escuchar la voz de alguien, pero no lograba identificarla. No sabia si era alguien que le estuviese hablando a ella misma, o si era su propia voz llamando a alguien.

Le gritó a su madre, le gritó a su padre. Le gritó a toda persona que había conocido y había formado parte de su vida, pero tampoco obtuvo respuesta alguna. Se dejó caer sobre sus rodillas; las lágrimas no dejaban de salir y sus pulmones estaban dejando de funcionar.

En medio del llanto, comenzó a escuchar pasos entre el pastizal. Una figura estaba acercandose a ella, una figura de cabello largo. Traía puesto un traje un tanto extraño; su pechera parecía estar hecha de algún caparazón de algún tipo de animal. Como si fuese de una enorme tortuga de color negro, por los patrones que esta tenia. En su cintura, del lado derecho, llevaba una extraña arma. Parecía ser una cuchilla de algún tipo, con símbolos que nunca había visto. En su derecha, una espada muy extraña. Al observarla, le parecía que el arma tenia vida propia y estaba juzgándola.

Los ojos de la mujer eran de un color desconcertante, no eran plateados y no eran cobre. Pero, parecía que tenían un tinte de ambos colores. Su tono de piel de un bronceado platinado. Que contrastaba con su perfecta trenzas detrás de su cráneo, con algunas piezas de un material que parecía metal adornando su cabello tricolor, negro con mechones cobre y plateado. Caminó a lo largo del gran valle hasta pararse frente a ella.

—Ponte de pie, Kira.

Ella observaba a la mujer con recelo; se secó las lágrimas con el puño de su suéter, pero no se movió.

—¿Quién eres?

—Alguien a quien aún no conoces, pero de a quien tu futuro esta ligado.

—¿Es una broma?

—No.

Kira no sabía qué pensar ni qué sentir. Trató de ponerse de pie, pero las fuerzas no fueron suficientes. Sentía que su cuerpo había sido pasado por un colador, y que apenas se estaban uniendo nuevamente huesos y tendones.

—No puedo.

—Sí puedes. Ponte de pie ahora —. Le ordeno.

—¿Para qué? No puedo escapar de este lugar… no puedo volver a mi hogar.

—Tú ya no tienes un hogar al que volver, no hay marcha atrás para ti… solo puedes seguir adelante.

Las palabras de aquella mujer eran sumamente crueles, pero tenía razón. Kira recordó que sus padres habían muerto hacía años en aquel accidente; que ahora solo tenía a Nicolai y a Elinor, pero este último estaba en tierras lejanas. ¡No! Nicolai no estaba con vida; él había sido asesinado hacía unos ¿minutos?, ¿horas?, ¿semanas?, ¿años? Ni siquiera sabía cuánto tiempo llevaba allí; entonces… todo podría estar perdido para ella. Las lágrimas no dejaban de salir de sus ojos; entonces, un grito salió de su garganta.

Un grito de dolor, desesperación e ira.

Cayó pesadamente sobre sus rodillas. La mujer se acercó a ella lentamente; se acuclillo a su lado. De su cinturón extrajo aquella extraña arma y la apuñaló por la espalda. Kira estaba sorprendida por la acción de esta mujer. Sintió el golpe, pero no hubo dolor; aun así, no podía moverse, no podía hablar y sus pulmones habían comenzado a negarse a funcionar.

—¿Por qué? —interrogó en un susurro.

—Porque no perteneces a este mundo; tú estás atrapada en un juego tan cruel que nadie más querrá jugarlo.

—Mi hogar…

—Tu hogar se ha perdido, ya nada queda… tienes que ser fuerte, todo depende de ti.

—No… yo…

—Lo lamento, Kira, pero es tiempo.

—¡Vete al... infierno!

—Lo aremos juntas. Llegó tu tiempo; puedes cruzar, es tu derecho.

El dolor comenzó en donde la había apuñalado, tan severo que la visión comenzó a ponérsele borrosa. El aire se negaba a entrar en sus pulmones; su garganta estaba completamente cerrada. No había nada que hiciera para que las cosas fueran diferentes, su tiempo se estaba terminando. En el momento en que apoyó sus manos en el suelo, el valle completo comenzó a desaparecer. La montaña, el sol, el cielo... todo comenzó a irse en una nube de polvo.




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