Historia Oculta - El trazo de la sangre, tomo 1

Cuatro

Después de 50 años más.

La vida que Kira Roel conocía había desaparecido; todos aquellos que habían sido sus amigos ni siquiera podían esperarse que estuvieran con vida. Nada de su vida anterior estaba ya en pie. Lo más lamentable de todo esto es que había ocurrido mientras ella se hallase durmiendo. Aunque el mundo en sí mismo había cambiado poco, para ella habría sido demasiado de estar despierta.

Ella en sus sueños sentía que podía ver cómo era que el tiempo avanzaba y, por más que intentaba comunicarse con la gente, era para ellos como un fantasma que nadie podía ver. Podía observar a los seres que amaba desaparecer en la aflicción por la pérdida de ella misma. Podía darse cuenta cómo el mundo cambiaba a pasos agigantados, sabiendo bien que no podría hacer nada para revertir el largo paso de las horas, los días y sobre todo de los años, que causaban estragos frente a sus propios ojos.

Una noche helada de invierno por fin, después de tanto esperar, comenzaba a recobrar la conciencia. Se sentía confundida y algo asustada debido a sus sueños durante tantos años. La realidad y la ficción de sus sueños aún estaban superpuestas; no podía razonar con claridad. Elinor estaba con ella esa noche, como lo había hecho los últimos cincuenta años. Al percatarse de que Kira estaba despertando, se acercó a ella con calma y se sentó en una silla que estaba al lado de la cama, pensando en todas las explicaciones que habría que darle para evitar que perdiera la cordura.

Pues no era fácil explicarle a alguien que había cambiado su mortalidad de una forma normal, como si estuvieran hablando del clima. Su situación no era como el caso de aquellos mortales que lo hacen por voluntad propia, ni siquiera de los que habían nacido con esa condición y habían sufrido un ataque. Nada en lo que concernía a Kira Roel había sido normal, porque Elinor sabía que ella no era una persona normal.

—Tranquila —le pidió Elinor tomando la mano de Kira, sintiendo temor en su corazón.

Ella estaba tranquila y moviéndose con naturalidad, pero para sorpresa del joven, su cuerpo no sufrió los estragos de la inactividad física; se movía perfectamente, su memoria no había sido afectada de ningún modo.

—¿Dónde estoy?

La voz de Kira era un tanto pastosa; tenía la garganta seca, como si no hubiera tomado agua en mucho tiempo, llevándose las manos a su garganta pues esta le molestaba al hablar.

—Estás a salvo… en un lugar oculto —le respondió dándole un vaso de agua.

—¿Dónde estoy?

—Estás a salvo en un lugar seguro —respondió Elinor colocando de nuevo la jarra en la mesa, tratando de aparentar tranquilidad —Estás a salvo.

Lo que Elinor sentía sin duda era una nostalgia interminable y la duda de cómo es que la vida de Kira cambiaría después de aquel hecho. Sabía sin duda que ella era fuerte; sin embargo, también sabía que había cosas que la afectaban de sobremanera. Muy en el fondo de su corazón sabía exactamente que esto sería una de ellas.

—¿Dónde está Nicolai? —interrogó Kira sin escuchar la respuesta de Elinor, teniendo en su mente el recuerdo del ataque —¿Dónde está Nicolai? —le repitió alterada tratando de ponerse de pie —Debo ver si se encuentra bien.

—Cálmate Kira, aún hay mucho que debo explicar —Elinor evitó que se levantara de la cama, la ayudó a recostarse de nuevo y la cubrió con la frazada —Escúchame…

Pidió Elinor sentándose a un lado de Kira en la cama. Ella clavó los ojos en Elinor, completamente extrañada y preocupada por Nicolai. No era momento de estar aquí; tenía que asegurarse de que él estuviera bien, no podía apartar esa sensación de desasosiego. El ahora Vigilante sentía en su corazón que no era el momento más adecuado para decirle la verdad; por más dolorosa que esta sea, la verdad siempre será lo mejor que puedes decirle a alguien que se encuentra en desgracia.

—El día en que los atacó la tríada de demonios… de Zelldre… Nicolai murió. A ti casi te pierdo también, pero logramos mantenerte con vida.

Kira lo observaba completamente extrañada, pues lo último que ella recordaba es que los demonios, como ella les conocía, no existían. Sin embargo, tenían la imagen de uno en especial clavada en su mente, la de aquel que había matado a su entrañable amigo Nicolai Didrik.

Comenzó a recordar todas aquellas revelaciones que este le había hecho, las palabras exactas y la forma en que se lo demostró: “Nací en un mundo donde el tiempo y la magia son posibles, he vivido muchos más años de los que piensas, pero solo he amado una vez y es a ti”. Ella pensó que era una broma hasta que en la palma de su mano él colocó un poco de tierra; con un movimiento de sus dedos, una rosa azul comenzó a crecer. Sintió que su cordura salía por sus oídos, entonces se dio cuenta de que había abierto sus ojos a un mundo oculto, en donde cualquier cosa que le dijeran tenía la posibilidad de existir. Kira comenzó a recordar aquel ataque y escenas que parecían de una vida pasada comenzaron a llegar a su memoria.

—¡No, eso no puede ser verdad! —murmuró Kira entre sollozos, llevándose sus manos al rostro —Esto es una pesadilla…

Abrazó a Elinor, tratando de que ese abrazo fuera tranquilizador y un tanto reparador, pues sabía que lo que venía sería aún más difícil para ella de entender.

—¿Qué fue lo que pasó?

Él quería comprender qué era lo que había sucedido aquella tarde, pues todos los involucrados habían guardado silencio. Parecía que estuvieran cubriendo algo; eso lo entendía de aquellos Guardianes, sin embargo, no podía comprender por qué los Vigilantes habían guardado silencio, en especial Madaris Laer.




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