Historia Oculta - El trazo de la sangre, tomo 1

Cinco

Vidas

Nicolai Didrik Erra

Nicolai Didrik fue hijo de un mortal llamado Didrik, hijo de Mikhail, de origen noruego; el más pequeño de una familia de dieciocho miembros y, sin duda, el más amado de todos. La peculiar historia de su padre era confusa y vaga. Era alguien importante, errático y misterioso. Su vida transcurrió en un ir y venir del paso de los días. Muchas noches no estuvo en casa, pero nadie hacía nada sin su autorización. Cabeza de familia, juez y jurado.

Siempre por la mente de Didrik pasaba constantemente la idea de que su vida cambiaría de tal forma que no estaría preparado para ello, y de ese modo fue como ocurrió. Sin embargo, jamás pensó en lo que el destino estaba tramando a sus espaldas para entregárselo como el mejor de los regalos. Siendo el más pequeño de sus hermanos y hermanas, tenía que cumplir con la tarea de reemplazar a su padre en muchos de sus deberes, pero no como cabeza de familia.

Vivió con su padre hasta los catorce años. Durante este tiempo pasó por el mismo entrenamiento que habían pasado sus hermanos, tíos y algunos de sus sobrinos. Pero Didrik quería algo más: no quería casarse con la hija de uno de los miembros más poderosos del clan. Él quería algo más... no quería seguir los lineamientos, no quería dejar de ser libre.

Un día de cacería, en las tierras cubiertas de hielo por la última nevada, vio a una mujer hermosa, de rasgos perfectos y mirada triste, caminando a la orilla del río congelado. Se veía cansada y con mucho frío; notó que sangraba. Inesperadamente, se dejó caer sobre la blanca nieve, tiñéndola de rojo.

En secreto, Didrik la ocultó y la curó; él se había enamorado de ella. Yalen Erra, al igual que él, también se enamoró. Aun sabiendo que no debería sentir nada por él, lo hizo. El joven muchacho comenzó una relación con ella; aunque para su familia ya era un hombre, consideraban a Yalen una anciana al lado de él, pues en apariencia ella tenía casi los treinta años.

Desconociendo su procedencia e historia —que ella era una Wizdart de más de setecientos años, una raza de humanos mágicos e inmortales distintos a los Vigilantes—ella, al igual que muchos, cometió el acto cobarde de enamorar a un mortal. Pues bien sabía que ese amor no tendría esperanzas de sobrevivir, por un tiempo le ocultó la verdad.

Pese a todo ello, se estableció con ella en territorio escandinavo, en los límites de lo que hoy se conoce como Rusia. Cosa que estuvo en contra de todas las opiniones de su familia, quienes le dieron la espalda. Sin duda, por un largo tiempo fueron felices, aun cuando ella en su corazón estaba consciente de que lo perdería.

Didrik vio nacer y crecer a sus tres hijos y los educó bajo las mismas creencias en las que él había crecido. Sin embargo, al poco tiempo del nacimiento de Nicolai, comenzó a percatarse de que Yalen no envejecía; ni siquiera habían aparecido las arrugas en sus ojos como las de muchas de las mujeres que él conocía a esa edad.

De este modo, ella se vio obligada a revelarle aquel doloroso secreto, mismo que le produjo un sobresalto inesperado trayendo consigo la muerte para Didrik. La pena para Yalen fue terrible; se culpaba por la muerte de su amado. Iba a permanecer a su lado hasta que él abandonara este mundo, pero nunca imaginó que fuera tan pronto.

Yalen se llevó consigo a sus hijos de regreso a las tierras de Codam, una ciudad de su mundo. A sus hijos les enseñó cuánto había aprendido a lo largo del tiempo, preparándolos para el futuro. Nicolai entrenaba más fuerte que nadie; su madre se dio cuenta de que este tenía habilidades sorprendentes y que era uno de los más fuertes de la familia Erra, después de su hermana.

Su hermana, Leyna Erra, hacía muchos siglos que había sido desterrada por sus ideas de querer gobernar el mundo ella sola; pero no solo el mortal, sino también el mágico. Despojada de sus poderes —los cuales recuperó con el tiempo y ayuda de su sirviente inseparable—fue lanzada hacia las ciudades olvidadas.

Yalen quería que su hijo tuviera un destino diferente, así que lo mantuvo lejos del mundo mortal. Pero él no encontraba lo que buscaba dentro del mundo mágico; siempre sintió que algo le hacía falta. De modo que decidió salir de casa para buscarlo, siguiendo los pasos de su padre, buscando su propia libertad.

Le gustaba pensar que encontraría a una persona del mismo modo que lo había hecho su madre. Por alguna razón inexplicable, Nicolai decidió viajar al mundo mortal. Sintiéndose atraído, entró a una pequeña iglesia de piedra negra que se levantaba en una colina. De haberlo meditado con claridad, el lugar lucía algo lúgubre.

A Nicolai algo le hacía avanzar hacia la iglesia; aun cuando no creía en los dioses de los mortales, sabía que había algo más grande que él mismo. Las puertas exteriores eran de un color calizo blanco, ennegrecido por los años y el clima.

Dentro solo había unas cuantas bancas; se percató de que el pueblo no tenía más de cien habitantes. Se sentó en una de las bancas de madera; el aroma era de roca húmeda, pues había llovido hacía un par de horas. Se quedó esperando a que el tiempo pasara; no sabía qué buscaba ni qué iba a encontrar. Esto le hizo percatarse de su propia soledad y de la de su mundo.

Un par de horas después entró una pequeña joven que atrajo completamente su atención; su cabello dorado brillaba con los rayos del sol y sus ojos marrones eran tan grandes que la hacían lucir un tanto extraña. Ante los ojos de Nicolai, era hermosa. Sintió que esa joven llenaba el vacío en su corazón; ella era la razón por la que había llegado hasta ese lugar.




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