Parte Primera: La isla del olvido
Como muchas veces lo hacía cuando algo inquietaba su corazón, se dirigió a uno de los pocos lugares del mundo mágico que le daba algo de paz. El acceso a este lugar era prácticamente prohibido, se rumoreaba que había sido hogar de algunos de los primeros seres que pisaron esas tierras. Lukyan se paseaba de un modo casi aterrador por una pequeña isla llamada "Fin del Tiempo". El agua del mar que la rodeaba era de un color verdoso tan oscuro que parecía estar podrida; la arena, en cambio, era de un color perlado y la vegetación escaseaba.
La vida marina, por otro lado, era tan vasta que existían criaturas que los hombres solo habían visto en los sueños de recuerdos de vidas pasadas. Y que habían sido plasmados en esos libros y películas que amaban, quizá era solo la añoranza. La tarde era cálida y el sol no tardaría en ocultarse, dejando tras de sí un cielo de azul en varios matices. El aroma del mar inundaba el ambiente, pero en esta ocasión, la brisa salina no era suficiente para calmarle.
—Es imposible que siga protegiéndome... después de todo lo que le hice —murmuró.
Lukyan se sentía furioso, de pie en la orilla sin permitir que el agua lo tocara. Ese era su lugar de meditación, un sitio que la mayoría de los seres inmortales habían olvidado y al que los mortales jamás habían encontrado la entrada. De alguna manera se había convertido en su isla personal,
—Ya te lo habia dicho mas de mil veces... siempre te protegerá; a cualquiera que lo necesite, aun cuando no lo pida —le dijo una voz en el viento.
Era una voz familiar, alguien de quien Lukyan había dependido en muchas ocasiones y a quien, pese a que le molestaba, se había acostumbrado.
—Destruí su vida, su mundo... su amor.
—Su amor nunca... Algo debió haber visto ese día en ti para arriesgar su propia vida para defenderte, como lo ha hecho siempre. Quizá ella tuvo un recuerdo. Ella nunca sacrificó nada para salvarme a mí... no lo olvides.
—¡No sé si pueda regresarle el favor!
Lukyan cruzó los brazos sobre su pecho, clavando la vista en el reflejo del sol sobre el agua, que le daba un aspecto extraño, como si una franja de concreto negro con luces partiera el mar en dos. Por un segundo quiso volver a ese día y evitar todo esto, pero había aprendido de maneras muy aterradoras el costo de ello.
—Estoy sumamente cansado.
—Temo que debes continuar —sentenció la voz con frialdad —.No hay otra opción.
El viento soplaba en una brisa abrasadora; era fresco y bailaba con todo a si alrededor, sin embargo, Lukyan sentía un frío inmenso recorriéndole el cuerpo. Era un escalofrío que no lo dejaba tranquilo, como si fuera el indicativo de que finalmente debía recordar.
—¿Por qué no simplemente me dices algo que no sepa? Algo que me sirva realmente, o cuéntame lo que no puedo recordar.
El Zelldre desvió su mirada hacia el horizonte. El espectáculo del atardecer era embriagador, ir viendo como el cielo se pintaba de matices y colores diferentes. Como las nubes ayudaban a que la vista, pareciera un cuadro. Pero en ese momento ni siquiera la belleza le servía. Eran demasiadas dudas y pocas respuestas; respuestas que sus escasos recuerdos no alcanzaban a brindarle.
—Tu deber es protegerla —ordenó la voz molesta, mientras un viento gélido se levantaba alrededor de él.
—Lo sé... Entiendo todo eso... Se que debo hacerlo. Pero, solo estoy cansado... déjame solo.
—Sabes que no puedo hacer eso... te guste o no, soy tu conciencia.
—¡Eres una pésima conciencia! Está bien... responde: ¿Por qué si le hice lo que le hice, y sabe quién soy y que voy a seguir haciéndolo, simplemente no se aleja de mí? Quizá eso evitaría todo esto —Lukyan frunció el ceño, frustrado —. Quizá las cosas deberían ser diferentes.
—No sera así... Nunca lo es.
—¿Ya paso?
—Si, varias veces... No se que demonios nos metió en esto.
Lukyan desvío su mirada hacia la izquierda, como si pudiera ver a alguien allí.
—Siempre he creído que eras tu.
—No tengo ese poder, de otro modo.
—¿Quien tendría un poder como ese? Para crear un bucle así.
—Eso es algo que debes investigar tú. Yo no puedo responderte todo... se supone que es tu trabajo. Además, debes hacer un esfuerzo por recordar; quizá así evites lo que está por venir.
Lukyan esbozó una sonrisa amarga.
—¡Como conciencia eres un pésimo consejero! —reprochó sacudiendo la cabeza, antes de desvanecerse en el viento.
Se marchó con una sola idea: descubrir la verdadera razón por la que Kira Roel arriesgó su vida para protegerlo y por qué, aún hoy, lo seguía haciendo. La voz lo sabía, pero debía dejar que Lukyan lo descubriera por sí mismo, ya que no recordarlo todo era la severa consecuencia de lo que se había visto obligado a hacer más de seis veces en su eterna vida.
"En vida y muerte, con fuerza, con amor, con lealtad; los protegeré en mi mundo y mi vida. No es por gloria, no es por poder, es por amor, por fe, por paz, por vida y muerte... Precepto uno..."
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Editado: 19.02.2026