Insospechado
La historia de Morgana Grossi inicia muchísimos milenios atrás. Era descendiente de las primeras familias de Wizdart que existieron. Fue por estas familias, tras su traición, que recibieron ese nombre, que simplemente significa "Proveniente de los elfos", pese a que el origen real era una explicación extensa, dudosa y penosa para ellos.
Esa traición trajo consecuencias devastadoras: la desaparición de algunas razas y la condena de otras. Los guardianes o razas superiores, los Zelldre y Hasselvi, detestaban a estas razas menores que robaron secretos e hicieron del mundo un caos por una sola razón: poder.
Morgana se encontraba en su lugar favorito del mundo mágico: a la orilla del "Lago de las Lágrimas". El lago estaba rodeado de cuatro montañas y tres bosques. Uno de ellos era de sauces, pinos y taurens; estos últimos eran árboles tan antiguos como el tiempo, que cambiaban de color según su humor, la hora y la estación. El segundo bosque era de manzanos, saúcos, Jazabell y tejos; el tercero, de pinos, fresnos y rohjos. Estos últimos parecían pinos, pero sus ramas tenían hojas delgadas como dedos, sumamente largas, de un color cobrizo que llegaba a tocar el suelo, dándoles la apariencia de gigantes peludos desde la lejanía.
Debajo, los pastizales se mezclaban con arbustos de rosales de todos los colores y dorx, unas florecillas con forma de pequeñas fogatas que se mecían con el viento en miles de colores. Toda la flora estaba conectada entre sí, uniendo el mundo mortal e inmortal en una armonía que recordaba al inicio del tiempo.
Lo más peculiar era que el fondo del lago brillaba como si albergara cientos de diamantes. Una triste leyenda hablaba de una tragedia del corazón y una traición que dio origen a sus aguas, formadas por las lágrimas de toda una nación. Aunque para muchos, aquello no era más que un cuento romántico. El agua era tan salada que resultaba imposible nadar en ella o beberla, pero, aun así, poseía una vida marina única.
Morgana estaba sentada sobre el tronco de un viejo árbol caído. Los Jazabell permitían que la madera de sus hermanos fuera usada para bancos y mesas con tal de que su recuerdo no desapareciera del mundo.
—¡Al fin te encuentro! —dijo una voz a su espalda, cansada y fastidiada.
—Hace días no querías verme. ¿Ahora resulta que somos amigos? —Morgana sonrió con sarcasmo sin girarse.
Él se sentó a su lado, ignorando la burla.
—No dije que no fuéramos amigos.
—Es solo que, desde que volvimos y la encontraste… eres otro.
—No soy otro, soy solo… —Elinor guardó silencio, observando el paisaje.
—¿Qué ocurre?
—No sé qué hacer... ¡Kira es otra persona! No pude convencerla de que se aleje de él —explicó Elinor con la voz quebrada—. Sola no podrá protegerse.
—Entonces tú debes protegerla.
El temor de Elinor encajaba perfectamente en el retorcido plan de Morgana; de paso, aseguraba su control sobre él.
—¡No me lo permitirá! Ella me ha dejado fuera de su vida.
Elinor apoyó las manos en la mesa de madera, clavando sus ojos grises en el agua que reflejaba un sinfín de colores.
—No vas a pedirle permiso. En ocasiones debes proteger a alguien aun en contra de su voluntad —aclaró Morgana mirándolo fijamente—. ¿Acaso esa no es una de sus reglas?
—Sí, algo parecido... —murmuró Elinor. Algo en su interior le prevenía, pero el deseo de recuperar a Kira era más fuerte.
—Ella no tiene a nadie. Solo tú podrás protegerla, aunque ella no quiera darse cuenta —sugirió Morgana con falsa dulzura, tomando la mano del joven—. Solo tú puedes hacerlo.
—Pero no sé cómo —murmuró él. Una lágrima asomó en su ojo izquierdo y Elinor giró la cabeza para ocultarla.
—No debe ser difícil.
—Ella es la persona más difícil que jamás he conocido.
—Si me lo permites, yo puedo ayudarte.
Elinor dudó. Sabía que Morgana se había mostrado un tanto errática últimamente, pero siempre había sido su mejor aliada.
—Con eso terminaré de romper las reglas —opino con temor.
Conocía el castigo: si el Clan de Vigilantes se enteraba de esa unión, lo llevarían a la Antigua Torre. Su sangre alimentaría el fuego azul y su alma sería consumida.
—Solo deben quedarte una o dos reglas intactas —dijo Morgana con sarcasmo.
Elinor apretó las manos de la Wizdart.
—¿Siempre estarás conmigo? —preguntó con ternura, dejando que la lágrima rodara por su mejilla.
—Claro. Yo siempre estaré a tu lado.
Morgana lo abrazó y él se recostó en su pecho. Para Elinor, ella era el único pilar que le quedaba, la única que lo apoyaba sin juzgar si sus decisiones eran correctas o no. Morgana, por su parte, sonrió para sus adentros. Él era la llave. La pérdida de la Vigilante era, para ella, un sacrificio digno.
—Será como tú digas —susurró Elinor.
Se quedaron allí un largo rato. Morgana ya imaginaba el regreso de Lukyan a su lado, aunque una pequeña duda la asaltaba: ¿Cómo reaccionaría el Zelldre ante la pérdida de Kira? Decidió ignorar ese pensamiento y seguir perfeccionando su plan.
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Editado: 19.02.2026