Historia Oculta - El trazo de la sangre, tomo 1

Veintiuno

¿Traición?

Lukyan Aleksei estuvo con fiebre casi todo el tiempo. Despertaba ocasionalmente cuando sus fuerzas eran suficientes solo para encontrarse en un sitio extraño; el aroma de ella lo rodeaba y eso lo mantenía tranquilo. En medio de su delirio, notó algo inquietante: los ojos de Kira y los de Domenicus eran exactamente iguales, plateados con un halo negro rodeando el iris. No lograba comprender por qué ella tendría una relación genética con el Hasselvi.

—¿Por qué ella tiene los ojos de un inmortal? Ella... ella es humana... no entiendo. ¿Por qué con él?

Aún se encontraba en la habitación principal, cubierto por las frazadas que Kira le había puesto. Intentó levantarse un sinfín de veces, pero la cabeza le daba vueltas. El veneno de la sangre de Assazzel nublaba su mente con alucinaciones atroces; imágenes de pasados distintos se superponían en su cabeza.

Logró ponerse de pie con esfuerzo. A su derecha, en el buró, vio un portarretratos con una fotografía de ella. Kira no se veía triste ni contenta; solo estaba allí... esperando. Comenzó a caminar hacia la puerta dando traspiés, atravesó el pasillo y llegó al balcón interno. El aire lo refrescó un poco, pero su cuerpo estaba al límite del colapso.

Al intentar bajar las escaleras, su tobillo se dobló. Lukyan rodó por los peldaños hasta la planta baja. Se quedó tirado en el suelo, sin fuerzas para moverse y demasiado débil incluso para sentirse estúpido por su imprudencia. Kira y Domenicus se encontraban en la biblioteca cuando escucharon el golpe. Ambos salieron con rapidez. Ella corrió hacia Lukyan, deslizándose de rodillas y acomodando la cabeza del Zelldre sobre sus piernas.

—¿Por qué demonios nunca me haces caso? —reprochó Kira con angustia—. Te dije que no te levantaras de la cama.

—Debemos llevarlo arriba —opino Domenicus, poniéndose en cuclillas.

Al sentir el contacto del Hasselvi, Lukyan abrió los ojos. La furia y el dolor de la traición lo golpearon más fuerte que la caída.

—¡Me has traicionado! —gruñó Lukyan entre dientes, mirando a Kira con odio—. Me traicionaste... ¿Por qué?

Tratando de alejarse, se arrastró por el suelo hasta apoyarse en el barandal para ponerse de pie.

—Domenicus, ¿podrías marcharte, por favor? —pidió Kira con calma, sin quitar la vista de Lukyan.

—¿Estarás bien? —interrogó el Hasselvi con cautela.

—Sí... gracias. Márchate.

Domenicus se desvaneció y el silencio se volvió abrumador.

—Necesitabas la cura y fui a buscarla. Sola no la habría encontrado a tiempo —explicó ella.

Lukyan desvió la mirada. Se sentía dividido; no sabía si aquello era un recuerdo real o un engaño de su mente febril.

—No necesito... nada de ti —murmuró él, intentando subir el primer escalón. Kira se paró frente a él y extrajo el trozo de la raíz de Jazabell.

—¿Sigues pensando que te traicioné?

Lukyan la observó fijamente. No entendía sus motivos, pero dejó que se acercara. Ella lo abrazó con cuidado y, por un instante, en medio del caos, él se sintió en casa. Ayudado por ella, regresó a la habitación y se dejó caer en la cama.

—Gracias —susurró apenas.

—Esto debería ser un té, pero como ha pasado mucho tiempo, usaré una concentración elevada —explicó Kira.

Cortó la raíz con una navaja y un líquido blanco-azulado y brillante comenzó a brotar. Lo recolectó en un vaso de metal y ayudó a Lukyan a beberlo. El sabor era amargo y el aroma extraño, pero él lo ingirió sin protestar.

—Pensé que esto te iba a doler —susurró ella, acercando su rostro al suyo.

De pronto, Lukyan comenzó a sufrir convulsiones violentas. El sudor perló su frente mientras intentaba contener un zumbido insoportable en sus oídos. Kira lo sujetó con todas sus fuerzas para evitar que cayera de la cama. Para el Zelldre, era como si sus músculos se destrozaran para volver a formarse; sentía fuego en las entrañas.

Tras lo que parecieron horas, los síntomas desaparecieron. La respiración de Lukyan se volvió pausada y tranquila.

—Creo que lo peor ha pasado —dijo Kira, colocando una toalla fresca en su frente.

—Estoy muy cansado —murmuró él con dificultad.

—Lo sé. Ahora descansa.

—No... no vuelvas a pensar siquiera en buscar tu muerte —la interrumpió él, tomando su mano con firmeza. Sus ojos estaban entreabiertos, desenfocados, pero percibía su esencia.

—No puedo prometer...

—No volverás a buscar tu muerte, jamás —insistió él.

Kira suspiró, conmovida por la petición.

—¿Por qué me pides esto? Si yo no estoy, nadie cuidará tus pasos y...

—Seguiré solo mi camino —sentenció él con una emoción indescifrable.

—Te prometo, Lukyan, que nunca más buscaré mi muerte.

—Bien. Eso es excelente.

Él se sumió en un sueño profundo. Kira lo acomodó en la almohada y le dio un tierno beso en los labios antes de sentarse en el sofá frente a la cama para vigilarlo el resto de la noche. Si había cometido un error al salvarlo, ya era tarde. Por la mañana él estaría recuperado, pero ella no podía dejar de pensar en las repercusiones que ese acto de misericordia tendría para el resto del mundo.




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