Historia Oculta - El trazo de la sangre, tomo 1

Veinteséis

El mal que surge II.

—Sé con precisión que en este momento deben estar reunidos los líderes de las órdenes blancas y que buscarán algún culpable por la muerte de ese minotauro —murmuró sarcásticamente Law Leabhar, una Zelldre de más de cincuenta mil años.

De apariencia pasiva, muy delgada, de cabello negro sumamente lacio y largo hasta los hombros, y de piel blanca. Sus ojos azules eran muy grandes e inexpresivos; sin expresión en el rostro y con una estatura de ciento noventa y cinco centímetros.

—En esta ocasión sé que te equivocas —interrumpió Lukyan a Law.

La mayoría se sorprendió, pues se habían acostumbrado a que él solo escuchaba si el tema era de su interés; de otro modo se retiraba sin siquiera pedir disculpas. Sin importar que fuera una aparente "democracia", su opinión era la que importaba; siempre se acataban sus órdenes.

—¿A qué te refieres? —interrogó Loky Eireann, un Wizdart del clan Espectrum, con extrañeza. Los oscuros estaban reunidos en la ciudad maldita de Doterani.

—Esto no es por culpables, hay algo más... no son ellos, ni somos nosotros —comenzó a explicar Lukyan después de una larga pausa—. Algo se está tragando al mundo, y seguramente querrán saber qué es.

—¿Qué planeas hacer? —interrogó Danu, una Jakzen de ciento ochenta y cinco centímetros de estatura, de rasgos finos, un poco esbelta y de ojos grises; su cabello largo a la altura de los hombros era de color castaño y su piel clara.

Ellos estaban reunidos en la vieja gran casa de Lukyan, que estaba sobre una colina al final de la calle principal del ala norte de la ciudad. Sin duda era una construcción aterradora que se alcanzaba a apreciar desde la entrada de la ciudad en cualquiera de sus ángulos; era una casa que parecía estar abandonada desde hace un par de siglos. Su jardín frontal tenía cuatro taurens que estaban secos desde el interior hacia fuera; sus hojas ya no florecían más. El clima era tan frio y lúgubre como todo a su alrededor.

Detrás de ellos le daban paso a una gran mansión de ciento veinticuatro habitaciones. Esta casa estaba pintada en sus paredes de color negro; las ventanas de madera eran de un color gris oscuro que no permitía el paso de la luz, y contaba con cuatro pisos, un sótano y un desván. Los pilares que sostenían el techo del pórtico eran de los gigantes huesos de dragones que el mismo oscuro había matado.

En la parte posterior se encontraba un jardín que, en alguna época de su vida, debió de haber estado lleno de vida vegetal, pero que ahora se ennegrecía con las ramas de las enredaderas secas alrededor de los árboles muertos; la tierra, en lugar de observarse verde, se veía café por la sequía de los pastos. Sin lugar a duda, Lukyan había dejado que ese lugar muriera, de modo que algunos pensaban que la forma en la que lucía su casa era como lucía él en su interior.

En el gran salón dispuesto para esta reunión se encontraban reunidos los nueve. Los oscuros no eran dados a hacer ese tipo de reuniones; sin embargo, los acontecimientos de esos últimos años los habían obligado.

La orden Ainon, en nombre de Ainon Kint, un Jakzen que fue muerto antes de la Primera Gran Guerra: la Jakzen Danu Lir, el líder Balial Grannos y la Jakzen Ayne Camulos. El segundo grupo era la orden Darlok, en nombre de Akashia Darlok, una Zelldre muerta durante la Segunda Gran Guerra: la Zelldre Awen Vlaid, el líder Lukyan Aleksei y la Zelldre Law Leabhar. La orden Espectrum, en nombre de Espectrum Athasha, muerto después de la Segunda Gran Guerra: el Wizdart Loky Eireann, la Wizdart Rowan Carthy y el líder Belial Nauvy; ellos eran los que componían el grupo de los nueve.

Pero sin importar mucho en realidad el orden, el líder de los oscuros era, y siempre sería, Lukyan Aleksei. Aunque se encontraran reunidos los líderes de los clanes, el Zelldre era el líder de los nueve, no solo porque fuese de los más antiguos, sino porque era el más peligroso de todos.

—Eso es algo que tenemos que solucionar juntos —respondió la Wizdart Rowan, sin dejar que Lukyan lo hiciera.

Aunque esa era una idea realmente nueva entre ellos, todos guardaron silencio. Sin importar lo que quisieran o pensaran, no tenía la menor importancia.

—Haremos exactamente lo que ellos esperan, seguiremos el curso normal de las cosas. En el proceso, consigan todos los objetos oscuros que puedan. No me importa de qué modo lo consigan... Esperaremos a su próximo movimiento —ordenó con calma pero con voz fuerte. Lukyan sin duda estaba acostumbrado a que se hiciera lo que él ordenaba, y que nadie le reprochara ni interrogara por sus decisiones.

—¿Qué crees que es lo que harán? —interrogó Balial atrayendo la atención de todos.

El lugar donde estaban reunidos era elegante y aterrador, de alguna manera hermoso. Las paredes, con sus tres metros de altura, eran de un azul oscuro en combinación con negro perfectamente iluminado.

—¿Recuerdas la última profecía de Torrenz? —interrogó Lukyan viendo a Balial.

—La recuerdo vagamente —respondió el Wizdart haciendo memoria—. Pero, ¿cómo crees que lo harán?

El resto de los oscuros reunidos en el lugar estaban confusos, pues nadie era tan viejo como ellos para entender lo que hablaban y, evidentemente, no les iban a aclarar las dudas que ellos mismos habían provocado. Ambos habían estado en la reunión pasada, después de la última gran guerra.




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