Mundo oculto: Sidonn
Sidonn es un lugar hermoso, cálido y frío al mismo tiempo, sin llegar a tener un clima templado. El viento tiene aroma y juguetea con los gigantescos árboles de sus inmensos bosques. Las murallas boscosas que la ocultan de la vista de los curiosos albergan vida: criaturas benévolas y tan terribles como aquellas que albergan las más aterradoras pesadillas.
En este sitio se podía sentir bienvenido cualquiera, sin importar de qué lado se esté; Sidonn, por mucho, era un refugio, un lugar en donde se podía estar a salvo. Era un lugar oculto, una de las ciudades ocultas; es un lugar de magia pura en donde se crearon muchas de las magníficas criaturas del mundo mágico. En ella fueron creadas muchas de las razas que caminaban por el vasto prado que algunos llamaban hogar. Era una de las siete primeras, de los primeros asentamientos que los seres mágicos establecieron.
Todo ahí está lleno de valles que parecían interminables y montañas tan grandes que se pierden en el horizonte. Con montañas tan elevadas que para muchos sería imposible llegar a la cima si no cuentan con un par de fuertes y extraordinarias alas. El clima es agradable: no hace frío ni calor. La razón era porque la ciudad tenía vida propia, como un gigantesco ser de piedra, agua y vegetación.
Desde esa parte del mundo mágico todo se ve muy claro; deja que su claridad y su calma invadan a sus huéspedes y, sobre todo, a sus eternos habitantes. Por ella transitan Oscuros y seres de luz libremente; es un lugar neutral. En esa ciudad hay una bóveda hecha de rocas, como si fuese un iglú de rocas oscuras; su enorme entrada estaba sellada con magia: nada podía entrar al lugar y nada podía salir de allí.
Fue edificada por todos aquellos que deseaban un mundo mejor después de haber vivido una era de destrucción y desesperanza. Es en esta bóveda donde descansan los restos de Torrenz, el oráculo que dio un giro inesperado al destino del mundo mágico. Él fue descendiente Nouma de una "especie" que en la actualidad está casi extinta. Pero fue este quien rompió con todos los esquemas que sus generaciones pasadas se habían tomado milenios en formar, que había atravesado por gigantescas guerras y el pacto de paz más poderoso de todos los tiempos.
Esta ciudad, sin duda alguna, ha sobrevivido a las siete guerras que han existido a lo largo de la vida del mundo mágico; ha caído y se ha levantado el mismo número de veces, pero siempre más fuerte y poderosa que antes, al igual que sus habitantes. Los seres que en este lugar habitan son elfos, gnomos, duendes y enanos; ese es el lugar de una de las aves Xinex. Un ave de fuego que podía dar vida e incluso revivir a los muertos; se creía que las otras dos habían muerto a manos de un muy antiguo y viejo enemigo del mundo mágico. Uno que miles de milenios atrás había sido vencido y desterrado de la existencia libre de la magia y la vida. Dentro de la ciudad hay huertos en donde trabajan los duendes y minas en donde los gnomos gobiernan; extensos bosques en donde los elfos han formado su propio imperio.
Los lagos de esa ciudad son de agua cristalina semejantes a los que existen o existieron en el mundo mortal. En esta ciudad crecen pinos, manzanos, abedules, sauces, jacarandas y otra variedad de árboles del mundo mortal. También se encuentran plantas de jazmín, manzanilla, hierbabuena, tomillo y otras plantas utilizadas en la cocina mortal como especias. Del mismo modo crecen rosales, claveles y alcatraces, dándole una vista hermosa al lugar. Desde la punta norte de la ciudad, la vegetación haría pensar que se trata de una ciudad completamente mortal.
Hacía un par de minutos que había estado observando las inscripciones de la puerta, tratando de adivinar qué era lo que los antiguos habían querido expresar allí.
—¿Por qué tengo el presentimiento de que lo que vas a decirme tiene que ver con Torrenz? —murmuró viendo las piedras que cerraban la bóveda donde descansaban los restos de Torrenz. Tenían un extraño grabado sobre ellas; solo aquellos que eran realmente antiguos conocían el significado.
—Se supone que el psíquico es Lukyan —respondió Domenicus en tono irónico acercándose a ella.
La tarde era apacible y cálida; el viento soplaba lentamente, como un abrazo arrullador.
—Después de que Lukyan dejó mi casa, tuve la necesidad de venir aquí, así que supongo que tu presencia en este lugar no es por coincidencia.
Volvió a ver a Domenicus. Él la observó con detenimiento; no recordaba la última vez que se atrevió a buscarla en un lugar público.
—Me temo que no.
—¿Por qué este humano era tan importante para el mundo mágico?
—Pensé que eso ya lo sabías.
—Sé lo que todos —respondió acercándose al Hasselvi.
Tal parecía que todos se daban cuenta de aquella conversación entre esa extraña Vigilante y el Hasselvi, pero nadie hacía comentario alguno, o siquiera intentaban saber de qué se trataba. Quizá sería porque los dos eran sumamente conocidos, además de respetados.
—Pues fue porque desde que era niño podía predecir el futuro, como lo habían hecho su padre y su abuelo. Por más de miles de eones, el mundo mágico se ha basado en sus profecías; él estuvo durante y al final de la Quinta Gran Guerra. Cuando Ian y Kazzir hicieron el pacto de paz que duró todo ese tiempo... él le dio un giro completo al mundo; hizo y predijo cosas que aún están ocurriendo. Fue el último de su raza. Con Torrenz murieron los oráculos; sus profecías eran sumamente exactas —explicó él con calma lo poco de aquella larga historia que parecía que todos habían olvidado.
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Editado: 19.02.2026