Sentimientos
Lukyan estaba recostado en su cama, una cama antigua de dosel. Estaba tratando de recordar, pero parecía que, en los eventos más importantes, su memoria decidía irse de viaje y hacer caso omiso a sus órdenes. Había intentado escribir alguna bitácora, pero misteriosamente esta desaparecía. No sabía cuántas veces había tenido que volver; habían sido tantas, y en todas ellas había fracasado.
Se levantó de un golpe, dirigiéndose al cajón de su buró derecho. Allí tenía un pequeño libro de cuero negro con el símbolo de su familia en oro; justamente a la mitad tenía una fotografía reciente, es decir, de hace unos treinta años. En la foto se apreciaba una chica rubia, de ojos marrón, con una hermosa sonrisa. Ella no sabía que estaba siendo acosada por los humanos, por uno en particular. Para Lukyan no fue ningún problema desaparecerlo y desviar la atención de esto hacia alguien más.
Pero en esa fotografía parece que ve a la cámara y que le sonríe. Pensó que, si él no fuera el ser que era, quizá habría podido acercarse a ella antes, quizá podría… no, eso no pasaría. Sin importar qué sucediera después, ella no iba a estar a su lado. Esto solo le traería desgracias o la muerte misma; no podía permitir eso, porque no estaba dispuesto a regresar una vez más. Tenía que solucionar todo en este último intento: era darlo todo o nada.
—No sé qué nos depara el futuro, pero… no será como las otras ocasiones.
—Si no puedes recordar… ¿cómo sabes que será diferente?
Su espectral amigo lo observaba desde la puerta; parecía que, de haber tenido forma física, habría estado recargado en el marco.
—Tiene que ser así. No estoy dispuesto a regresar otra vez y recordar menos cada vez. ¿Qué ocurre si la próxima vez no la recuerdo a ella? ¿Qué pasa si olvido que ella es todo para mí?
El espectro meditó conscientemente sus palabras; había terror en la voz de Lukyan. Dolorosamente tenía razón: él, de entre todos los Guardianes, era el que había sacrificado demasiado para corregir lo que vendrá. Muchas veces se vio forzado a usar su poder; para reiniciar todo... preparó café solo para pasar el rato, y decidieron que continuarían la charla en la sala, incluso cuando fallaba en cierto punto, había preparado salvaguardas para que todo comenzara de nuevo. Pero era evidente que ahora estaba agotado. Cada reinicio se había llevado parte de su memoria y cada vez era menos lo que lograba recordar. Entonces, en cada oportunidad, en algunas cosas era como caminar a ciegas.
—Pero no sabes qué pasará en esa reunión… no sabes cómo es que el ser el enlace le afectará.
—No, no lo sé…
Lukyan se puso de pie; se sentía realmente frustrado.
—¿Entonces por qué decidiste que ella fuera el enlace?
—Porque es en la única persona en quien confío.
—¡Ouch! Eso duele.
—Persona viva, tonto.
—Bien, iba a preocuparme por el hecho de que anduvieras por allí con otros fantasmas.
—¡Idiota!
Lukyan se quedó pensativo.
—¿Idiota? ¿Me llamas idiota cuando eres tú quien está aquí en lugar de estar con ella?
—¿Qué? —Lukyan se veía realmente confundido.
—Ve con ella, te necesita… y aun cuando odie decirlo, tú la necesitas.
Después de que le dijo eso, se desvaneció como era su costumbre. Lukyan dejó la fotografía en su cajón, alisó su cabello y se desvaneció en el éter.
Kira estaba en su cocina preparando algo de cenar. Estaba exhausta y solo quería cenar e irse a dormir. Tenía mucho en qué pensar y qué revisar, pero por ahora no quería saber nada sobre el mundo. Tenía ganas de estar sola, de descansar y de no pensar. Había comprado algo de carne; hacía mucho tiempo que no se daba uno de esos gustos. Compró vino de un viñedo que conocía en Europa. Preparó una ensalada cruda y se dio cuenta de que realmente tenía hambre.
—Eso huele delicioso.
Kira casi saltó de su propia piel; afortunadamente no tenía nada en las manos.
—¡Voy a ponerte un cascabel del tamaño de tu cabeza!
Él rió; realmente rió.
—Lo siento, yo pensé que te habías dado cuenta… siempre sabes cuándo andamos por aquí.
—Estoy cocinando algo delicioso, eso cubre cualquier aroma. Así que no sabía que habías llegado; gracias por casi matarme del susto.
Lukyan se acercó a la barra donde ella estaba preparando la comida.
—Eres una exagerada, un susto no puede matarte.
—Sí, bueno, casi me provocas algo.
—Me disculpo por ello.
Ella lo observó con curiosidad.
—Este comportamiento es…
—Solo quiero llevar la fiesta en paz hasta la reunión —la interrumpió.
—¿Nada tiene que ver con el hecho de que me convirtieran en el enlace?
—No… Bueno, algo.
—¡Algo! —lo arremedó—. ¿Conoces la profecía?
—Sí.
—¿Qué dice del enlace?
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Editado: 19.02.2026