Historia Oculta - El trazo de la sangre, tomo 1

Treinta y dos

El plan II

Morgana Grossi estaba furiosa; caminaba de un lado a otro en el interior de su casa. El lugar era como un palacete digno de los reyes de antaño. Nada de lo que allí tenía había sido creación humana; no es que odiara a la raza humana, solo era que, al no ser inmortales, no les prestaba atención. La decoración de una elegancia gótica que evoca a las cortes imperiales de los inmortales de los mitos antiguos. Tenía un par de horas discutiendo con Elinor por la misma razón: el nombramiento de Kira R. Reed como el Enlace.

Elinor no le veía el problema. Al menos ahora ella estaba protegida por los dos seres más poderosos que aún caminaban por ese mundo; después de todo, era lo que él siempre había querido. Entonces, no entendía la furia de ella. Comenzó a pensar que la razón de ello era otra, que nada tenía que ver con que fuera humana, Vigilante o su amiga. Quizá todo esto era por ellos, por recuperar el estatus que alguna vez tuvo al lado de Domenicus Talin y Lukyan Aleksei. Pero tal vez estaba equivocado, solo tal vez.

—Morgana, estás exagerando.

—No estoy haciéndolo. ¿Qué no lo ves?

—No.

—Ella es humana, es uno de ellos… El Enlace tendría que ser alguien con magia, con poder, alguien de nuestro mundo.

—Kira es de nuestro mundo, aun cuando no te guste.

—¡No digas su nombre! —le gritó—. ¡Tú no! Tú… solo no digas su nombre, no quiero escucharlo en tus labios.

Elinor estaba acostumbrado a sus cambios repentinos de humor, pero este arrebato de ira y tristeza le pareció demasiado.

—Bien, no lo diré.

Morgana se acercó al joven Vigilante, parándose frente a él. Él la observaba con cautela; era cerca de cuarenta centímetros más alto que ella.

—Lo siento, Elinor, no debí gritarte.

—Estás molesta, es normal.

—No, no es normal. Ella estará más en peligro. Al ser el Enlace, deberá tener contacto con cualquier criatura mágica que la busque con la esperanza de ser escuchada por alguna de las Órdenes… Aun con la protección de Domenicus y Lukyan, ella estará en riesgo constante al portar esas joyas de poder… ¿Cuántos se detendrán para intentar obtener esos anillos?

La semilla que ella había plantado en la mente de Elinor germinó con celeridad; su temor, el que creía ahora era una sombra, tomó vida propia.

—Tenemos que alejarla de ellos. De ser necesario, de este mundo.

—¿Estás pensando en matarla?

—No, eso nunca… contenerla.

—Crear una cápsula o prisión de contención nos llevará algo de tiempo —se quejó Morgana.

—Tómate el tiempo que necesites, yo las cubriré… si ella permanece con vida, lejos de todos… el pacto de paz entre Órdenes será eterno.

Esa idea realmente le gustó a Morgana; entonces, por primera vez, le vio la utilidad a Kira.

Un par de semanas después, Kira se encontraba en su biblioteca. Había tenido que adaptar varios muebles para los libros, pergaminos y papiros que le habían traído. Las Órdenes estaban cumpliendo al pie de la letra las indicaciones que Lukyan y Domenicus habían dado durante el concilio. Todos los días, casi todo el día, alguien le traía algo. Esa era la función del Enlace y era de suma importancia, pero también era sumamente agotador.

Le gustaba la idea de cerrar su casa y mudarse al mundo mortal. Muchos de los que habían ido a verla jamás se habrían acercado a ella; odiaban todo lo relacionado e incluso insinuaron la posibilidad de recuperar esos anillos. Ella los incitó a hacerlo e iniciar una guerra, eso sin duda los había hecho retroceder, pero tenía el presentimiento de que alguien lo suficientemente loco lo intentaría.

—Ahora eres muy popular.

—Todo gracias a ti —le respondió a Lukyan, quien por primera vez desde hacía semanas había vuelto a esa casa. Estaba sentado en el diván donde a ella le gustaba dormir.

—No tienes que agradecerme.

—Eres tan egocentrista —se burló dejando unos pergaminos sobre una mesa. Se volvió a verlo—. ¿Qué haces aquí?

—Eres el Enlace, vine a ver los avances de mi gente.

—Mentiroso. Sabes que llevaré esto a la Torre de los Dragones. Tu presencia aquí… era innecesaria.

El Zelldre se puso de pie, respirando sonoramente.

—Vuelves a poner un muro entre nosotros, Kira.

—Nunca debimos quitarlo, Lukyan —le corrigió alejándose de él hacia su escritorio.

—Quizá tengas razón.

Ella levantó la mirada; eso le había dolido.

—¿Qué pretendías que pasara? ¿Qué fuéramos amigos cariñosos solo cuando a ti se te antojara? Tú me metiste en esto; pudiste decir no o pedirle a Domenicus que buscara a otra persona… Si no tienes nada que pedirme que sea referente al Enlace o a ser tu Vigilante, vete.

Lukyan la observó con un extraño sentimiento en su pecho. Kira desvió la mirada lejos de él.

—Perdóname —le dijo antes de desmaterializarse. Cuando Kira levantó la cabeza, él ya no estaba.

No le gustó que se disculpara; no pretendía hacerlo sentir culpable. Quería haber dejado todo y saltar a sus brazos, incluso podía haberle pedido que la llevara con él, pero Lukyan no la había buscado con ese fin. En ese momento se dio cuenta de que cada vez que alguien tocaba a su puerta, quería que él estuviera detrás. Pero él no tocaba puertas y nunca estuvo allí, hasta esa noche.




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