¿Dónde está?
Domenicus Talin llegó a la Torre de los Dragones; las cosas que le enviaban a Kira ya estaban allí, pero ella no aparecía. Había muchos muebles y anaqueles donde ponían todos los textos o armas. Allí solo podían entrar las tríadas líderes de cada Orden; se encontraban muchas cosas que poco a poco iban desenterrándose. Pero le pareció que el lugar más seguro para esto era la casa de Kira.
—¿Has visto al Enlace? —le interrogó a Oak Tauris, quien estaba moviendo unos papiros.
—No, solo sé que trajo estas cosas y volvió a su trabajo... Vigilar a Lukyan debe ser un dolor de cabeza, supongo que la encontrarás por allí más tarde.
—Supongo que sí, gracias.
Pero su inquietud no disminuyó en lo más mínimo; seguía sintiendo en su corazón un desasosiego increíble. Iría a buscar a Kira y, si eso no daba resultados, entonces buscaría a Lukyan. Abandonó la Torre de los Dragones y se dirigió a casa de la Vigilante. Cuando llegó, la encontró particularmente silenciosa. En la biblioteca había más pergaminos, libros y artefactos que supuso pronto llevaría a la Torre de los Dragones.
Pero en toda la casa no había rastro de ella. Tampoco había comida en el refrigerador o en la despensa, entonces pensó que quizá este era el motivo por el que no estaba en casa. Decidió esperar un par de días antes de volver a buscarla.
Lukyan se encontraba en Doterani. Había allí un jardín que era de su gusto particular, tan frondoso y oscuro como cualquiera de los que allí habitan, lleno de calles y bancas para descansar. Desde hacía unas semanas había sentido la necesidad de ir a ese lugar, pero no entendía bien el porqué. Si bien ese era un lugar de su agrado, el que necesitara ir allí no era su prioridad.
Se sentó en una de las bancas, observando los inmensos árboles de troncos gruesos y altura descomunal, con un follaje tan denso que apenas pasaba el sol. La flora y la fauna allí sí existían; era un lugar oscuro, no muerto. Observó a un ave revolotear hasta que sintió a alguien sentarse a su lado.
—¿Ahora qué quieres, Morgana?
—Solo vine a traerte un envío de Kira.
El que el nombre saliera de los labios de la mujer con tanta calma lo hizo girarse a verla con rapidez.
—¿Qué diablos?
—Ok, no de Kira... Ella se lo entregó a Elinor, pero sabía que en cuanto se acercara a ti lo harías papilla, ni siquiera lo dejarías decir "hola", así que mejor vine yo.
—¿Qué te hace pensar que estás a salvo?
—Que tienes curiosidad de saber qué es lo que te envió...
Bien, eso era cierto.
—Te concederé eso.
—Ella le habló de su relación y su rompimiento el día de la reunión en la torre. Le dijo que no quiere tener contacto contigo... por un tiempo. Para probarse a sí misma que era así, te devolvería esto —le explicó sacando el anagrama que era la llave de la Prisión de Braxas.
El Zelldre no supo definir sus propias emociones; se sentía furioso, sorprendido, asustado, decepcionado.
—Bien, así me será más fácil recuperar lo que me pertenece —le respondió arrebatándole el anagrama y guardándolo en su bolsillo—. ¿Algo más?
—¿No te molesta esto? Ella renunciando a ti.
—No, ambos sabíamos que solo era una aventura sin importancia, algo para pasar el tiempo hasta la reunión. Así que no le tomaba importancia. Si eso es todo, me retiro —le dijo poniéndose de pie.
—Lukyan...
—¿Sí?
—¿Algún día podremos recuperar lo que teníamos?
—¿Qué teníamos, Morgana?
—No éramos amigos, solo éramos un grupo de guardianes creyendo que éramos importantes.
—Yo estaba enamora...
—No, tú creías estarlo. Nunca ha habido sentimientos semejantes en tu corazón por nadie —la interrumpió con brusquedad—. Deja ya esa mierda.
Dicho eso, se desmaterializó sin dirección alguna. Finalmente llegó a casa de Kira. Pensaba reclamarle, pensaba gritarle por querer alejarse de él... Después de eso, se arrepintió; volvió a su casa, de donde no saldría en muchos días.
Morgana Grossi regresó a Amorfiss, una ciudad antigua de roca donde cada uno de sus edificios y antiguos caminos habían ido desapareciendo. Las antiguas lámparas aún iluminaban los viejos senderos; estas encendían su flama cuando el sol estaba desapareciendo por el horizonte. Muchas de las criaturas que habitaron esa magnífica ciudad ya habían muerto en la última gran guerra. Las que sobrevivieron huyeron a otras ciudades o escaparon al mundo mortal.
Las viejas mazmorras de Amorfiss se encontraban ocultas y rebosantes de magia. Hacía demasiados siglos que nadie las había utilizado, así que eran el lugar perfecto para lo que iban a hacer: encapsular a Kira fuera del tiempo. Un hechizo poderoso, peligroso y que requería de mucho tiempo. Elinor y ella habían dejado a Kira bajo el cuidado de Hairina Dea mientras preparaban el resto del plan.
Se quedó en la entrada de las mazmorras a esperar que Elinor regresara. Hairina Dea estaba sentada sobre una de las sillas de roca dentro de la celda. En el centro había una cama de piedra con cuatro cadenas de plata negra de las minas de Thenet que surgían de la tierra. En el suelo, debajo de la cama, había labrado un antiguo símbolo; este canal recogía la sangre y alimentaba la tierra. Sobre la cama estaba una inconsciente Kira, con grilletes en sus pies y manos.
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Editado: 19.02.2026