Miedo…
—¡No voy a ocultarme más! —gritó Elinor, arrojando la silla al suelo cuando se puso de pie—. Hairina fue quien la mató —concluyó entre dientes, sintiendo furia contra sí mismo y golpeando la mesa con sus puños.
Él la había puesto en esa situación; no quiso escuchar las advertencias de Nicolai Didrik y se resistió a escuchar a su corazón. Ahora solo le quedaba el arrepentimiento por los errores cometidos.
—No estamos libres de culpa… nosotros la pusimos en esa encrucijada —recordó Morgana, aún sentada en el comedor de la cabaña muy vieja en el mundo mortal.
Ahora que podía ver las cosas con claridad, era realmente tarde. Se dio cuenta de que la razón que la movía a hacer todo aquello nunca fue la que ella misma creyó.
—¡Yo le dije… que no la dañara! —le recordó Elinor.
—Ellos no respetan un pacto jamás.
—Tampoco nosotros.
No estaba tratando de justificarse, ni siquiera culpaba a Hairina por la muerte de Charlotte Ferrec.
—No podrán encontrarla —repuso él, muy seguro de sí. Su mirada se había perdido en el abismo, al igual que su cordura—. Él no la encontrará, jamás.
—Lo harán, solo es cuestión de tiempo —corrigió Morgana con tranquilidad, trayendo a Elinor a la realidad.
El Vigilante suspiró ruidosamente, pero la opresión que sentía en su pecho por la desesperación y muerte de Charlotte no le permitía respirar bien. Por momentos sentía que estaba a punto de ahogarse; deseaba volver el tiempo atrás y, esa noche, haber partido a Djabeil sin despedirse de ella.
Cuando la encontraron, Elinor la tomó en sus brazos y el grito de dolor que salió de su garganta había sido desgarrador. Le decía su nombre una y otra y otra vez, como si con ello lograra hacerla despertar. Al día siguiente de su muerte, regresaron a las mazmorras de Amorfiss para llevarse el cuerpo de Charlotte. Era lo más que podía hacer por ella, se lo debía.
Morgana comprendió al momento de verlo que había cometido un terrible error. Sin duda, él era la persona que más amaba; verlo sufrir de esa manera destrozó su corazón. Se culpaba a sí misma por no haber previsto eso; en su afán de recuperar a un amigo, Elinor perdió lo que más había amado. Y no podía hacer nada para salvarla o para recuperarla.
Cuando por fin Elinor Thorne logró calmarse, ella tuvo que convencerlo para que la enterraran. No le permitió que le dijera a nadie lo sucedido, de modo que la llevaron al único lugar donde podría descansar para siempre.
—¿Qué pasará con nosotros? —Elinor se recargó en la pared con tristeza en su rostro; se veía descuidado. El brillo que había en su mirada había desaparecido; la fortaleza de su alma se habría ido con ella.
—Pasará una de dos cosas… Lukyan nos matará o nos desterrarán del mundo mágico.
—¿Y a los otros tres? —Elinor ya no deseaba hablar más, pero quería saber.
Morgana podía ver la furia y el dolor en los ojos del Vigilante, y esto hacía que se culpara aún más.
—Ellos quedarán libres de esto… yo les dije que yo pagaría las consecuencias —respondió la Wizdart con calma, tratando de que su voz no se quebrara.
—Yo solo quería protegerla —murmuró dejándose caer en el suelo. Colocó sus codos sobre sus rodillas y se tapaba el rostro con desesperación; quería despertar de una pesadilla en la que había entrado… sin la necesidad de dormir—. Solo quería protegerla...
—Lo sé —dijo Morgana sentándose a su lado. La Wizdart lo abrazó para consolarlo. Él recargó la cabeza en el pecho de ella y las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos.
—Estamos perdidos.
—Sí, no nos queda lugar adonde ir —respondió la Wizdart con amargura. Se quedaron en silencio a la luz de las velas, ocultos en alguna ciudad del mundo mortal.
"Tu voz es un murmullo eterno en el mundo de las sombras… y no me deja partir."
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Editado: 19.02.2026