Necesidad
Los Vigilantes habían convocado una reunión extraordinaria; se habían reunido desde temprano en el viejo auditorio. Este había sido construido muchos siglos atrás con ese único fin: ser un centro de reuniones. Después de que uno de los Vigilantes diera por iniciada la sesión y explicara uno de los motivos por los que se habían reunido, Madaris Laer tomó su lugar en el centro de la explanada. Lucía algo cansado.
—Sé que para muchos lo que voy a decirles no es de importancia —comenzó a explicar, tratando de estar lo más tranquilo posible—. Pero me aborda la necesidad de romper las reglas de la hermandad… tal como muchos de ustedes, y sé que… es un viejo secreto a voces.
Todos lo observaban con extrañeza.
—Pero a toda regla hay una excepción —murmuró con nervios, al final de unos interminables minutos de silencio.
—¿Y tu excepción qué hizo ahora? —interrogó Lorna con una evidente sonrisa en el rostro; difícilmente podría creerse que, entre tanta gente, solo algunos cuantos la apreciaran.
—¡El pacto que se hizo en Sidonn… se ha roto! —respondió Madaris, dejando ver la intranquilidad en su voz—. Creemos que el Enlace ha muerto.
Todos los Vigilantes guardaron silencio; tal parecía que una corriente invisible les había quitado la voz de un golpe. Pero no era por la muerte del Enlace, era por la posible guerra que se avecinaba.
—¿Cuándo sucedió eso? —Sam Enzo rompió el silencio que se había creado en el auditorio alrededor de ellos.
—Justo en el momento en que Charlotte desapareció… el problema es que están involucrados dos magas y un Vigilante —comenzó a explicar Madaris con un tono de voz intranquilo; nunca antes había vivido tales eventos—. Tampoco he podido localizar a Elinor Thorne.
Un gran temor se apoderaba de sus corazones; miles de ideas comenzaban a crecer en sus cabezas. Ninguno de ellos era tan antiguo, ninguno había vivido una guerra. Era mucho decir que habían presenciado ataques perpetrados por los Oscuros hacia el Círculo de Fuego, pero jamás algo tan aterrador como lo que estaba por venir si las palabras de Madaris eran reales.
—¿Thorne? ¿Qué relación tiene con la desaparición de Charlotte? —interrogó un Vigilante de apariencia cautelosa, de cabello castaño claro lacio, piel tan clara como el papel y ojos almendrados. De complexión atlética y doscientos dos centímetros de estatura, llamado Alexander Bradford, atrayendo la atención de Madaris y del resto del grupo.
—Aún no lo sé… y eso es lo que más me preocupa… tuve que acudir a Domenicus Talin para poder encontrarla —respondió Madaris con cautela, dejando entrever el dolor en su mirada.
Recordó en ese momento cómo es que había llegado Charlotte a su vida y la forma en la que ella se había convertido en una hija. El saber ahora que quizá no la volvería a ver, y que sin duda esto daría pie a que se desatase una guerra, era un temor que nunca vio venir. Tenía que encontrarla y rogar porque Lukyan no desatara su ira sobre su gente, aunque esto último era casi imposible.
—¿Es posible que esté con vida? —interrogó otro Vigilante.
—De ser así, no habría más problema —concluyó Jair Omaisis.
—El problema es que el pacto de paz fue meramente temporal… solo duró algunas semanas.
—¿Qué es lo que debemos hacer ahora? —interrogó Alexander en tono conciliador, sintiéndose extraño.
Sin duda, él muchas veces había deseado que el trato hacia Charlotte fuese distinto; quizá fue de los pocos que le brindó su apoyo incondicionalmente. No le importaba la forma en que ella llegó a los Vigilantes: era una de ellos y eso era lo que importaba.
—Debemos estar alerta. Quiero que nos reunamos dos veces por semana… quiero pedirles que sean más cautelosos —respondió Madaris con calma, sabiendo que nada podrían hacer para encontrarla—. No quiero que desaparezca un solo Vigilante más.
—¿Qué haremos con respecto a Charlotte y a Elinor? —interrogó Jair Omaisis unos segundos después, frunciendo un poco el ceño.
Desaprobaba la idea de Madaris de no hacer nada; ellos tenían que aparecer. No quería que fueran una de las estadísticas de “desaparecidos en acción”. Había perdido a demasiados amigos a lo largo de su interminable vida, pero no quería perder a más. Si bien Charlotte no era una amiga íntima, la apreciaba y era importante para él.
—Ya tengo a alguien buscando a Charlotte. Quiero que localicen a Elinor; él puede saber qué fue lo que pasó o si hay alguna relación con esto —respondió Madaris cruzando los brazos sobre su pecho, recorriendo con la mirada los rostros de todos los Vigilantes que aún quedaban con vida.
Muchos de ellos habían peleado a su lado en innumerables batallas y se encontraban allí con él ahora que el camino estaba cambiando nuevamente. Sabía que lo que estaban por sortear le arrebataría la vida a muchos, pero también entendía que cada uno de ellos moriría con valor.
—¿Quiénes… quiénes eran las magas que intervinieron? —interrogó Lorna con calma.
Madaris clavó la mirada en el suelo, como si no quisiera revelar la identidad de ellas.
—…Morgana Grossi… y Hairina Dea… —respondió Madaris sintiéndose apenado, porque él había sido de los primeros en externarle confianza a Morgana cuando regresó a Tellmon.
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Editado: 19.02.2026