Rastros en el tiempo
Tiempo atrás, hacia los días del final de la Segunda Guerra Mundial, cerca de 1945, en el mundo mortal, un secreto familiar había sido descubierto por la persona menos indicada. Tal secreto podía develar una realidad inconcebible. El resto del mundo mortal se encontraba en una tensa calma; los reclamos de los seres humanos, asqueados del tiempo en el que vivían, comenzaban a escucharse como un leve murmullo que precede a un terrible alarido.
Dorian estaba por cumplir los cuatro años cuando la familia que había conocido hasta entonces murió a causa de un bombardeo. Criada en casas temporales hasta la adolescencia, llegó a trabajar en casa de una familia gracias a que tuvo la fortuna de acompañar en un largo viaje a una amiga de su madre, Katherine Minov. Esta la adoptó casi tres años después. En su edad adulta, llegaron a trabajar y vivir para el señor Andre Sunger. Este último había perdido a su esposa hacía apenas seis meses, así que necesitaba ayuda más que nunca para criar a su único hijo, Paul, de tan solo ocho años.
Dorian creció cuidando a Paul como a un hermano. Con el paso de los años, ese amor filial que sentía por él fue tomando un nuevo rostro, oculto detrás del silencio. A lo largo de su vida juntos, Paul se casó en tres ocasiones y tuvo alrededor de siete hijos. Pero el día en que su vida sería marcada para siempre fue en su décimo tercer cumpleaños: ese día, su padre le contó una historia de un mundo oculto a los ojos mortales; un secreto que había acompañado a su familia durante muchas generaciones y que debía pasar a uno de sus hijos, aquel al que más confianza le tuviera.
Ese mismo día le advirtió que nadie debía enterarse de ello, pues su vida correría peligro. Por un largo tiempo, este secreto estuvo a salvo en los labios de Paul. Sin embargo, como era de esperarse, alguien se había enterado de todo lo que él sabía. Con ese gran secreto se resguardaba una pieza mágica de poder ilimitado; lamentablemente, ese alguien conocía el mundo oculto. Se había hecho pasar por amigo de la familia por muchos años, pero siempre fue una persona sumamente siniestra. Ahora, como su padre lo había predicho, Paul corría peligro.
Durante el tiempo que él vivió sobre la faz de la tierra, siempre estuvo a su lado Dorian, quien para él era más que una amiga: era una hermana en la que podía confiar su vida. Y de ese modo lo hizo, pues fue a Dorian a la única persona a la que le reveló el secreto familiar. Siempre pensó que, con ello, también la estaba poniendo en peligro.
Ahora era ella quien debía cargar con un secreto que no le correspondía; ahora ella debía proteger aquel objeto con su vida de ser necesario. Pero cuando pensó que las cosas estaban por terminar, su corazón sufrió un severo golpe: Paul Sunger fue asesinado misteriosamente. Aun cuando ella conocía el motivo de su muerte, se vio obligada a callar. Sobre todo con la llegada de un viejo amigo de la familia, un anciano que ella recordaba desde que era niña y que se había mantenido cerca de ellos; él le dijo que, si revelaba la causa de la muerte de Paul, quizá ella correría el mismo destino. De modo que así lo hizo.
Cerca de su cumpleaños número cincuenta, un Zelldre dio con la pista del objeto que la familia había estado protegiendo por tanto tiempo. Este Zelldre había desaparecido de la faz del mundo casi al mismo tiempo en que la vida de Lukyan se volvía un caos.
El anciano amigo de la familia se vio forzado a proteger a Dorian, teniendo un enfrentamiento rápido y sobrehumano con el agresor. Viéndose obligado a mostrar su verdadero rostro, en el momento en que lo hizo, la joya sintió su presencia; al liberar parte de su energía, provocó que el cuerpo de Dorian regresara casi treinta años en el tiempo. Este impulso no solo la afectó a ella, también al viejo amigo de la familia. El Zelldre no consiguió su objetivo, pero hizo más daño del que se podía esperar.
Dorian, además de la tristeza y el peso del legado de Paul, tuvo que mantener oculta la verdadera identidad de aquel anciano quien, pese a no recordar lo sucedido ni mucho de su vida, la protegió. En ocasiones llegaba a pensar que eran demasiadas cargas para una sola persona; no sabía si tendría la fortaleza de continuar por ese pesado viaje. Además, ahora era su deber entregar ese objeto que tenía en su posesión; el anciano le llamaba “el legado de Paul”. Tendría que esperar mucho tiempo para entregárselo a la persona correcta, en el momento y lugar indicados.
Aun cuando Dorian no tenía idea de cómo continuaría su vida, decidió que terminaría lo que la única persona que había vivido en su corazón no pudo lograr. Llevaba a cuestas una carga que podría arrebatarle la vida en cualquier momento, pero estaba dispuesta a sacrificar lo necesario para poder terminar con esa misión.
“Es doloroso ver el futuro y darte cuenta de que las personas que amas no estarán ahí.”
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Editado: 19.02.2026