Nada es igual
Madaris Laer estaba caminando por las calles de Wodfess, tal como lo había hecho hacía siglos atrás; recorría lentamente las calles de roca oscura que la atravesaban. Aquella ciudad estaba casi abandonada, rodeada de desiertos hermosos de arenas oscuras. Aún quedaban unos cuantos lagos, algunos con cascadas; una de estas cascadas era conocida en el mundo mágico como la Puerta de la Noche. Porque su agua era de color negro; en ella se decía que hace muchos siglos se refrescaban los unicornios negros y algunos dragones. Pero, desde la tercera gran guerra, estos animales casi habían desaparecido. De hecho, en cualquiera de las ciudades era casi imposible encontrar las criaturas que habían gobernado antaño.
Laer caminaba por una zona de ruinas de lo que había sido la primera ciudad de Wodfess, que se había dejado olvidada. En algún punto del tiempo habían decidido reconstruirla, para ser destruida nuevamente. Era así después de cada una de las guerras que ese mundo había vivido. Al final, esa lucha ya no prosperó más. Se encontraba en lo que fue la calle principal de aquella que alguna vez había sido una hermosa ciudad, en la que había vivido y en la que había compartido parte de su vida con las personas que amaba.
Observaba casi con la mirada perdida las ruinas, como si en su mente deseara volver a ver el mundo como lo había conocido. Como si pudiera ver a las personas de su ayer caminar por aquellas largas y confusas calles.
—Madaris, debo hablar contigo —pidió amablemente la voz de un Vigilante de nombre Roger Thomnson; esta denotaba preocupación. Se acercaba lentamente a él. Hacía tiempo que este Vigilante no recurría a él con tal premura, así que sospechó que lo que sucedía era de esas cosas que cambian vidas.
—¿Qué sucede? —Madaris ni siquiera volvió su rostro para verlo; un repentino sentimiento de temor le abordó el corazón.
—Domenicus y Lukyan… la encontraron —comenzó a explicar Roger con las palabras entrecortadas. Pues quizá él sería el causante de un gran dolor para su viejo maestro Madaris Laer—. Pero…
—¿Está muerta?
El temor en la voz de Madaris se hizo evidente; se volvió rápidamente para verlo, tratando de descubrir la verdad en sus ojos.
—No, ella… no está bien —respondió Roger con un nudo en la garganta sin saber qué responder, sabiendo que lo sucedido cambiaría el curso de las cosas de un modo que no se atrevía a imaginar. Pero también tratando de entender él mismo qué demonios había pasado.
—Roger, ¿qué fue lo que sucedió? —Madaris colocó su mano sobre el hombro del Vigilante para animarlo a que hablara.
—La encontraron en tierra santa de Balbek —comenzó a explicar Roger, frotando una mano contra la otra tratando de calmarse—. En el viejo mausoleo de la familia Talin, a un lado de la tumba de Kadesh Talin.
Roger recordó la última vez que sostuvo una charla con Charlotte: los consejos que ella le había dado después de que fue, por vez primera, asignado a un Oscuro.
—¿La hermana de Domenicus? ¿Qué estaba haciendo ahí? —interrogó Madaris confundido, interrumpiéndolo. Pues, si estaba con vida, ¿qué estaría haciendo en el antiguo mausoleo?
—Nadie de ellos lo sabe, pero allí la encontraron. Domenicus y Herne Fior la llevaron a Hittita… donde Lukyan y Awen los alcanzaron. Awen y Herne la trajeron de regreso… del reino de los muertos.
—¿Dónde está ahora? —interrogó Madaris sin querer hacerlo, pensando en quién podría haber sido capaz de hacerle daño a Charlotte.
—Madaris, algo pasó… ella… ya no... ya no nos pertenece.
—¿Fallaron? ¿Murió?
—No, ella se transformó en un Zelldre o un Hasselvi, aún no lo sé —respondió Roger en un susurro. No era fácil explicar lo sucedido cuando no había estado cerca de ellos. Solo sabía que Charlotte ya no era más una Vigilante, ni un humano.
—¿Dónde está ahora? —interrogó Madaris intranquilamente, respirando agitadamente para calmarse. Podía sentir cómo una opresión en su pecho le asfixiaba; nada de eso tenía sentido para él… nada parecía estar bien.
—Lo ignoro… Domenicus y Lukyan se la llevaron, no pude seguirles la pista —respondió Roger con desilusión, como si hubiera fallado en su trabajo.
—¿Por qué… por qué pasó esto?
"Aune vetram azdar resjodar ned saln dolarks nodu nes daluc, len shosk nirratser e lan nif lan zanc dolagre —Una nueva raza surgirá de las sombras donde se oculta, el caos dominará y al fin la paz llegará."
Recordó Madaris haber leído alguna vez entre los escritos de Beilian Linar, donde hablaba de las profecías de Torrens, incluso de algunos oráculos aún más antiguos que este. No le quedaba claro a qué se refería, pero lo que temía era lo que dijera realmente ese libro... Un escalofrío terrible le recorrió desde la cabeza hasta los pies.
"Es una broma cruel de aquel que supongo es el destino. Siempre ha sido una mentira, algo para soñar que jamás tendría… todo lo que puedo hacer es obtener como mejor pueda lo que me pertenece."
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Editado: 19.02.2026