El Secreto de Codam
Casi al amanecer Kira Roel y Lukyan Aleksei llegaron a la ciudad de Codam, el sol estaba oculto detrás de las nubes, eso hacía que la ciudad luciera más tenebrosa de lo que en realidad era. El clima era frío, y parecía que un lamento lúgubre se escuchaba en el viento. En la antigüedad fue la ciudad más grande del mundo mágico, era la ciudad más importante, algunos de los más antiguos decían que esa había sido la primera ciudad en haberse fundado.
Era de las ciudades más pobladas, cuando la segunda gran guerra del mundo mágico, esta ciudad era el centro del poder. Era en Codam donde se reunían los líderes de cada clan, de cada raza, de cada tribu. Fue a esta ciudad donde el golpe enemigo dio inicio a la guerra. El ataque fue tan brutal que ni siquiera quedo edificio alguno. La vida fue completamente borrada, no quedo rastro alguno de seres mágicos, plantas, o animales. Nunca ni siquiera con el paso de los siglos, se encontraron supervivientes a esa tragedia.
Los sobrevivientes de la guerra, pertenecientes a otras ciudades, decidieron honrar a la memoria de los inocentes muertos en cualquier parte del mundo mágico, convirtiendo a Codam en un cementerio, en donde podrían descansar en paz. Con la marcha del tiempo y el cambio del mundo, este cementerio fue quedando en el olvido, nadie se preocupaba por el mantenimiento de las tumbas, ni enterraban a sus muertos en el lugar. Las mismas personas que en el pasado habían enterrado a alguien amado en esas tierras, simplemente le habían olvidado.
La fauna que habían sembrado en el lugar para darle una vista menos aterradora, había repoblado la ciudad. Quedo sumergida en una especie de niebla, que no permitía ver hacia el interior, la naturaleza había cubierto casi toda la extensión que alguna vez cubrieron casas, castillos, ríos, lagos, cascadas, desiertos; entre árboles y maleza se veían lápidas en pie. Si querían encontrar algo ahí, les iba a costar algo de trabajo; pues había tumbas sin marcar. Y no había nadie que les pudiese ayudar.
—Es la primera vez que he visitado esta ciudad desde la guerra que la devasto —Lukyan observaba a su alrededor, el lugar estaba desolado, pese a ello sentía que los observaban —. No imagine nunca que este sería su destino.
—Creo que lo mejor será separarnos —sugirió Kira dirigiéndose a Lukyan, sin volverse a verlo. No podía quitar la vista de los alrededores.
—¿Estás segura? —Interrogo en tono sutil, esbozando una tierna sonrisa. Le parecía un tanto irónico el hecho de que lo hizo ir con ella a ese lugar y ahora quería que buscaran por separado —. ¿Eso quieres?
—Es lo mejor —en la voz de ella se percibía su calma acostumbrada, y una sonrisa muy sutil en sus labios. Volvió a verlo a los ojos.
—¿Y si encuentro algún fantasma? —Lukyan fingía inocencia y un temor que estaba muy lejos de sentir.
—Sí claro, un Zelldre como tú, temiendo de un fantasma… Es más fácil que ellos huyan con el simple hecho de escuchar tu nombre —dijo con ironía parándose frente a él, este tenía una extraña sonrisa en el rostro —. Tú cubre desde el norte y yo desde el sur.
—Bien, bien, si encuentro un fantasma no digas que no te lo advertí —murmuró con una sonrisa comenzando a caminar en dirección del norte, ella lo observo por un par de segundos alejarse. Volvió su cuerpo hacia el sur de la ciudad, suspiro ruidosamente. Sería una larga y agotadora búsqueda, y ni siquiera sabía que era lo que debía buscar, pero nadie la detendría para lograr saber cuáles eran sus orígenes.
—Se puede sentir la magia vieja de este lugar —comento al viento en un murmullo comenzando a caminar entre las tumbas que estaban a la vista.
Al ir revisando las lápidas se dio cuenta, de que conforme se acercaba a la playa, las fechas en las lápidas eran cada vez más recientes. ¿Cómo podría ser esto posible, si ese lugar había sido olvidado hacía demasiado tiempo? Caminó por un largo rato, hasta que llegó a la costa sur, donde el mar era de un color verdoso claro, estaba tranquilo y silencioso. El viento era tranquilo y podía sentirse el aroma del mar en este. La arena de la playa era la más blanca que había visto, desde ese lugar alcanzó a ver un muelle a lo lejos.
Al final de este había algo, pero no lograba ver de qué se trataba, camino por toda la costa hasta quedar al pie del muelle. Subió a un muelle de arena natural, su paso era lento; un tanto pensativo. Al final del muelle se encontraba una lápida muy antigua debajo de un gran árbol de Drammen, un árbol muy similar a la Jacaranda, solo que en un color azul oscuro. Se paró frente a esta, el nombre estaba cubierto por enredaderas y flores. Se inclinó un poco para limpiar el nombre, la sorpresa se reflejó en su rostro. Leyó el nombre de la persona a que pertenecía. Sintió que había sido demasiado fácil encontrarla, pero también se alegraba de que así fuera.
—…Julián Hawthorn… al fin te encuentro, madre.
No pudo evitar el tono sarcástico observando la lápida, tardó casi todo el día en encontrarla y por fin ahí estaba. Observaba la lápida con calma, revisando a detalle las inscripciones que tenía, se percató que algo más había debajo de tanta planta. Era una inscripción en lengua antigua, leyó la inscripción que tenía debajo del nombre.
—Geu lan nalen egain sut sort... Geu desha len nols agian nols onim —Que la luna guíe tus pasos... Que ahora el sol guiará los míos —tradujo, se quedó analizando la frase. Sabía bien quién era el que la había escrito, sintió un atisbo de nostalgia al recordarle —. Seguro que se la llevó por otro camino —murmuró con un tono irónico, rozando el césped con su mano.
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Editado: 19.02.2026