Historia Oculta - El trazo de la sangre, tomo 1

Cincuenta y seis

El peso del destino

—Perdón —murmuró Lukyan en un susurro, parado frente a ella en el recibidor de la casa de Kira. La tormenta de emociones que le había sacudido estaba menguando ya.

—¿Cómo? —Kira volvió a verlo con extrañeza; pensó que realmente había escuchado mal.

—Perdóname, porque por mi culpa eres... esto —respondió él con nostalgia, parándose frente a ella; ni siquiera se atrevía a verla a los ojos.

—No es tu culpa.

—Sí... sí lo es. Todo comenzó por ese día, hace siglos, más de los que imaginas —comenzó a explicar Lukyan con nostalgia en su voz y un conato de lágrima que inundaba su mirada. Una vez que comenzó, ella solo se limitó a escuchar —. Nunca habrías perdido todo: él no hubiera muerto, no te habrían traicionado ni hubieras muerto en dos ocasiones; jamás hubiera sido vigilante, mucho menos un Didrak, y tus amigos estarían con vida. Todos ellos —concluyó clavando la mirada en los ojos de Kira.

Ella recordó a Nikolái Didrik y a Elinor Thorne, aunque por este último no sintió tristeza al enterarse de su muerte, pues de alguna manera sintió que ella misma lo habría matado sin perdonarle su traición.

—Todo es culpa mía.

—Yo no te culpo. Incluso no recuerdo mucho… de aquel día —trató de tranquilizarlo, intentando ocultar la nostalgia en su propia voz.

—La verdad, en ocasiones quisiera olvidarlo —murmuró Lukyan dándose vuelta y comenzando a caminar hacia las escaleras —. No me hagas revivirlo —pidió en tono serio.

Kira lo siguió deteniéndolo por el brazo. Lukyan se sentó en las escaleras que estaban del lado izquierdo del recibidor y ella se sentó a su lado. Pensaba si era el momento de saberlo; había recibido demasiada información apenas hacía un par de horas. Pero esperó en silencio hasta que él quisiera hablar.

—Yo te observaba todo el tiempo... imaginaba que, de algún modo, Kadesh había sobrevivido y que había logrado escapar a este mundo... que era feliz... como mortal. Ler y Walem, quienes se habían convertido en mis mejores amigos, habían decidido cazar y matar al Wizdart blanco con el que estabas... nunca supe la razón, pero ese día sería de cacería normal. Como siempre, alguien les dio la pista de dónde se encontraba... así que llegamos a ese lugar… y no pensé que las cosas terminarían así —explicó con calma y una nostalgia que era auténtica —. Nunca pensé que tú estarías allí; no me di cuenta hasta que inició el ataque.

—¿Por qué estaba la daga de Braxas en el lugar?

—Porque Walem pensaba traicionarme; fue cuando Domenicus lo mató —respondió un tanto extrañado al recordar eso —. Después de que maté… a tu amigo —murmuró un poco avergonzado de lo que había hecho —. Lo que jamás entendí es: ¿por qué demonios te interpusiste?

—Lo hice porque sentí que no debías morir ese día —explicó Kira confundiéndolo aún más; en realidad, ni siquiera ella misma tenía la respuesta correcta.

—¿Pero por qué no retiraste la daga de mi pecho?

—Sabía que te la entregarían; sería el único modo de poder... de poder... encontrarte —respondió Lukyan esbozando una extraña sonrisa al pensar que, de paso, eliminaba a uno de sus enemigos —. No podía dejarte sola hasta que Domenicus regresara, porque no podía llevarte conmigo... nadie en el mundo oscuro te ayudaría —concluyó en un suspiro, desviando la mirada hacia la puerta de entrada.

—¿Sabes una cosa? Nunca te culpé por todo lo que pasó... cuando vi tus ojos me di cuenta de que no fue tu decisión estar solo, sino que fuiste obligado —explicó con calma tomando la mano del Zelldre; quizá esa fue la explicación más lógica de por qué le salvó la vida —. Incluso ahora, no lo hago.

—No debí dejar que las cosas siguieran ese curso —repuso Lukyan con un tono tan triste que parecía estar a punto de llorar.

—Aun cuando puedes regresar el tiempo y evitarlo... se llama destino —hablaba ella tiernamente, casi al oído del Zelldre.

—Tendrías una vida normal —murmuró él con sutileza, casi en silencio. Ella tuvo que esforzarse un poco para poder escucharlo.

—Mi vida es como debe ser; es normal y me parece perfecta cómo es ahora —respondió ella con una sonrisa. Él esbozó un gesto similar, atrayéndola para que se recargara en él, manteniendo su mano derecha entre las de ella.

—Creo que esto a muchos no les va a gustar.

—¿Que lleve tu sangre?

—Creo que sí —respondió él riendo maliciosamente —. Pero ese será nuestro secreto —concluyó dándole un tierno beso en los labios.

—¿Por qué nunca se dijo la verdad de la familia Talin Aleksei? —quiso saber Kira unos minutos después.

—Supongo que fue mucho lo que estaba en juego, sobre todo la vida de Domenicus y Kadesh —explicó Lukyan.

Pocos conocían el oscuro secreto de esas familias: que ellos eran hermanos y que, en la historia de Kira, había sido una traición la que había cobrado la muerte de su ancestro. Fue un secreto que se ocultó a la luz del mundo, negándoles la verdad incluso a ellos mismos. El día en que Domenicus descubriera la verdad sería algo difícil de asimilar, pero en nada le afectaría una vez pasado el trago amargo. De este modo, la relación de Kira y Lukyan se volvía un tanto perversa.




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