El traidor
Leyna Erra había reunido toda la paciencia requerida por largo tiempo, pero en los últimos días era evidente que todo eso estaba cambiando; estaba llegando al límite de su cordura. Zardok Torbal la observaba con cuidado; sabía que ella era una enemiga peligrosa, pero ella ignoraba el riesgo que corría al tener una alianza de poder con ese Zelldre en particular. Solo existía un ser en el mundo mágico que conocía lo que se ocultaba en el interior de Zardok; solo un ser podría, quizá, controlarlo, pero sin duda no era Leyna Erra.
La apariencia del castillo era cada vez más oscura y tenebrosa; cada día había mayor movimiento de seres detrás de las paredes que delimitaban su terreno. Pocos de los que lo habitaban sabían en realidad los planes de Erra, e incluso estos pensaban que la Wizdart había perdido la cabeza.
Leyna había subido a la tercera torre, donde tenía un jardín secreto en el que cultivaba plantas para sus conjuros y pociones. Revisaba cuidadosamente todas y cada una de ellas. El día había sido un tanto nublado y ella gustaba de los días así. Observaba con detenimiento la hoja de una planta cuando escuchó unos pasos que se acercaban al jardín. Levantó la cabeza con calma y se percató de la presencia de un hombre que, para ella, era muy querido. Nadie debía saber siquiera que él se encontraba en ese lugar.
—¡Ah! Eres tú —murmuró con calma, como si no le interesara su presencia o como si le fuera ingrata.
—Tenía que verte —respondió el hombre con un tono de voz muy extraño; no sabía definir si estaba emocionado o enojado.
—Pues ya me viste, ahora puedes irte —respondió Leyna suspirando para calmarse. La sola presencia de ese hombre la trastornaba y no le permitía concentrarse; solo deseaba estar con él y eso no era bueno para sus planes.
—En realidad necesito hablar contigo de una mujer en específico —explicó él para justificar su presencia. Leyna sintió cómo la furia abordaba su corazón y se volvió violentamente hacia él.
—¿Ahora vas a decirme que hay otra en mi lugar? —interrogó entre dientes. El hombre se echó a reír con la repentina demostración de celos de la Wizdart.
—Jamás podría haber ninguna otra mujer —respondió a carcajadas acercándose a ella. Le tomó las manos sin quitar la sonrisa de su rostro. "Que esté con vida", pensó viéndola a los ojos.
—¿Entonces a qué demonios te refieres? —Se sintió tonta y humillada.
—De una Vigilante que resultó no ser lo que todos pensábamos —comenzó a explicar el sujeto con emoción en su voz.
—¿Qué? —Leyna soltó las hojas de la planta, frunció el ceño y lo observó con cuidado.
—¿Recuerdas a Kira Roel?
—Claro que sí. Es ella la que acompaña a Lukyan y es ella quien nos guiará al poder —respondió Leyna, sin comprender el propósito de la pregunta.
—Ella no es humana. Ni siquiera sé si es un Zelldre o un Hasselvi… nadie podría decirlo, pero se sabe que es un Didrak.
Hablaba con calma para que ella entendiera la magnitud de sus palabras. Por un par de segundos Leyna no pareció entender, hasta que, de pronto, su expresión fue de completo asombro.
—¿Qué significa eso?
—Que ella es más fuerte de lo que esperábamos, y que posiblemente nos sea casi imposible controlarla.
—¡Eso no es posible! —gritó Leyna sintiendo cómo la victoria se le escapaba de las manos; como si todo lo que había trabajado estuviera a punto de irse por la borda.
—No debes afligirte, aún hay maneras de traerla —dijo él muy seguro de sí mismo, pensando en que, incluso después de lo sucedido, ella seguía confiando en él—. "Aún confía en mí", concluyó con una sonrisa macabra tomando la mano de Leyna entre las suyas.
Pese a sus palabras, la inquietud de la Wizdart comenzaba a crecer. Pero si las palabras de él eran ciertas, no debía actuar impulsivamente; tendría que planear cada movimiento para no fracasar.
—Debemos esperar, nos guste o no —sentenció Leyna, quien parecía haber recuperado el control de sus emociones.
—Sabia decisión —dijo el hombre con calma. A la Wizdart aquello le pareció una burla y volvió a verlo con la furia reflejada en su mirada.
—Vete, tengo cosas que hacer —ordenó sacando su mano de las de él. El hombre la observaba con asombro, pero conocía perfectamente sus cambios de humor y sabía que por ello la amaba.
—Me iré por ahora —comenzó a decir él, dándose media vuelta—. En esto estamos los dos —sentenció sin volver a verla. Cuando ella tuvo la intención de responder, él ya se había ido del mismo modo en que llegó.
Leyna trató de concentrarse de nuevo en su labor, pero le fue imposible. Caminó a la ventana de la torre y clavó su mirada en la tranquilidad del valle. Sabía que su tiempo se agotaba, pero también que tendría que ser paciente si quería lograr sus objetivos.
Sin que ella se percatara, Zardok Torbal la vigilaba como de costumbre. Al escuchar la noticia sobre Kira Roel, sonreía para sí mismo. Sin duda, esos acontecimientos redefinirían el rumbo de los planes que tenía para Leyna Erra y el resto del mundo.
“El traidor siempre será traicionado.”
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Editado: 19.02.2026