Historia Oculta - El trazo de la sangre, tomo 1

Sesenta

Descubrimientos extraños

Por fin y después de mucho esfuerzo, logro entrar a trabajar a la facultad que le había educado; como maestro de antropología y arqueología. Su vida había cambiado mucho desde que termino sus estudios superiores, había encontrado el amor. En más de una ocasión, caminaba por las calles de su ciudad. En la que había nacido, en la que había crecido y se había casado.

En aquella ciudad antigua donde había nacido su hija y donde él esperaba morir. Observaba la gente a su alrededor, tratando de imaginar cómo es que las generaciones futuras recordarían el pasado. Trataba de imaginar la forma en la que descubrirían todo aquello que utilizan hoy en día, tratando de entender e interpretar tantas cosas.

Fue este pensamiento lo que lo llevo a estudiar arqueología y antropología, para poder entender mucho de lo que había en el pasado y poder explicarse lo así a aquellos jóvenes del futuro, entre ellos incluyendo a su pequeña hija de tres años. Una pequeña que era la viva imagen de su padre.

— ¡Wayat! —llamó la voz de un hombre que le era enteramente familiar, se detuvo con cautela volviéndose lentamente. El sol estaba a unas horas de ocultarse, el viento era calido. En realidad paresia una agradable tarde de verano, en invierno.

— ¡Hola Gregor! —saludó Wayat Preston, con un ademán de su mano a su viejo amigo de toda la vida. Ambos habían estudiado las mismas carreras con diferencia de que Gregor Dulac trabajaba para el museo nacional de aquella ciudad, y que este no se había casado aun.

— ¿Cómo estás? —Interrogó Wayat con ternura acercándose a Gregor, tenía casi seis meses sin verlo. Debido a la carga de trabajo.

—Trato de sobrevivir, su ausencia es casi mortal… trato de concentrarme en el trabajo lo más posible, para no pensar —respondió Gregor con nostalgia en su voz, pues aun cuando había pasado tiempo de su tragedia. Le era difícil sobreponerse. —pero fuera de eso, bien —concluyó tratando de esbozar una sonrisa, que mas bien parecía una mueca de tristeza.

— ¿Ustedes cómo están?

—Bien, la nena se está preparando para la escuela —respondió con una tierna sonrisa al recordar lo emocionada que estaba su pequeña hija Christine cuando le dijeron que la semana entrante ingresaría al jardín de niños. —Y mi esposa esta más tranquila —concluyó con calma, colocando una mano sobre el hombro de su amigo.

—Wayat… encontré algo y no creo que sea humano —se aventuró a decir Gregor interrumpiendo a Wayat, la emoción en su voz se sobreponía a la tristeza habitual.

— ¿Vas a decirme ahora, qué crees en los alienígenas? —Wayat hablaba con sarcasmo en su voz, viendo los ojos grises de su amigo.

—Sabes que si creo en ellos, pero no esto no se tratara de eso… creo que esto ha estado ahí antes incluso de nuestro tiempo… le realice pruebas de carbono y los resultados fueron... sumamente extraños... me dio cifras de hace más de cien siglos, pensé que se trataba de un error y repetir la prueba más de seis veces, los resultados fueron los mismos —explicó Gregor con cautela, los ojos azules de Wayat comenzaron a mostrarla sorpresa por las palabras de Gregor, jamás había participado en alguna excavación o una búsqueda de algo perdido.

— ¿Qué fue… lo que en contraste?

—Parece ser un sepulcro, o una especie de tumba… esta sobre lo que párese ser un muelle natural casi a 100 metros de la costa, dentro del mar… incluso tiene inscripciones desconocidas, nada parecidas a las que te imaginas que pudieran tener los extraterrestres… mas bien parecen humanas. —respondió Gregor con una sonrisa en el rostro, como si todo fuese una extraña jugarreta.

— ¿Me estás hablando, de que encontraste un extraño sepulcro, a la vista de todos de mas de diez mil años? —Interrogó Wayat confundido tratando de entender los eventos, que él tanto habían estudiado. Pero dudaba que eso fuese real, aun que no dudaba de la palabra de su viejo amigo.

—No Wayat, creo que lo que puso eso ahí aún existe… solo que ésta oculto a nuestros ojos —respondió Gregor con calma casi en silencio, ambos se quedaron en silencio por un segundo, si eso era verdad y si lo que su amigo había encontrado era real. Podría ser uno de los descubrimientos más grandes en la historia.

—Quiero verlo —pidió Wayat con una sutil sonrisa, no podía esperar a confirmar con sus propios ojos tal descubrimiento. Gregor asintió en silencio.

—Pensé que, no me lo pedirías —dijo con una tierna sonrisa apretando un poco la mano sobre el hombro de su amigo, los dos se quedaron en silencio por un rato.

Wayat le pidió que le acompañase primero a recoger unos documentos, en su oficina de la facultad. Después de unos minutos comenzaron a caminar en la misma dirección, hablando del descubrimiento de Gregor, tratando de descifrar los eventos que traería consigo ese descubrimiento. Si es que no se trataba de una broma que alguien se le había ocurrido hacer, a cualquier persona que le encontrase.

"Jamás podrías ganar una guerra, si no has ganado tus propias batallas."




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