Historia Oculta - El trazo de la sangre, tomo 1

Sesenta y uno

Los olvidados.

Un grupo de seres mágicos muy antiguos se había reunido en el cementerio de Codam. Los sucesos que atravesaban el mundo mágico y el mundo mortal los habían hecho despertar de un muy largo sueño. Para algunos, ese descanso había sido demasiado corto, y para su sorpresa, el control del mundo había recaído en una de las especies que ellos consideraban la más débil.

El caos y la destrucción latente de ambos mundos eran enteramente preocupantes para estos seres. Algunos de los que les conocieron en antaño les creían muertos tras su misteriosa desaparición al final de una de las guerras antiguas. Se había hecho un pacto de paz que, en apariencia, sería eterno; por ello habían decidido retirarse de la faz del mundo, tan solo para descansar de tantos conflictos. Obviamente la paz, como pasa en las sociedades longevas y ambiciosas, jamás dura.

Esa tarde era cálida, como pocas veces en Codam. Tal parecía que la ciudad misma podía sentir la energía que estos seres liberaban al reunirse.

Uno de los presentes dudaba que la reunión sirviera de algo. Creía que en esta ocasión no debían intervenir, tal como lo hacían los "padres" de esas razas en conflicto. Olvidarse de todo y de todos, tal como el mundo los había olvidado a ellos, era de alguna manera un castigo por el daño ocasionado a los mundos. Estaba a punto de convencer a sus hermanos de retirarse, hasta que el dragón más antiguo, el primero de su raza, reveló algo que nadie esperaba.

—Hermanos, lo que hoy voy a revelarles redefinirá el curso del mundo… pero esto no solo afectará al mundo mágico, sino al separado mundo mortal —comenzó a explicar el dragón con su melodiosa voz—. Sabemos que la forma en que los Guardianes han manejado las cosas los ha llevado a un caos sin solución aparente. Sin embargo, hay cosas que debemos recordar: tenemos un destino que aún está por cumplirse y esa es la verdadera razón por la que hemos vuelto.

El dragón recorrió al grupo con su mirada ancestral antes de continuar:

—El Oráculo Mayor nos escogió en especial a nosotros, no solo por el aprecio que nos tenía, sino por la fuerza y el valor que mostramos antaño. El Didrak ha surgido al fin. Su lucha apenas comienza y temo que no esté listo para ello. Sé que es fuerte y que será un elemento difícil de controlar; su antepasado sabe lo que vendrá y no puede intervenir ni salvarle. Debemos estar listos, no solo para enfrentarle y guiarle a través de estas horas oscuras… debemos estar listos para destruirlo si se vuelve en contra de nosotros o de nuestro mundo. No importa que ahora estemos divididos o que nos hayan olvidado. Somos parte del problema y de la solución; de nosotros depende guiarle y salvar lo que amamos.

El silencio duró un par de minutos. Nadie se atrevía a contradecir al primer dragón.

—Mi señor, con todo respeto —intervino un ser mágico y hermoso—, yo no me siento capaz de enfrentarme a este Didrak, quien salvará o destruirá nuestro mundo. Por ello, decido declinar mi deber y mi derecho a ser uno de sus guías.

—Como desees —respondió el hermoso dragón asintiendo levemente—. Ya decidiremos quién tomará tu lugar. Solo no olviden lo que hemos prometido, ni lo que debemos enfrentar.

La reunión continuó casi todo el día. Nadie en el mundo se imaginaba lo que en ese momento estaba sucediendo, ni que fuerzas tan antiguas y peligrosas estaban despertando. Era el signo indiscutible de que las cosas estaban, cada día, peor.

“Nunca debes confiar en que las cosas estarán bien, si no eres capaz de ver el día de mañana.”




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