Revelaciones
El libro de Torrenz
—¡Anette es la única que puede ayudarnos! —dijo Zardok, colocando su mano en el hombro de la joven que estaba parada frente a él.
—¿Cómo podría ayudarte yo, si mi hijo te odia? —interrogó Anette a modo de disculpa, aunque más bien parecía una acusación. Ella sintió un extraño temor en el momento en que él fue a buscarla, pero decidió ignorar su presentimiento y seguir a Zardok.
—Merrik está confundido, pero pronto volverá al camino —mintió Zardok, fingiendo interés y aprovechándose de que ella desconocía los últimos eventos en el castillo Lum de Codam.
Leyna Erra se acercó lentamente a ellos.
—¡Leyna Erra! —gruñó Anette en tono despectivo. Siempre le había causado escalofríos.
—Anette Torbal —respondió la Wizdart a modo de saludo—. Supongo que quieres el libro.
—No, no… ese bello libro no me sirve de nada sin ti. Lo que quiero es que me digas cómo puedo traer a nuestro lado a la mujer que Torrenz menciona —explicó Leyna con un interés genuino.
Anette dudaba, pero Leyna sabía ser persuasiva: —Solo piénsalo… los Oscuros y los Blancos ya no pelearían; ambos mundos volverían a ser uno. No habría más muertes ni guerras.
Anette meditó las palabras; la propuesta era tentadora. —¿Cómo quieres que te ayude?
—Déjame ver el libro, descubrir sus secretos. Quiero ver su pasado para cambiar su futuro —respondió Leyna, guiándola a la mesa del comedor central.
Anette sacó un extraño libro de madera de su bolso de piel. Sentía que cometía un error, pero comenzó a leer: —Ella era amiga de Nikolái Didrik, un Wizdart blanco.
—El único hijo de Yalen Erra y Mijaíl Didrik, un simple humano —interrumpió Leyna con desprecio.
—¿Cómo sabes eso? —preguntó Anette sorprendida.
—Yalen era mi hermana menor… no le gustaba mi forma de pensar y me sacó de su vida. Una cosa llevó a la otra hasta que terminé siendo lo que soy —explicó Leyna, fingiendo una nostalgia que no sentía. Era una actriz perfecta.
Anette continuó leyendo, y su mente se llenó de dudas: "Kira Talin… ¿Hawthorn? ¿Qué juego es este? Oculta secretos… le gusta el poder y sabe utilizarlo… Torrenz cree que su madre era alguien importante de la raza híbrida…" Murmuró para sí, ocultando partes del texto. —Solo menciona a su padre. Hay alguien que puede hacerla caer.
—No me digas que un Rosseliu —dijo Leyna con sarcasmo—. Esos ya han desaparecido.
—No. Habla de Lukyan Aleksei… pero también menciona a Domenicus Talin —corrigió Anette—. Es su padre. Su verdadero nombre es Triztan Talin Hawthorn.
Leyna esbozó una sonrisa macabra, entrelazando los dedos: —El poder del segundo hijo de Ydati y el séptimo hijo de Braiman… la séptima generación de híbridos. Eso la hace más poderosa de lo que creí. Necesito ese poder de mi lado.
Anette sintió un frío repentino. "¿Qué he hecho?", pensó al darse cuenta de que había entregado la identidad de un miembro de su familia.
—Sé qué hacer —dijo Zardok, desapareciendo con una sonrisa perversa—. Deja todo en mis manos.
Leyna se volvió hacia Anette con fingida amabilidad: —Bien, pequeña Anette, déjame llevarte a tu habitación.
Mientras caminaban, Leyna presumía: —Este castillo fue edificado con plata negra en sus cimientos, de la mina de Tinja. Es la prisión perfecta si se desea retener a alguien.
Anette comprendió la advertencia. Estaba atrapada. No podría avisar a Merrik, ni a su padre, ni advertir a Kira del riesgo. Al llegar a la puerta negra de la habitación en la torre este, Leyna se despidió: —Descansa, querida.
—Espero que no —pensó Anette cerrando la puerta tras de sí. Se quedó sola, rodeada de adornos medievales y objetos de tortura humana que Leyna coleccionaba, esperando que alguien la encontrara.
Leyna Erra, por su parte, caminaba triunfante. Ahora tenía un plan para hacer caer a Kira y, de paso, terminar con Domenicus y Lukyan.
"¿Cómo distinguir qué es estar en el camino, de andar en el camino?"
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Editado: 19.02.2026