Historia Oculta - El trazo de la sangre, tomo 1

Sesenta y cuatro

La familia

Lukyan Aleksei y Kira Roel habían estado charlando en la cocina por un largo tiempo. Era demasiada información y demasiados cabos sueltos. Ella estaba sentada en el desayunador mientras él preparaba algo de comer. Se veían felices, como en muy pocas ocasiones. Kira había decidido, en su fuero interno, tomar los apellidos de su verdadera familia; no es que no quisiera a los Roel, pero deseaba pertenecer también a su linaje de sangre.

—Esta sopa se llama... la verdad, no recuerdo —dijo Lukyan, poniendo un plato frente a Kira. Para él, estar allí era, por primera vez, como estar en casa.

—¿Habías cocinado para alguien antes? —preguntó ella con sutileza.

—No… en mucho tiempo —respondió él con una tímida sonrisa. No solo recordó a Kadesh, sino la posibilidad de una vida compartida.

Comían en silencio, disfrutando de la luz del sol que entraba por la ventana. Era una tarde perfecta, de esas que se disfrutan más por la compañía que por las palabras. Pero una visita inesperada interrumpió la paz.

—Espero que puedan invitarnos un poco de sopa —dijo una voz familiar en el viento.

Lukyan reapareció al instante en la puerta de la cocina, alerta. Kira dejó la cuchara y se puso de pie.

—Muéstrate —ordenó ella.

—Acepté tu invitación —murmuró Lawrence, apareciendo detrás de ella con gesto apenado por no haber usado la puerta. No venía solo. Lo acompañaban Merrik Hawthorn y Zoe Catbad.

Al ver a Lukyan desplegar sus alas oscuras, a Lawrence se le heló la sangre, pero decidió confiar.

—Tienes una presencia muy oscura —comentó Lawrence. Lukyan solo esbozó una sutil sonrisa.

—Lukyan, son parte de nosotros —intervino Kira en tono conciliador—. Debemos recuperar el tiempo perdido y desenredar esta telaraña. Confía en mí.

Kira tomó la mano del Zelldre y este, tras un momento de tensión, ocultó sus alas. —No soy una buena persona —murmuró él con una dulzura inusual.

—Eso lo sé, y ellos también —respondió Kira.

—Y aun así, estamos aquí —añadió Merrik con emoción—. No vinimos a juzgar, sino a entender y seguir adelante. Solo queremos conocer al resto de la familia.

Se sentaron a comer, formando lo que parecía una posibilidad de futuro. Merrik observó a Kira.

—Es difícil pensar en el origen de la familia y el final de la descendencia unidos.

—Sí, pero hay cosas que el destino no puede evitar —susurró ella.

La conversación se volvió seria cuando Lukyan preguntó por Zardok. Lawrence fue contundente.

—Zardok no trabaja solo. Él no comprende el peligro real de la espada de Almedan. Si logra unir todas las piezas, ambos mundos serán destruidos.

Merrik hizo el recuento.

—Tienes los anillos y el dije. Le falta la Daga de Braxas, la Piedra Negra de Thenet y el Escudo de Jabal-Ra.

—¿La Daga de Braxas? —Kira se extrañó. Sabía que esa daga fue forjada para eliminar a los Aleksei.

—Cada elemento fue creado para destruir a una raza Guardián o a los Rosseliu. Juntos, matarían a todos —sentenció Merrik.

De pronto, un ruido exterior puso a todos en guardia. Kira sintió una presencia conocida.

—¡Son amigos! —advirtió.

Al extender su mano, aparecieron tres Vigilantes: Alexander Bradford, Estefan Ojara y Madaris Laer. La sorpresa fue mutua. Kira los presentó con ironía, pero la tensión estalló cuando Estefan Ojara soltó un comentario insultante sobre los híbridos "sin sombra". Kira, furiosa, desplegó sus alas y creó un clon detrás de Estefan, susurrándole al oído.

—Tú nunca me respetaste, y ahora menos.

—¡Basta! —gritó Lukyan, interviniendo antes de que la situación pasara a mayores—. Decidan de qué lado están.

Tras calmar los ánimos y obligar a los Vigilantes a jurar silencio ante Ydati y Braiman, la reunión continuó. Merrik reveló el secreto final sobre el libro de Torrenz.

—El libro habla de un hombre llamado Triztan, el descendiente Didrak que controlará a Almedan. Sus padres mortales no lo llamaron así... y temo que él no sea "él".

Kira se quedó helada. Triztan. Ese era su verdadero nombre. Toda su vida, hasta su nombre, había sido una construcción ajena. Lukyan, por su parte, tuvo un fuerte presentimiento, un recuerdo del pasado que lo hizo estremecerse.

Finalmente, la reunión concluyó. Lawrence, Merrik y Zoe regresaron a Codam con la promesa de investigar en las ciudades perdidas. Los Vigilantes se marcharon con la orden de estar alerta. La casa volvió al silencio. Lukyan miró a Kira, notando su agitación.

—¿Quieres distraerte un poco? Ha sido un día extraño.

—¿Cómo qué? —preguntó ella con una sutil sonrisa.

—Como ir al mundo mortal a hacer lo que los mortales hacen —sugirió él con misterio.

Kira tomó su mano y ambos se desvanecieron.

"Cuando piensas en el final, te das cuenta de que apenas llegaste al inicio."




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