El peso de la eternidad
Kira Talin y Lukyan Aleksei se habían quedado un par de horas en el mundo mortal, haciendo cosas comunes como ir al cine o comer en los puestos callejeros. Caminaron por las calles de la ciudad al atardecer y jugaron en un parque con algunos niños. En realidad, era algo novedoso para ellos, pues jamás pensaron en la posibilidad de tomarse el tiempo para disfrutar de la vida humana.
—No has dicho nada en un par de horas, y eso me preocupa —dijo Lukyan viéndola a los ojos, parado en la entrada de la casa.
Kira levantó el rostro para verlo de frente.
—Es solo que no sé qué hacer… siento que están cayendo demasiadas responsabilidades sobre mí.
Le respondió recargando su cabeza en el pecho de este, rodeándolo con sus brazos. Su confusión crecía día a día, pues sentía que él le estaba ocultando algo. Ese “algo” tenía que ver con todo lo que estaba pasando; decidió que le daría tiempo, dejaría que él solo se abriera.
—Esto será peligroso.
—No temas.
—No temo por ti o por mí, sino por lo que estás por enfrentar —dijo Lukyan abrazándola con fuerza—. Te temo a ti.
Concluyó con un suspiro. Ella sintió un “gancho al hígado” con las palabras del Zelldre al que tanto quería.
—¿Temes de mí?
—Siempre puedo regresar el tiempo y recuperar a mi Vigilante —dijo él en un tono sutil y un tanto tierno, evadiendo la pregunta.
Era una posibilidad que sabía bien no sería factible; lo había aprendido de las formas más terribles posibles.
—Todo sería tan fácil… jamás podríamos estar juntos, y después de un tiempo tendrías que matarme o tendría que dejarte ir.
—Quizá algún día tú vas a matarme —dijo Lukyan con cautela, clavando su vista en el jardín que tenían frente a ellos—. Quizá el destino te fuerce a hacerlo.
Kira se separó un poco de él, observándolo con extrañeza. Entonces su sospecha de que él le ocultaba información se confirmó. Pero tenía la completa certeza de que no le diría nada sobre ello, menos si había manera de evitarlo.
—Solo tú podrás salvarme —repuso Kira con la voz quebrada, como si entendiera el temor que él sentía.
Lukyan esbozó una tierna sonrisa, ocultando el dolor que le producían algunos de sus recuerdos; algunos extremadamente caóticos, pero todos igual de dolorosos, confusos y aterradores.
"No será así otra vez, esta vez todo será diferente", pensó él viéndola a los ojos, haciendo el mayor esfuerzo por seguir ocultando su secreto.
—¿Buscarás el Corazón Sombrío?
—Debo detener a Almedan… así sea con mi propia vida —respondió en un murmullo. Por vez primera, los ojos de Lukyan se llenaron de lágrimas—. Alguien debe hacerlo…
Esa idea la habían concebido mientras estaban en el parque: si había algo con el poder de detener esa poderosa arma, sería su hermana gemela.
—Déjame ayudarte.
—No, no por el momento. Quizá después.
Kira clavó su mirada en los ojos de Lukyan. Este colocó su mano sobre el rostro de la joven, deseando verla una vez más como era antes.
"Siempre habrá una nueva oportunidad", pensó Lukyan besándola con ternura. "Aunque creo que esta será la última", añadió en su mente al recordar cuántas veces había vivido ese mismo instante.
El corazón de Lukyan Aleksei ya estaba cansado de vivir tanto, de repetir quizás los mismos errores y agradecido por los aciertos. De salvar las mismas vidas y de perder las mismas batallas; sobre todo, de perderla a ella. Era como ver una película con las mismas escenas y con desastrosos finales cada vez, uno más aterrador y caótico que el anterior, sin poder hacer nada para que todo fuera distinto.
"En el último instante, del último segundo antes de un adiós, cuando el inicio del fin esté cerca; en esa última vez te amaré, antes de morir."
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Editado: 19.02.2026